

Entrevista a Rodrigo Abd – Tercera parte
Por Cora Gamarnik
Esta es la tercera entrega de una larga conversación que tuvimos con Rodrigo Abd en Buenos Aires. Rodrigo es actualmente corresponsal de Associated Press (AP) en Argentina. Ingresó a la agencia trabajando en Guatemala en el año 2003. Desde entonces ha cubierto conflictos en Centroamérica, Siria, Afganistán, Libia, Ucrania y casi todos los países de Latinoamérica. Recibió el premio World Press Photo en 2013, el Pulitzer en dos ocasiones, una por su trabajo en Siria (2013) y otro por su trabajo en Ucrania (2023). Recibió también el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia en 2016 y el premio de la Fundación GABO en 2022.
Entre la realización del reportaje y su publicación en Vist Projects, Rodrigo fue herido por la represión de las fuerzas policiales en Argentina.

Cora: ¿Con qué cosas del periodismo hoy te sentís cómodo y con cuáles incómodo?
Rodrigo: Me incomoda que cada vez tengamos menos recursos para producir. Eso sí es incómodo. Hay menos recursos materiales, y eso se siente. También me incomoda que haya muchos más candados, que todo requiera más permisos. Al mismo tiempo, en una agencia hay que coordinar todo por el formato de trabajo multimedia —fotografía, texto y audiovisual— y todo tiene que ser más consultado. El trabajo en equipo, que por un lado está bueno, por otro le va quitando libertades al fotógrafo.
C: ¿Vos podés proponer hacer la producción completa? ¿O siempre el texto lo escribe otro?
R: En algunos casos sí, como en los fotorreportajes por ejemplo. Pero en general se respetan mucho los departamentos. En el 90 y pico por ciento de las veces hay un reportero que escribe algo. O no: a veces mandás fotos que no son para una nota determinada sino que se suben al sistema y los clientes las toman para ilustrar sus notas. Muchas veces van acompañadas de un texto de AP, pero no siempre. Las agencias funcionan como mayoristas de noticias y los clientes eligen las fotos que quieren. Por eso no necesariamente todas tus fotos van acompañadas con un reportero de AP, como sí ocurre en medios como The New York Times o The Washington Post, que suelen mandar fotógrafo y cronista juntos. Pero incluso The New York Times usa fotos de AP o de Reuters si su propio fotógrafo no consigue la imagen que buscan. Nosotros trabajamos para cientos de clientes, y muchas veces ni siquiera sabemos quiénes son. Esa masividad es muy interesante. En Guatemala, por ejemplo, fotografié un concurso de Reinas Mayas. Ellas se reúnen una vez al año en una ciudad, cada una representando a su departamento. Exponen sus trajes, pero también sus problemáticas: violencia, minería, migración, maltrato infantil, alcoholismo. Entrevisté a cada representante, hice fotos, armé un pequeño reportaje de dos días en Rabinal. Ese material, publicado por AP, terminó apareciendo en Clarín, en Argentina, en Rusia, Liberia, Sudáfrica, Houston, China, Tampa, Ciudad de México… Eso es muy lindo. Lo malo es que no sabés cómo lo van a titular ni qué van a escribir sobre tus fotos. Con las Reinas Mayas no pasa nada porque no es un tema controversial, pero si la foto es de Milei o de Trump puede terminar con cinco titulares distintos y sentidos muy diversos.

