Entrevistas
Gihan Tubbeh
Perú-Palestina -
agosto 27, 2025

Desde el río hasta el mar, una declaración de amor por la vida

Por Andrea Fajardo

«Tenemos los pies heridos pero el ritmo permanece»

Fragmento del poema Por eso bailamos, de Mohammed el-Kurd

La primera vez que Gihan Tubbeh vio llorar a su padre fue en el año 2011, cuando entraron juntos a la casa en Jericó donde él había crecido. Era también la primera vez que ella viajaba a territorio palestino y que su papá regresaba después de migrar a Perú huyendo de la ocupación israelí. Días antes, cuando llegaron al aeropuerto de Tel Aviv, la presencia de policías y militares hizo que aquel hombre árabe, al que Gihan escuchó tantas veces hablar con orgullo de la cultura palestina, se hiciera pequeño en pocos segundos. «Como si fuera un niño asustado», lo recuerda.

Esta imagen vulnerable de su papá, en ambas situaciones, representó un quiebre para Gihan pero también una revelación: que la memoria de su familia estaba atravesada por muchos miedos, mucho silencio y una identidad fragmentada.

Ayahuasca Musuk

Lima, Perú, 2011 / Entre lágrimas y abrazos, la familia Tubbeh escucha la carta “La tierra de mi padre y las lágrimas que por fin vi caer”, escrita por Gihan a su padre tras su primer viaje a Palestina. 

Gihan Tubbeh es fotógrafa y artista visual, nacida en Lima y de padre palestino. Su obra se ha caracterizado por explorar las poéticas del tiempo en relación con el territorio y el paisaje, profundizando en temas como la memoria, el exilio y la identidad. Sin narrativas muy explícitas, ha buscado crear un vocabulario visual más cercano a la construcción de la poesía y la música que a las referencias de la fotografia convencional.

* * *

Su infancia estuvo marcada por su cercanía con la cultura palestina. En su casa había comida árabe al menos dos veces por semana, su papá le cantaba canciones antes de ir a dormir o en las mañanas para ir a la escuela. Algunas palabras y conversaciones en árabe se volvían parte del cotidiano. Pero nunca se hablaba de la guerra, la ocupación o el exilio.

Ayahuasca Musuk

Fotografía histórica de la familia Tubbeh en Jerusalén.

Gihan nunca aprendió árabe. Nunca entendió –al menos de pequeña– por qué su papá no concebía la idea de que ella visitara Palestina, o que tuviera un contacto más tangible con sus familiares en Cisjordania.

«Siempre he sentido que tengo una identidad como híbrida. No soy de aquí, no soy de allá, no soy de Perú, no soy de Palestina… Siento que no está completa mi identidad y que ha estado siempre como desmembrada por tantos silencios y cosas ocultas»

Cuando convenció a su papá de viajar juntos a Palestina, la experiencia se tornó un espejo de esa fractura identitaria que luego daría lugar a sus proyectos más recientes: La sal de mi vida y Semillas de resistencia. Dos investigaciones de carácter visual en proceso, que nacen de una bitácora de viaje elaborada durante su última visita a Palestina en diciembre del 2024.

Jericó, 2011. 

Jericó, 2011 / Casa donde vivió el padre de Gihan durante su infancia. Ella escribió: «El último día fuimos a buscar la casa donde vivió mi padre y su familia. Él no quería que tocáramos la puerta, pues se escuchaba a otra familia en la terraza. (…) pero no le hicimos caso y tocamos la puerta. Nos recibió el nuevo propietario, que gentilmente nos dejó pasar cuando le contamos que allí había vivido mi padre durante su infancia. Mi padre entró lentamente, cauteloso, mirando todo, y dijo: «Vi a mi madre en la terraza, a mi padre en el huerto, vi mi cuarto, vi el piso que llenábamos de agua para echarnos y refrescarnos del calor sofocante… Me vi… y los vi…» Fue en ese instante cuando lo vi llorar por primera vez, a mis veintisiete años.»

