

Entrevista a Rodrigo Abd – Segunda parte
Por Cora Gamarnik
Esta entrega es la segunda parte de una larga conversación que tuvimos con Rodrigo Abd en Buenos Aires. Rodrigo es actualmente corresponsal de Associated Press (AP) en Argentina. Ingresó a la agencia trabajando en Guatemala en el año 2003. Desde entonces ha cubierto conflictos en Centroamérica, Siria, Afganistán, Libia, Ucrania y casi todos los países de Latinoamérica. Recibió el premio World Press Photo en 2013, el Pulitzer en dos ocasiones, una por su trabajo en Siria (2013) y otro por su trabajo en Ucrania (2023). Recibió también el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia en 2016 y el premio de la Fundación GABO en 2022.
Entre la realización del reportaje y su publicación en Vist Projects, Rodrigo fue herido por la represión de las fuerzas policiales en Argentina.

Fotografía de Gabriela Manzo. Buenos Aires, 6 de agosto de 2025. La imagen registra el momento en que Rodrigo Abd resulta herido por la represión de las fuerzas policiales contra manifestante y reporteros gráficos frente al Congreso.
Cora: Contanos de tus comienzos. ¿Vos ingresaste al fotoperiodismo en una etapa analógica?
Rodrigo: Sí. Cuando yo empecé ya había mini-labs, no tenías que revelar de modo manual. Igual yo lo hacía porque quería aprender la técnica y me gustaba el blanco y negro. Pero eso había que hacerlo en casa, porque salía una fortuna llevarlo a un laboratorio. Entré a trabajar en una etapa de los diarios donde usábamos rollos: volvías de trabajar y los metías en el mini-lab del diario. Teníamos cámaras de rollo y nos daban rollos de 100 ASA, 400 ASA y 800 ASA.
C: ¿Sentís que haber tenido esa experiencia analógica fue un aporte para vos frente a los que solo vivieron la época digital?
R: No tanto por la técnica, creo… Porque tampoco tuve tanto tiempo con rollo, solo tres años. Me hubiese marcado más si hubiesen sido diez, porque tu cabeza se acostumbra a los 36 disparos. A mí me marcó mucho más la práctica. Lo que sí me ayudó, como a cualquier fotógrafo que trabajó en un diario, es la capacidad de resolver situaciones. Un diario te da esa gimnasia: resolver todo tipo de noticias como sea. A veces en un día tenés cinco notas. Apenas llegás, salís a la primera: por ejemplo, iluminar a un escritor. De ahí te vas a una protesta, después a una conferencia de prensa en el Ministerio de Economía, luego al entrenamiento de Boca Juniors y así.
En un mismo día tenés que resolver con un paragüas la luz para un escritor o un actor, con un flash chiquito porque no podés cargar con todo. Después te vas al entrenamiento. Todo es precario, pero tenés que resolverlo con una calidad mínima.

© Rodrigo Abd
C: El diario te da gimnasia, ductilidad, capacidad de resolución de problemas.
R: Claro. No vas a ser Annie Leibovitz en el retrato, ni el fotógrafo de Getty en los Juegos Olímpicos, ni James Nachtwey en la marcha, pero todo lo tenés que hacer de manera decente. Te vas armando con un poquito de todo y cuando llega una situación complicada ya sabés cómo resolverla, no te vas a “ahuevar”, como dicen los guatemaltecos.
C: Vas aprendiendo a ser la suma y combinación de todos esos saberes. Y ahora en AP, ¿con cuánto tiempo de anticipación te avisan de una cobertura? ¿Cómo te preparás? ¿Cuánto podés estudiar del lugar, la política, la cultura, el idioma?
R: Muy pocas veces hay tiempo para programar. Generalmente todo sucede muy rápido. Por suerte tuve algunas experiencias distintas. El viaje a Afganistán con la cámara de madera, que terminó en una muestra en Buenos Aires en 2023 (*), por cuestiones de visas, logísticas y de distintas cosas, lo hicimos con anticipación.
C: ¿Ese fue un proyecto con AP?
R: Yo lo propuse, AP aceptó y pedimos apoyo al Pulitzer Center para poder hacerlo. Fuimos con una reportera griega, un camarógrafo holandés y yo. Ese viaje sí tuvo preparación, pero en general no es así. Cuando fui a Siria, por ejemplo, me llamaron una mañana. Yo estaba en Guatemala leyendo el diario y tomando mate. Me dijeron: “¿Estás dispuesto a ir a Siria?”. Contesté: “Sí, ¿cuándo?”. “Ya mismo. Venite hoy a México”. A los tres días estaba en Turquía, en la frontera con Siria.
C: ¡No tenés tiempo para nada!
R: Y generalmente para cubrir noticias no hay tiempo. Sabés lo que sabés, lo que aprendiste, lo que leíste. Si sos alguien más experimentado por ahí estuviste en ese lugar veinte años atrás, o diez o cinco. Tenés una idea macro de lo que pasa, pero no sos un especialista. Lo que puede pasar es que vayas a un mismo lugar varias veces. Yo por ejemplo a Venezuela fui durante unos años varias veces, entonces vas aprendiendo, vas leyendo, vas conociendo gente local y después mantenés relaciones telefónicas. Pero si no, las cosas ocurren bastante rápido. Lo mejor que te puede pasar es que llegues a un lugar y que esa cobertura se extienda. Entonces tenés el tiempo para ir aprendiendo, lo que va pasando, la historia del lugar, vas leyendo, te van contando anécdotas, hablás con la gente. Pero si no…
( * ) Rodrigo se refiere a la muestra “La cámara afgana”, una muestra inaugurada en Buenos Aires en septiembre de 2023. Todas las fotografías de dicha muestra fueron realizadas con una cámara antigua de cajón.

