Foto: Hernán Zenteno / Argentina 2025

Textos
Cora Gamarnik
Latam -
enero 22, 2026

El fotoperiodismo como territorio de disputa en América Latina

En América Latina, la libertad de expresión atraviesa un momento crítico y el fotoperiodismo se encuentra entre las prácticas más violentadas. En distintos países de la región, fotógrafos y fotógrafas son atacados de manera sistemática mientras realizan su trabajo: golpes, detenciones arbitrarias, disparos de balas de goma y gases lacrimógenos, robos y destrucción de equipos, amenazas, vigilancia y procesos judiciales posteriores a coberturas periodísticas. A estas violencias físicas y legales se suman discursos oficiales estigmatizantes que buscan deslegitimar su tarea y presentarla como una amenaza.

En muchos casos, los disparos y las agresiones se dirigen deliberadamente contra periodistas claramente identificados como tales. Durante el estallido social en Chile en 2019, el uso sistemático de la fuerza policial dejó antecedentes gravísimos, entre ellos múltiples casos de violencia ocular que afectaron tanto a manifestantes como a fotoperiodistas. En Colombia, Perú y Ecuador, las coberturas de protestas sociales también estuvieron marcadas por agresiones reiteradas contra trabajadores y trabajadoras de la imagen.

En otros contextos, la violencia adopta formas más persistentes y estructurales. En El Salvador y Nicaragua, la persecución y la censura empujaron al exilio a numerosos periodistas y fotoperiodistas. Solo en El Salvador, más de cuarenta periodistas se vieron obligados a abandonar el país antes, durante y después del primer año de gobierno de Nayib Bukele. El desarraigo, para un fotoperiodista, implica mucho más que un desplazamiento geográfico: supone impedirle ejercer su oficio, cancelar las imágenes que podría haber producido. Como señaló Víctor Peña, fotoperiodista de El Faro, en una entrevista con Vist Project, el exilio forzado de fotógrafos “es como quitarle los ojos a un país”.

En Venezuela, las limitaciones al derecho a informar incluyen detenciones arbitrarias, agresiones físicas y amenazas contra periodistas durante coberturas en el espacio público. En Argentina, asistimos a prácticas represivas permanentes y reiteradas contra fotorreporteros. El caso más grave de los últimos tiempos es el de Pablo Grillo, quien recibió el impacto de una granada de gas lacrimógeno en la cabeza mientras tomaba fotografías en una movilización. Grillo sobrevivió, debió atravesar más de ocho operaciones y continúa hasta hoy en proceso de rehabilitación.

En las protestas sociales, los cuerpos de fotógrafos y fotógrafas se convierten en un territorio de disputa política. El objetivo no es solo castigarlos individualmente, sino vaciar el espacio público de imágenes críticas. Al atacar su integridad física, se intenta impedir la producción misma de las fotografías. Lo que se persigue no es únicamente al fotoperiodista, sino al archivo posible de imágenes de denuncia, a las potenciales pruebas judiciales contra la represión y a las narraciones visuales alternativas a los lenguajes oficiales.

A este escenario se suma un ecosistema mediático en profunda transformación: entornos informativos fragmentados, despidos masivos en los medios de prensa, precarización laboral y salarios bajos para quienes aún conservan su empleo. 

En tiempos de posverdad y mentiras sistematizadas, el fotoperiodismo debería ocupar un lugar central. Sin embargo, la realidad es otra. Según el Digital News Report 2025 del Instituto Reuters, crece en las audiencias globales la preocupación por la dificultad para distinguir entre lo verdadero y lo falso. En América Latina, a esta crisis de confianza se le agrega un dato alarmante: ejercer el fotoperiodismo es una actividad de alto riesgo. La libertad de prensa está seriamente amenazada.

En un mundo cada vez más poblado de contenidos sintéticos y desinformación organizada, cobrarán un valor creciente los y las fotógrafas que ponen el cuerpo, la mirada y la credibilidad para narrar historias de interés público; los medios que construyen confianza; y las imágenes producidas desde los territorios con creatividad, compromiso y rigor. Allí donde se intenta borrar las huellas o tergiversar la historia, las imágenes seguirán siendo una forma de resistencia.

Ayahuasca Musuk
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Foto: Damián Dopacio / Argentina 2025