Gihan se enteró de lo sucedido el 7 de octubre de 2023 mientras hacía una residencia artística en Islandia. Un día antes había estado en un roadtrip por volcanes, junto a otros artistas, en lo que le parecía un paisaje de otro mundo. Tras saber del ataque ejecutado por Hamás y la contraofensiva del ejército israelí, no pudo salir de la cama por varios días. Se dedicaba obsesivamente a mirar noticias y videos de lo que estaba pasando en la Franja de Gaza, minuto a minuto. Sentía culpa de cosas tan simples como tener electricidad, comida, agua o momentos de ocio.

«Habibti, tranquila, ya va a pasar», le decían su papá y su tío por teléfono con cierta resignación. «Disfruta de Islandia, esto se acaba en un mes»

Pero han pasado casi dos años y el asedio impuesto por Israel en Gaza ha provocado una crisis humanitaria sin precedentes. Según cifras oficiales de la ONU y el Ministerio de Salud de Gaza, más de 61 mil palestinos han sido asesinados desde octubre del 2023 –casi un tercio son niñas y niños– por los ataques del ejército israelí y la hambruna inducida. El asedio también ha dejado a la población gazatí sin hogar, sin acceso al agua potable, servicios de salud o electricidad. Diversas agencias humanitarias han acusado a Israel de estar cometiendo un genocidio y de utilizar el hambre como un arma de guerra.

Asimismo, según informes de organizaciones como Amnistía Internacional, en Cisjordania la ocupación se ha intensificado con ataques de colonos e incursiones militares de Israel. El aumento de puntos de control, la confiscación de tierras y los asentamientos ilegales, han provocado una fragmentación del territorio y el desplazamiento forzado del pueblo palestino.

Ayahuasca Musuk

Jericó, 2025.

Llevándole la contraria a toda su familia en Perú, Gihan regresó a Palestina a finales del 2024 y se quedó hasta febrero del 2025. Estuvo algunos días en Jerusalén y después en Cisjordania pasando por diferentes puntos de control en cada traslado.

«Decidí hacer este viaje para ver si podía ayudar y, reconectando y atando, también hilar el presente, el pasado y el futuro. ¿Qué va a pasar de aquí en adelante con el linaje de mi familia? ¿No vamos a hablar más de esto? ¿Dónde están nuestros archivos fotográficos?»

En Jerusalén, Gihan recuerda que el ejército estaba desperdigado por todas las calles. Habían cámaras de vigilancia en cada esquina o en cada poste de luz, y una tensión generalizada que a la vez convivía con el típico “aquí no pasa nada”. Gihan había viajado con una amiga de su infancia, con la que todo el tiempo se estaba haciendo señas, miradas y gestos para no llamar la atención, para no pasar por ciertos lugares o no decir algo “inadecuado” en espacios públicos.

Ayahuasca Musuk

Muro de las Lamentaciones, Jerusalén, 2025.

Después de moverse entre Jerusalén y Tel Aviv la primera semana, tomaron un bus a la ciudad de Ramala en Cisjordania. Allí, Gihan visitaría a su tía y pasaría la mayor parte de su estancia en territorio palestino.

«Yendo en el bus, empiezas a ver cómo cambia la carretera, ves los muros, las separaciones, las rutas para los palestinos… Nos bajaron en un lugar espantoso, como si fuera una zona industrial de descarga de narcotraficantes, no sé cómo explicarlo. Un descampado lleno de estas torres de vigilancia. En todas las ventanas, un soldado apuntando. Había mucho ruido, un montón de sirenas, un montón de militares armados. No había vereda, era solo tierra con rocas, yo llevaba una maleta grande y me costaba caminar»

Este lugar es el puesto de control de Qalandia, el principal checkpoint de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ubicado entre Ramala y Jerusalén. Es un punto clave de control militar por el que pasan miles de palestinos a diario por motivos laborales, religiosos o de estudios, con un horario establecido y teniendo que presentar permisos especiales.

Ayahuasca Musuk

Jericó, 2025.