© Rodrigo Abd
C: ¿Alguna vez sentiste que usaron una foto tuya para lo contrario de lo que buscabas?
R: Sí, muchas veces. Me acuerdo de un caso en Guatemala. Hice un reportaje sobre las funerarias, un capítulo muy fuerte sobre la violencia que sucede allá. Y una revista inglesa lo publicó como “cosas raras en el mundo”, como una curiosidad, quitándole todo el trasfondo político y social. Otro caso fue hace un par de años. Clarín sacó una tapa con una foto mía. Se veía a un manifestante pegándole a un gendarme en el Congreso. El título era: “Esta vez eran menos pero más violentos”. Yo había mandado 15 fotos en donde se veía a los gendarmes pegando con palos a los manifestantes, detenciones, gases, disparos. Y Clarín toma solo esa foto, la aisla y la titula de esa manera. Nuestro trabajo corre ese riesgo. Es masivo pero no tenemos control, aunque pongamos epígrafes muy concretos. ¿Qué hacemos frente a esos casos? Con los colegas lo discutimos mucho. Lo que sucede con la interpretación de las fotos también es interesante. Recuerdo que le conté esto a un amigo reportero, Alberto Arce, que vive en Gijón. Le muestro la tapa de Clarín y me dice: “Yo la vi y la interpreté distinto: me parece que en Argentina la gente se está empoderando, que la protesta crece y se pierde el miedo”. Una misma foto puede titularse de muchas maneras, pero también puede interpretarse de muchas formas.

© Rodrigo Abd
C: No tener una mirada ingenua del propio trabajo ¿no?.
R: Sí. Para mí siempre es importante complejizar las situaciones. No hay reglas fijas ni mecánicas. Tenemos que ser responsables en el momento, pero la rapidez con la que trabajamos ahora nos expone a muchos errores: no somos máquinas.
Antes sacabas una foto, ibas al medio, revelabas, copiabas, y tenías tres o cuatro horas para pensar qué hacer. Los medios tampoco esperaban que tengas todo a velocidad. Hoy tenés que mandar las fotos mientras recibís los palazos, desde el lugar mismo de los hechos. Tomás decisiones en segundos. Porque por la rapidez con la que estamos trabajando tenemos menos tiempo para reflexionar. Por eso son importantes los encuentros entre fotógrafas y fotógrafos, juntarnos a debatir y hablar. Ahora ya no tenemos ni siquiera esas dos, tres horas que tenían antes con el revelado.
C: ¿Y vos que hacés frente a eso?
R: Trato de tener una mirada propia, original, que sorprenda al lector, que hoy también está abrumado con la cantidad de fotos similares que ve.. Es un desafío enorme que tenemos en este tiempo. Me acuerdo de Don Ripka, mi jefe en La Nación en Argentina. Cuando yo le mostraba una foto, me decía: “Esto ya lo vi en la tele. Contame otra cosa”.
En ese momento empezaba la televisión por cable, los noticieros de 24 horas. El diario tenía que sorprender al lector al día siguiente con algo distinto, no con lo mismo que ya había visto en la televisión y tal vez en vivo y en directo. Eso me quedó: buscar lo inesperado, una mirada lateral, salirme de la foto obvia, salirme del rectángulo. Claro que eso convive con las fotos que uno sabe que funcionan. No trabajo para The New Yorker, que tiene un formato subjetivo y personal. En AP tenemos que hacer un poco de eso, pero también darle la foto al tabloide inglés o a medios con posturas opuestas. No podemos limitarnos a un reporte personalísimo y subjetivo. Tenés que estar todo el tiempo jugando con esas determinaciones. Hay un balance en una agencia de noticias. Podés poner una foto más artística, menos esperable, pero no te podés quedar solo con esa.