© Rodrigo Abd
C: ¿Y notás diferencia en tus fotos cuando conocés más del país o de la situación que vas a cubrir?
R: Sí, claro. Por un lado está buenísimo sorprenderse, porque tenés una frescura que no tiene quien vivió siempre ahí. Por eso es triste que ahora en los medios haya menos presupuesto para viajes: mover gente dentro de una agencia de noticias permite que haya periodistas con miradas más frescas. Y además enriquece al reportero: empezás a ver el mundo de otra manera, con otras experiencias. Cuando volvés a tu base ya no mirás igual tu rutina, tu percepción cambió. Ves todo con otros ojos. Entendés que el mundo no es solo el lugar conocido, que te rodea. El mundo es mucho más amplio, diverso, podés comparar, establecer relaciones. Y eso es muy importante. Tu concepción, tu percepción del mundo cambia. Ves con otros ojos, como alguien que ya vivió determinadas experiencias que te permiten relacionar lo que está pasando en tu país con lo que les pasa a otros. Tenés una mirada más regional, no tan cerrada.
Al mismo tiempo, también es clave tener especialistas locales. Porque así como viene alguien de afuera con una mirada fresca también puede tener una mirada un poco ingenua de las cosas que pasan. Entonces es importante tener alguien local, fuerte, que pueda diferenciar entre un hecho común, un hecho histórico, que pueda entender los procesos, que entienda más la complejidad de lo que está viendo, etcétera. Creo que esa combinación es muy buena, una mirada fresca con una mirada muy experimentada y entre esas cosas, a partir de esa mezcla pueden salir notas muy interesantes. Es bueno que el que viene de afuera pueda hacer base con alguien que ya esté acá. Que puedas hacer una propuesta y que alguien te diga “no, eso ya lo hicimos veinte veces”. Y también ojo con el ‘ya lo hicimos 20 veces’ porque a veces tampoco es tan así. Hay mucho territorialismo en estas agencias, porque bueno, ¿cómo viene otro a cubrir en el patio trasero de mi casa? Y es un error… el que viene de afuera siempre puede tener una mirada interesante de lo que puede pasar.
C: Una mirada más despojada o desnaturalizada.
R: Yo lo puedo decir con un ejemplo propio. Cuando llegué a Guatemala, a mi me parecía una locura lo que estaba pasando pero los guatemaltecos lo veían como algo natural.

© Rodrigo Abd
C: ¿Hablás de la guerra?
R: De la violencia que se vivía en ese país, de la cantidad de homicidios. No es que ellos no lo vivían con preocupación. Obvio que estaban preocupados, pero lo habían naturalizado. Encerrarse en su casa a las ocho de la noche, los semáforos en amarillo en el medio de la ciudad de Guatemala, todo el mundo con vidrios polarizados. En Guatemala estás en una avenida y no sabés quien está adentro de los autos. De repente hay un conboy de guardaespaldas mirando a una señora como carga comida en un changuito. Toda eso que para los guatemaltecos era algo natural para mi era tremendo.
C: Esa mirada distintiva, más distanciada, de la que hablabas recién.
R: Y del que tiene ganas de explorar. Eso también le aporta al local. Como la pasión por el fútbol en Argentina por ejemplo: para nosotros es normal, pero para un extranjero es sorprendente. Que una abuela de 90 años suba a una tribuna. Hombres, mujeres, niños, ancianos apasionados. Eso es normal para nosotros pero traés a un tailandés y no entiende nada.

