
¿Qué pasa cuando la ausencia paterna se vuelve parte de lo “normal”?¿Cómo se tienen sentimientos por alguien que nunca estuvo presente?
Elefante en la habitación
María Fernanda Pérez
La última vez que vi a mi padre tenía 13 años. Me prometió que cambiaría, que sería mejor y llamaría más seguido, pero nunca lo hizo. Enterré el dolor y me convencí de que no me afectaba. Era fácil fingir, sobre todo cuando nadie en mi familia hablaba de él.
Cuando empecé a visitar a mis abuelos paternos después de diez años sin verlos, algo dentro de mí comenzó a doler. Mi padre estaba presente incluso en su ausencia. En los objetos, en los silencios, en las fotos de archivo. Un día, revisando un álbum familiar, vi una foto de él cargándome cuando era bebé. Me quedé mirando la imagen y pensé: “¿Cómo te atreves?”¿Cómo te atreves a sostenerme así y luego irte? Mi padre me abrazó de niña, pero nunca de adulta.





América Latina tiene algunas de las tasas más altas de padres ausentes en el mundo. En México, más del 30% de los niños viven en hogares monoparentales, la mayoría encabezados por madres (INEGI, 2020). En Colombia, casi el 28% de los hogares son liderados por mujeres (Banco Mundial, 2017). En mi país, Venezuela, los datos son limitados, pero la cifra probablemente es mayor debido a la migración forzada de casi 7.9 millones de personas (OIM, 2023). La ausencia paterna se ha normalizado, pero su impacto emocional sigue siendo un tema del que no se habla.





Este proyecto es una exploración visual sobre la pérdida, la memoria y la identidad. Elefante en la Habitación no es solo un proyecto personal, sino una historia compartida. Invita a otros a reflexionar sobre la herencia emocional del abandono y cómo el silencio puede moldear vidas enteras.
Me tomó 25 años enfrentar cómo la ausencia de mi padre me ha impactado profundamente.