© Rodrigo Abd
C: Vos dijiste que es necesario “salir del rectángulo”. Esa frase puede tener varias lecturas: desviarse de lo esperado, no buscar solo la foto útil. Pero también puede significar entender los usos posibles que los medios darán a tus fotos, los contextos en los que se publicarán. ¿‘Salirse del rectángulo’ tiene que ver también con correrse de la velocidad con la que tienen que trabajar?
R: A mí siempre me gustó mucho reflexionar sobre el oficio. Desde que estaba en los diarios en Argentina, mi paso por Guatemala, la situación actual. Y esa reflexión nace de frustraciones propias: estar cubriendo todo el día lo que pasó el 20 de diciembre en las calles de Buenos Aires y que no se haya publicado ni una foto tuya en el diario. La reflexión sobre nuestro trabajo surge de la práctica, de errores, de intentos, de búsquedas que a veces funcionan y otras no. Estamos todo el tiempo reflexionando sobre la velocidad con la que hacemos las cosas, sobre las tecnologías que van cambiando. Hacer las fotos es una parte del trabajo. La otra tiene que ver con cambios a los que tuvimos que adaptarnos, formatos que tuvimos que adoptar. Salirse de pensar que somos apretabotones o simples operadores.
Por eso el trabajo en la agencia me gustó mucho, sentí que yo tenía más libertad para salir del rectángulo. A veces los fotógrafos son vistos como operarios de los reporteros. Una estructura donde el reportero te da una orden en un casillero, vos la agarrás y salís a hacerla. No es una idea tuya. En Guatemala fue distinto: yo armaba el casillero de lo que quería hacer. Esa libertad me permitió proponer, pensar, tener iniciativas. Y no es una cuestión de dinero, porque el sueldo es el mismo. Haber trabajado en Guatemala, Perú, Afganistán, haber cruzado México con los migrantes, dormido con ellos, recorrido funerarias durante seis meses… todo eso no lo hice por el sueldo. Si lo hacía o no cobraba lo mismo.
C: Qué importante conocer eso. Son entonces desafíos personales, como un motor interno que te impulsa. ¿Podemos decir que es también la puesta en práctica de un deseo?
R: Y más en una agencia de noticias. Porque si soy freelance, lo hago por convicción, porque creo que hay que hacerlo, pero también sé que si me esfuerzo el triple o el cuádruple, ese trabajo se va a vender mejor, va a generar más ingresos porque se va a publicar en más lugares. En mi caso no es así. Tengo ese motor que me impulsa a hacer algo que me haga un reportero más interesante, pero no gano más por horas extras ni por trabajar más días.

© Rodrigo Abd
C: ¿Podemos usar la palabra pasión por lo que sentís respecto de tu trabajo? No quiero ser exagerada, ni idealizar ni abonar las historias míticas de los reporteros pero te escucho y me resuena esa palabra.
R: Creo que hay algo que viene de mi pasado sirio. Nunca fui a un psicólogo, pero siento que ahí hay una raíz. Siempre me interesó esa experiencia de los migrantes que llegaban a un país sin nada y tenían que hacerse un lugar para progresar, pese a las dificultades, pese al idioma. Y creo que mi viejo también me marcó con la idea de hacer las cosas bien, de intentar algo con excelencia. No como un mandato explícito, pero sí con la idea de: si vas a hacer algo, hacelo lo mejor posible, hasta el fondo. Eso es lo que me mueve: darlo todo. No sé si como una misión, pero sí con la idea de dar el máximo. También está el destino: me tocó estar en Guatemala, en Perú, ahora en Argentina. Y siempre me pregunto: ¿qué puedo hacer acá? Incluso estando en una estructura más rígida que si fuera freelance. ¿Hasta dónde puedo llegar? Y entonces voy, voy, voy. Tal vez estoy equivocado y la agencia no necesita todo eso, pero yo quise dar este plus, propuestas que nadie me pidió.
C: ¿Equivocado en qué sentido?
R: En que no sé si la agencia necesitaba todo lo que hice. Yo pensé que sí, y creo que salió bien, pero si no lo hubiera hecho, no pasaba nada.
C: Pero así y todo, vos te sentís mejor…
R: Sí, me siento bien con haber hecho lo mejor posible, con aciertos y errores. Nadie me lo pidió, no lo necesitaban, pero yo lo quise hacer.



C: Es parte de lo que tenés en tu valija ¿no? Un orgullo personal. Te cambio de tema: ¿qué cosas hacés para la agencia y qué cosas para vos mismo? Pienso, por ejemplo, las publicaciones en tus redes sociales, sobre todo en Instagram. ¿La agencia te da permiso? ¿Tenés algún límite? ¿Cómo decidís usar tus redes?
R: Es un tema interesante. No tenemos restricciones de la agencia para subir fotos a las redes, pero sí tenemos que seguir los principios básicos del trabajo. A veces, por la ansiedad frente a alguna consigna política, subís cosas. Eso genera cierta preocupación. La bajada de línea es que las fotos hablen por sí mismas: contar hechos, lo que pasó. La regla es no posicionarse políticamente de manera abierta, aunque las fotos expresen mucho. La idea es no tener un perfil partidario. Si trabajás para AP, tenés que sostener una visión neutral. Que nadie pueda decir “Rodrigo es fotógrafo mileísta o antimileísta, kirchnerista o antikirchnerista, pro-Maduro o anti-Maduro”.
La agencia busca que seamos lo más neutrales posible. Pero no hay censura directa: nadie me dice qué poner o no.
C: ¿Y no importa si son fotos que mandás al servicio? ¿Las podés publicar igual en tus redes?
R: Sí, total libertad. También para hacer muestras o participar en concursos. La única excepción es el Pulitzer: allí se pueden presentar solo dos historias y los editores en Nueva York deciden cuáles, porque hay 300 fotógrafos en AP y alguien tiene que hacer la selección. Pero para el resto de los concursos, muestras, ir o no a charlas, decido yo.