© Rodrigo Abd
C: Me acuerdo de una anécdota que contó un periodista argentino. Sucedió en México: fue a comprar entradas y preguntó dónde estaba la fila para comprar entradas para la tribuna visitante y le dijeron que no había tribunas visitantes. Que podía elegir cualquier lugar y que las hinchadas miraban los partidos mezclados entre si. Eso es impensable para nosotros.
R: Claro. En México yo estaba azorado por la violencia extrema en la capital. Pero cuando jugaban al fútbol, los equipos contrarios entraban cada uno con su camiseta y se sentaban uno al lado del otro. En un lugar donde había diecisiete homicidios diarios. Las sociedades no son matemáticas, son mucho más complejas de lo que pensamos.
C: Te pregunto por algunos datos cuantitativos. ¿Cuántas coberturas por semana, por mes o por día hacés? ¿Cuántas fotos sacás por cobertura? ¿Cuántas enviás? ¿Cuántas se publican?
R: Es muy difícil contestar eso. En una agencia de noticias no tenés un horario. Te doy un ejemplo: cubrís un terremoto en Haití, trabajás un mes entero, treinta días seguidos, y mandás un promedio de 25, 30 o 40 fotos por día. Pero si estás en Buenos Aires, quizá cuatro días los dedicás a producir algo que vas a hacer, o un día vas a la marcha de los jubilados y el domingo a un Boca–River. Lo que sí puedo decir es que en una agencia la dinámica es estar siempre disponible, sin horarios. Yo nunca dije: “sábado y domingo no trabajo”. Tal vez lunes y martes estoy pensando en producir otra cosa, y si tengo que trabajar quince horas seguidas trabajo, y si tengo que trabajar media hora, trabajo media hora. Es muy dinámico. Quizá me voy de viaje y trabajo un mes seguido; entonces, cuando vuelvo, me tomo unos días con mi familia. Lo que sí cambió mi vida fue el nacimiento de Victoria, mi hija. Ahora intento estar más presente en momentos importantes: el acto de fin de año en la escuela, el cumpleaños de mi mujer. Trato… pero bueno, si me dicen “tenés que ir a Siria”, a veces no podés elegir.

© Rodrigo Abd
C: Es un trabajo que no contempla que tengas una vida familiar.
R: No. Vos tenés que tener la capacidad de ir poniendo candados y decir, bueno, hasta acá. Y también decidir hasta donde querés llevar tu carrera aunque la palabra carrera nunca me gustó.
C: Hasta dónde te permitís el desarrollo de tu profesión.
R: Claro. Vos elegís si dedicar tu vida a eso, como James Nachtwey, o tener una vida más balanceada. Yo creo que, después del nacimiento de Victoria, hace once años, encontré un poco más de equilibrio.
C: ¿Y tu salario depende de cuántas coberturas hagas?
R: No. Desde que empecé en AP tengo un salario fijo. Da lo mismo si estoy un mes en Afganistán o si cubro la Exposición Rural en Palermo. No ganamos más por estar en un lugar de riesgo ni por viajar. Alguna vez hay un bono, pero muy pocas. Y eso está bueno explicárselo a la gente: yo no gano más dinero por estar en Ucrania. Gano lo mismo por cubrir el festival de Cannes que por estar con una milicia rebelde en Siria.
C: ¿Y tampoco tenés premios por productividad?
R: No. El fotógrafo que hizo la foto de Trump cuando fue baleado, Evan Vucci, ganó lo mismo que si no la hubiera hecho.
C: Me sorprende. Entonces vas a cubrir la guerra en Ucrania en vez de ir al Festival de Cannes solo porque vos querés.
R: Exacto. Hay mucho de elección personal. Si querés especializarte en deportes, vas a tratar de cubrir todo el deporte posible y tener la tecnología específica, pero no porque ganes más sino porque elegís eso. En mi caso, desde los sucesos del 2001 en Buenos Aires, al final del menemismo, me interesó lo social. Mi primera cobertura importante fue en diciembre del 2001 en Argentina. Después vino Guatemala, un país donde todo es social: no hay farándula, no hay Fórmula 1, no hay grandes deportes. Guatemala es un laboratorio político, social, antropológico. Y me encantó. Entonces me preguntaron: “¿Rodrigo, te gustaría ir a Haití?”. Y dije: “Sí, vamos”. Después me dijeron: “Vimos que estuviste un mes corriendo por todo Puerto Príncipe, que eso te gusta y lo resolvés bien. ¿Querés ir un año a Afganistán?”.