Gihan cuenta que en su paso por Qalandia, les hicieron atravesar un túnel oscuro que parecía un matadero. Todas las personas entraban en filas, en su mayoría con la mirada hacia el suelo. No entendía si estaba yendo a visitar a su tía o a visitar una cárcel. Veía todo como una pesadilla y rompió en llanto cuando vio cómo a una persona le quitaban la camisa, le hacían bajar la cabeza y le revisaban sus pertenencias.

«El objetivo es humillarte y hacer que la pases mal, que no quieras regresar y que mejor te vayas del país, que te vayas de la tierra y no regreses»

Cuando finalmente entró a Ramala, tuvo la sensación de estar en casa. Llegó con su tía, hablaron de la familia, del viaje, de los proyectos y las ideas creativas de Gihan. Caminó por la ciudad durante días, conoció varios centros culturales y, eventualmente, pudo sacar su cámara y atreverse a fotografiar.

* * *

La ocupación de Israel en Cisjordania ha limitado muchos aspectos en la vida de los palestinos. No ha sido únicamente un conflicto territorial, de desplazamiento y control de recursos, sino también de control sobre la memoria, la cultura y los vínculos con el territorio.

Por ejemplo, aunque gran parte de la costa occidental del Mar Muerto se encuentra en Cisjordania, los palestinos tienen limitado el acceso al mar. De acuerdo al informe The Israeli Exploitation of Palestinian Natural Resources del Centro de Investigación Who Profits, Israel controla sistemáticamente y restringe el acceso al Mar Muerto, mientras que las empresas explotan recursos minerales y acaparan el turismo en la costa.

Ayahuasca Musuk
Ayahuasca Musuk

Mar Muerto, Palestina, 2025. 

La primera vez que Gihan viajó a Palestina, uno de sus sueños era conocer el Mar Muerto. Y sí, pudo hacerlo. No sin antes enterarse de que su prima –que vivía en Jericó– no corría con la misma suerte. «Para mí era alucinante que ella, viviendo allí y siendo palestina, no pudiera ir al mar que le quedaba a 15 minutos manejando. Pero yo sí podía, solo por ser turista», recuerda. En ese primer viaje, cuando su prima había cumplido 18 años, se la llevaron en la cajuela de un auto y, afortunadamente, pasaron los puntos de control sin levantar sospechas.

Para Gihan, el Mar Muerto ha significado mucho desde su primer viaje en 2011 hasta el último en 2024. Antes de llegar a Perú su padre no sabía nadar, ya que en el Mar Muerto él flotaba debido a la alta salinidad del agua. También allí –en este último viaje– Gihan depositó una parte de las cenizas de su tío, que había muerto en diciembre del 2023.

«Melleh hayati» –traducido como La sal de mi vida– fue el primer tatuaje que Gihan se hizo en árabe, y es también el nombre de un proyecto con el que busca crear una metáfora del Mar Muerto como «esa sal que no te deja morir». En su diario de viaje, escribe:

«El Mar Muerto es más que una geografía. Es una revelación. Una paradoja. Un lugar demasiado salado para sostener vida, y sin embargo, obstinadamente reacio a quitarla. Incapaz de ahogar la sangre palestina»

En esa búsqueda de metáforas no solo encontró una fuente de inspiración para proyectos creativos, sino también la oportunidad de mirar a Palestina con otros ojos. Más allá de la devastación, la guerra y el exilio, el pueblo palestino insiste en permanecer, reconstruirse y vivir.

* * *

.

En el patio de la casa de Jericó donde vivían los bisabuelos de Gihan, aún florecen las rosas que aparecen en antiguas fotografías familiares junto a su bisabuela Despina.

En el árabe existe una palabra que describe algo similar a la ‘resiliencia colectiva’. El sumud es lo que se define en árabe como ‘firmeza’ o ‘perseverancia’, y es también una estrategia cultural, ideológica y política de los palestinos contra la ocupación.

