

Abrazar a un árbol
Por Cora Gamarnik
En la ciudad de Villa Allende, provincia de Córdoba, en Argentina, removieron un quebracho blanco de 284 años de existencia para que el asfalto de una ruta continúe en línea recta.

© Natalia Roca
Decenas de vecinos y vecinas se movilizaron en defensa del árbol al que llaman Quebracho Abuelo. Ocho empresas de grúas se negaron a sacarlo. Los funcionarios muncipales decidieron contratar entonces una grúa de otra provincia para realizar la infame tarea.

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Una comunidad de vecinas y vecinos autoconvocados en defensa del quebracho, junto con diversos especialistas, habían señalado que era posible modificar el diseño de la traza. Presentaron un proyecto que demostraba su viabilidad. Esa misma comunidad realizó un acampe de 32 días al pie del árbol. Con tan solo tres metros de desvío se evitaba su sacrificio. Nada sirvió. Al árbol lo arrancaron.

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Las autoridades prefirieron no escuchar ni a la comunidad ni a los especialistas ni al quebracho. En defensa de la línea recta y del cemento priorizaron que nadie tenga que desviarse de su paso para poder ir velozmente por paisajes deshabitados y árboles extirpados.

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Existe una noción que habla de cómo los seres humanos podemos comprender y compartir la experiencia emocional y el sufrimiento del mundo natural, es el concepto de afectividad ambiental, la emoción que sentimos cuando habitamos paisajes de gran belleza, por ejemplo.

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Tal vez la lucha en defensa del Quebracho Abuelo venga a mostrar lo que pasa cuando quienes deciden políticas públicas están “desafectados”. Tal vez la lucha en defensa del árbol se multiplique ahora como semilla.


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