© Rodrigo Abd
C: En la agencia evalúan tus intereses y habilidades…
R: Sí. Yo podría haber dicho: “No, Afganistán no”, y quedarme en Guatemala. O ir a Puerto Príncipe a investigar la primera revolución de esclavos. O decidir: “No quiero viajar tanto”.
C: Si uno mira tu recorrido, da la sensación de que te interesan particularmente los lugares conflictivos.
R: Nadie te obliga. Podés decir: “A Siria no voy ni loco”. Yo, en cambio, quiero ir. Ahora mismo estoy armando un viaje para cubrir el tema de las minorías religiosas. Quiero hacer eso. Siento que es importante hacer ese tipo de coberturas. Yo no pido ir a un Mundial de fútbol. No quiero, no me interesa, ni tampoco me interesa ir a Cannes o a los Juegos Olímpicos. Y si voy a Cannes, me gustaría hacerles fotos a los trabajadores paquistaníes que están sirviendo la comida a los invitados.
C: Qué bueno. Qué bueno que existas, Rodrigo.
R: Yo quería ir a Afganistán. Quería hacerlo.
C: ¿Y cómo lidias con los lugares atravesados por tantos conflictos?
R: A mi me interesa estar en lugares donde se juegan muchas cosas: resistencias, luchas por el poder, disputas políticas, sociales, económicas, procesos históricos. Así fui moldeando mi trabajo. En Venezuela, por ejemplo, estando en Caracas, propuse ir a Maracaibo, al lugar donde surgió el petróleo. Me parecía interesante contar qué pasaba ahí, donde se originó toda la historia petrolera. También me marcó vivir en Guatemala, un país donde aparentemente “no pasa nada”. Me decían: “Guaidó no va a ser presidente, se queda Maduro”. Bueno, la noticia terminaba ahí, pero yo creo que no: ahí empiezan otras historias que también hay que contar. Guatemala es un caso parecido: las cámaras se habían ido después de los 80, pero ¿cómo que se terminó Guatemala? Mirá todo lo que pasa. Mi pregunta siempre es: ¿cómo hago para que alguien en otro lugar del mundo diga “mirá Guatemala, no sabía que esto pasaba ahí”? Ese es mi desafío: contar lo que no se sabe, lo que sorprendería. No solo para impactar, sino para que otros se interesen por lo que a mí me interesa.

© Rodrigo Abd
C: El desafío de producir material y crear noticias aunque en la superficie parezca que no pase nada. Ahora, ¿vos podrías estar un mes sin mandar nada?
R: Sí, claro. Dependiendo de la estructura donde estás eso va cambiando. Igual siempre fui un bicho raro dentro de la agencia, debo reconocerlo.
C: ¿En qué sentido?
R: A mí me gusta trabajar historias, darles tiempo, no mandarlas enseguida, investigar un poco más. Eso de llegar, disparar, mandar y ya está… no me va. Porque sé que en una agencia o un diario, si mandás algo rápido, después volver a ese tema es casi imposible: la respuesta es “ya lo hicimos”. Lo de las funerarias en Guatemala por ejemplo, lo fui trabajando de a poco. En el medio cubría un golpe de Estado en Honduras o la visita del presidente chino en Costa Rica, pero mientras tanto iba armando esa historia. En el medio de las coberturas que hay que hacer, porque estoy en una agencia de noticias. Pero son cosas que nadie te pide. Para mí eso es de lo más interesante, a mi muy poco de lo que hice me lo pidieron, te diría que casi nada me pidieron. Solo casos puntuales: Solo algo como ‘murió Nisman’, ‘intentaron matar a Cristina’. Mandá algo, resolvé. O me dijeron: ‘¿te gustaría ir a Siria, que hay que hacer una nota sobre un grupo rebelde?’ Eso sí. O: ‘Che, quien se anota para ir a Afganistán? Pero después nadie me dice ‘Afganistán cubrilo de esta manera’. Yo busco y encuentro que las bases norteamericanas son extremadamente interesantes y propongo un tema. Nadie me dijo a mi: ‘Che, Rodrigo, por qué no te hacés una historia de funerarias en Guatemala?’. Tal vez porque tuve la mala suerte de no haber trabajado con muy buenos reporteros que busquen ese tiempo. Entonces nadie me pide nada en general la agencia, yo soy el que que digo, voy, voy, voy, voy.