Exposición Desvío. Foto de Nicolás Suárez
C: Y para una muestra como Desvío*, por ejemplo, ¿AP te cede las fotos y no revisa los textos o epígrafes que las acompañan?
R: Exacto. Hay mucha libertad, siempre dentro de la consigna básica de la que hablamos.
C: Claro, son premisas interiorizadas por vos, y a partir de ellas te movés.
R: Tal cual. Sabés que trabajás para clientes muy diversos y que AP pide que muestres los hechos.
C: ¿Y a vos te gusta usar redes sociales? Veo que a Instagram le dedicás tiempo y le das un uso especial, con textos propios…
R: A mí nunca me gustaron las redes. De hecho empecé porque un amigo del colegio me dijo: “Tu Instagram es horrible, yo te lo manejo si querés”. Así arrancó, no por mí sino porque él se ocupaba. Pero yo no quería perder el control, entonces revisábamos juntos qué publicar. Era época de pandemia, posteábamos mucho sobre lo que pasaba en Perú.
Después cambié la actitud: empecé a contar más sobre lo que me pasaba en el trabajo, a reflexionar sobre el oficio. Eso fue hace un año y medio más o menos. Trataba de decir algo más de las fotos que publicaba. Desde entonces trato de que las fotos que subo cuenten algo más, ya sea el reporte del día o una selección con una reflexión sobre lo que viví esa semana o ese mes. No soy obsesivo, a veces creo que perdemos mucho tiempo en redes, pero es una forma de mostrar mi trabajo por fuera del registro de la agencia. Porque en el servicio subís una foto con epígrafe y listo. En Instagram puedo contar algo más: una experiencia, una reflexión. Y eso fue un cambio, me involucré más.

© Rodrigo Abd
C: Para quienes trabajamos pensando estos temas eso que hacés es muy valioso. Las reflexiones sobre el oficio y todo lo que amplíe los espacios de debate y pensamiento siempre son bienvenidas. En ese sentido, las redes permiten ampliar esos debates públicos.
R: Sí, totalmente. Igual yo no me organizo tanto y no soy muy ducho con la tecnología, no es que me sale así de taquito. Como lo había empezado mi amigo, después lo reconfiguramos, y en un momento dije: “Esto lo tengo que hacer yo”. Porque ya no era solo “te muestro lo que pasó hoy”. Había implicancias personales. Lo que contás tiene repercusión, sentido, y también recibís palos de todos lados.
C: Claro. Las redes tienen un potencial de comunicación maravilloso, más horizontal, que abre diálogos nuevos. Pero también te exponen al odio que circula, y eso puede ser difícil de manejar.
R: Exacto. Vos ves fotógrafos de street photography donde todo es lindo, todo está bien, como Alex Webb: ¿quién podría estar en contra de eso? Pero cuando subís algo de un lugar donde se disputa el poder, la política, el sentido común, te caen palos de todos lados. Es más delicado que si hacés turf o fútbol: ahí los comentarios son “qué buena foto”. Pero en terrenos sociales o políticos, inevitablemente estás en el foco de la crítica. Hay que tener mucho cuidado.
( * ) Desvío es una muestra sobre fotografías de Rodrigo Abd curada por Jazmín tesone que estuvo expuesta en la galería Arthaus en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre mayo y agosto de 2025




