¿Qué hacer con las imágenes de IA?

Por Cora Gamarnik

¿Qué son las imágenes de inteligencia artificial? ¿Qué lugar ocupan en este nuevo paisaje visual que habitamos? ¿Qué hacemos frente a ellas, con ellas, a través de ellas?

Las imágenes de IA irrumpen en un momento de enorme transformación del campo visual. Ya no se trata solamente de representaciones que muestran o documentan, sino de imágenes que operan, calculan y deciden. Como advierten autoras y autores como Hito Steyerl o Jussi Parikka, asistimos a un desplazamiento profundo: las imágenes dejaron de estar hechas para ser miradas por seres humanos y comenzaron a producirse para ser decodificadas por otras máquinas.

Estamos, entonces, frente a un cambio de paradigma. Pasamos de una cultura centrada en el ojo humano a un régimen visual en el que las imágenes son generadas por y para algoritmos. La inteligencia artificial se alimenta de miles de millones de fotografías y registros previos: un archivo planetario que condensa miradas, jerarquías, violencias y desigualdades.

¿Qué ocurre cuando lo humano deja de ser el centro de lo visible?

En este nuevo orden, somos nosotros quienes debemos demostrar que somos humanos para que una máquina nos reconozca como tales.

Las imágenes generadas por IA, ¿pueden seguir siendo llamadas “imágenes”? ¿Dónde reside su potencia: en lo que vemos o en el proceso técnico que las produce? Estas preguntas nos obligan a repensar qué significa hoy mirar, ver, representar.

Ya no se trata solo de distinguir entre lo “real” y lo “falso”. El giro visual que inaugura la IA rompe con la tradición indicial de la fotografía: ya no hay huella física, contacto ni exposición frente al mundo. Las imágenes se separan del acontecimiento y se transforman en datos, en partículas de información que circulan entre máquinas.

Las imágenes dejan de ser huella o representación para convertirse en parte del engranaje de una operación técnica, económica y política.

En este contexto, cabe preguntarse: ¿podremos usar las imágenes producidas por la inteligencia artificial para imaginar sociedades más justas, más igualitarias? ¿Podremos no negar lo irreversible, sino comprenderlo y reorientarlo hacia nuevos horizontes?

Las imágenes artificiales emergen en un mundo atravesado por crisis múltiples: el cambio climático, el ascenso de la extrema derecha, la precarización de la vida, la desinformación y el self-branding permanente. En ese escenario, el valor de la mirada humana —de quien presencia, encuadra y testimonia— adquiere un peso político renovado.
Tal vez, en medio de la saturación algorítmica, el gesto de mirar siga siendo un acto profundamente humano.