© Rodrigo Abd
C: ¿Y tu relación con el peligro cómo es?
R: Los fotoperiodistas, en general, estamos muy cerca de situaciones peligrosas y creo que lo asumimos como parte del trabajo. Nos toca estar en contextos muchas veces fuera de control, caóticos, donde el peligro físico está presente todo el tiempo. Tratamos de tomar precauciones, de estar bien equipados, y dentro de las agencias, los diarios y los medios para los que trabajamos hacemos un esfuerzo colectivo en ese sentido. Pero las situaciones cambian tan rápido que, aun con todas las medidas de cuidado, muchas veces quedamos expuestos.
Yo lo asumo. Siempre pensé que tenemos que ser conscientes de que lo que hacemos puede traernos consecuencias. A mí, por ejemplo, el chorro de agua de un camión hidrante de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, me dañó el tímpano. A muchos colegas les pasaron cosas muy graves: Emilio Morenatti perdió una pierna en Afganistán; João Silva perdió las dos piernas al pisar una mina terrestre en Kandahar, también en Afganistán; y Anja Niedringhaus, fotógrafa alemana de AP, fue asesinada en Kabul mientras cubría la víspera de las elecciones presidenciales afganas. Hay decenas, centenares de periodistas que han sufrido las consecuencias de trabajar en situaciones tan delicadas.

C: Una pregunta vinculada a los premios internacionales. Además de la satisfacción y el reconocimiento que supongo te dieron, ¿qué opinás de los premios en relación con el periodismo internacional?
R: Mirá, algo personal primero: creo que los premios son buenos en la medida en que los sientas como un reconocimiento que te anima a seguir entusiasmado y proponiendo cosas. Haciendo trabajos que vos creas que valen la pena. Bienvenidos en ese caso. Pero si los premios hacen que trabajes “para el premio”, ahí me parece perjudicial para el fotógrafo y para la práctica. Si se genera una fórmula de lo que se premia y lo que no, perdés la visión original. Te condiciona. Sabés que esta fórmula es premiada entonces vamos todos por ahí. Otra cosa que siento que es muy perjudicial es esta idea de que los premios son tan importantes que mucha gente le dedica horas y energías como algo fundamental, como si necesitaras la validación del mundo de la fotografía para ser reconocido. Esa carrera, esa presión no tiene mucho sentido para mí. A mí me pasó con el primer Pulitzer: un poco me comí la película de que a partir de ahí iba a tener todas las libertades y facilidades para hacer lo que quisiera. Y la verdad, no fue así. Volvés y es como el juego de la oca: empezás de cero. La agencia no funciona con estrellitas: te premiaron, muy bien, ahora volvé y ponete las botas.
C: ¿Pero vos tenés una intuición o sabés qué es lo que se puede premiar? ¿Hay un formato más o menos claro?
R: Eso cambia con la época. Si ves un World Press Photo de 1996 y uno del año pasado, tienen poco que ver. Esos premios van marcando tendencias. Y hay cosas en las que no estoy de acuerdo. El caso de la foto del atentado a Trump me parece interesante: no premiaron la imagen donde se lo ve levantando el puño, con la bandera atrás, porque argumentaron que podía ser propaganda. Eligieron otra donde está cabizbajo, que fue tomada en el momento posterior al atentado.
C: Pensás que la habilidad del fotógrafo de resolver la foto en el momento fue muy valiosa y no la premiaron.
R: Esa foto resumía todo lo que estaba pasando: la bandera atrás, el tipo que, pese a que la bala lo rozó, levantaba el puño. El fotógrafo resolvió muy bien.
C: Pero para el premio no se valoró el trabajo fotográfico sino lo que implicaba políticamente premiar esa imagen. Interesante debate.
R: Y después Trump arrasó en las elecciones. Entonces, ¿no premiás la foto porque pensás que podía contribuir a su victoria? Ahí entramos en una discusión que no tiene mucho sentido.