Cuando Gihan hablaba con su tía en medio del desayuno o en las filas de los puntos de control, llegó a escuchar historias de campesinos que replantaban olivos luego de que el ejército, o los colonos israelíes, incendiaran sus cosechas. Escuchó de familias que reconstruían sus casas sobre las ruinas que dejaban las demoliciones. Vio cómo en los puntos de control, las personas sacaban sillas y jarritas de café para ponerse a jugar cartas y así hacer frente a las largas jornadas de espera.

Ayahuasca Musuk

Enero de 2025. Gihan tuvo que tomar una ruta alternativa para ir de Jericó a Ramallah debido al cierre de accesos principales por las fuerzas israelíes, en el marco de un alto el fuego en Gaza que restringió el movimiento en Cisjordania. En el camino: olivos, casas destruidas y un horizonte de asentamientos ilegales de colonos.

También supo de hombres detenidos en las cárceles de Israel, a los que no se les permitían las visitas conyugales y que lograron tener hijos por fertilización in vitro gracias al contrabando de esperma. Este método de reproducción surgió en el año 2012 con el nacimiento de Mohannad Ziben, el primer bebé concebido con esperma extraído de una prisión israelí.

Gracias a que su tía trabaja en la Cruz Roja, Gihan logró conversar con algunos hombres ya liberados y con mujeres embarazadas por fertilización in vitro. Así dio inicio al proyecto Semillas de resistencia, una exploración fotográfica que investiga la práctica del contrabando de esperma como un acto de rebeldía –silencioso pero radical– frente al control demográfico ejercido por Israel.

Para este proyecto, se ha planteado intervenir –en algunos casos–, el proceso de revelado con una huella biológica, una materia ligada a la transmisión de la vida. Así, las imágenes –que podrían ser de casas destruidas, animales muertos, hombres encarcelados o ecografías– llevarían consigo un vestigio de cómo persiste la vida en un contexto de violencia y despojo.

«Para Israel la población palestina es, políticamente, una amenaza. Mi tía dice que es bien delicado hablar de este tema, pero no me interesa tanto mostrar caras ni hacer un registro documental, sino abstraer el tema de la manera más poética posible: que para ellos esto es una forma más de luchar contra la opresión, contra la muerte. Todo ha quedado dentro de la tierra en Palestina. Todo lo que se destruye, toda la sangre que se derrama, ha seguido generando semillas. Para mí, esto es una declaración de amor por la vida»

Muqata’a, Ramallah, 2025.

Palestina, 2025.

En esta búsqueda artística y personal, Gihan ha intentado desenterrar las capas de silencio en su familia sobre las heridas que conservan sus ancestros por la ocupación histórica de Israel en Palestina. Con fotografías, entrevistas, una bitácora escrita y registros audiovisuales está construyendo un archivo en movimiento como una forma de expresión y reparación.

Porque aún en la fragilidad de su historia familiar, en el miedo infundado por el ejército, en los bloqueos, el control, la destrucción… Gihan pudo observar que el cuidado y la alegría también son parte de esa identidad palestina por la que estuvo preguntando tanto tiempo. Pudo reconocer el sumud cada vez que encendían la radio o veían las noticias, los actos de generosidad aún en la carencia, la negación a perder el disfrute y el empeño por permanecer.

Sobre esto, escribe en su diario que ella «siempre llegaba con la rabia encendida, con la reacción inmediata, con el impulso de protestar. Pero ellos—ellos llevaban generaciones perfeccionando otra forma de resistencia. Más suave. Más profunda. Más difícil. […] La resistencia de la calma, que no es pasividad, sino una sabiduría afilada.
/ La paciencia radical»

Ahora, Gihan se prepara para un tercer viaje con el propósito de dar seguimiento a su registro. Comprendiendo que hablar de Palestina no solo se trata de narrar la destrucción, también implica sumarse al apoyo y dar cuenta de cómo la vida sigue, e insiste en abrirse paso.

Ayahuasca Musuk
Ayahuasca Musuk
Etiquetas
Cisjordania  /  exile  /  exilio  /  GihanTubbeh  /  human rights  /  Identidad  /  identity  /  Jericó  /  memoria familiar  /  ocupación  /  Palestina  /  Palestine  /  resistencia  /  territorio
Puede interesarte: