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Nirvana Sinti
Amazonía -
mayo 05, 2026

Apuestas por el derecho a la comunicación

Entre los pueblos indígenas, las formas o prácticas de comunicación propia tienen diversos sentidos, lo que tienen en común entre ellos y, a la vez, lo que los diferencia frente al mundo occidental es su relación espiritual y cotidiana con la naturaleza, con la que se comunican permanentemente. Esta relación proviene de los sistemas de pensamiento y gobernanza propia, de las cosmogonías, lenguas, prácticas espirituales, símbolos y Leyes de Origen o Derecho Mayor; es decir, el paradigma bajo el cual cada pueblo habita este plano terrenal.

Estas prácticas son inherentes a la necesidad de transmitir los sentidos exclusivos de la realidad y la cultura, guardando completa relación con el territorio, las cosmogonías y la memoria cultural colectiva. De esta manera, lugares como la minga, la chagra, las asambleas, el círculo de la palabra, la tullpa, la kankurwa o el mambadero, se tornan escenarios en los que no solo se realiza la transmisión de saberes, sino que hacen parte integral de los ecosistemas de la comunicación propia. 

Por ejemplo, para los pueblos de la Sierra Nevada de Gonawindwa —o Santa Marta—, la comunicación está íntimamente ligada al pensamiento, el pensamiento que originó el “inicio del mundo”, de todo lo visible, la lengua y el territorio como núcleo de identidad ligado a la actividad cotidiana con un propósito espiritual.

Por su parte, los pueblos de la Amazonía, consideran que la comunicación propia se establece en diálogo con los seres que habitan la naturaleza como las plantas, los animales, el territorio y sus guardianes, porque ellos son actores en el ejercicio de la comunicación. La maloka, por ejemplo, es un espacio comunicativo orientado por el sabedor, al cual convoca a través del manguaré, el mambe y el ambil, bien sea para hacer trabajos comunitarios, eventos especiales o bailes tradicionales. 

En otros pueblos como Los Pastos, Awa, Quillasinga, Misak, Inga, Siona, Kamëntsá o Cofán se sustenta la comunicación en el manejo cotidiano del territorio y las plantas medicinales, en la conexión espiritual con los ancestros y, en segundo orden, con los medios apropiados como las emisoras, la televisión o los medios impresos. 

Pese a esta diversidad de contextos, las formas propias de la comunicación indígena se diferencian de los modelos de la comunicación occidental centrados en el paradigma de la información y transmitidos por medios tecnológicos. También se distancian de la comunicación dirigida a las masas sin generar interacción y, sobre todo, de aquella pensada desde los grandes monopolios empresariales cuya finalidad es el lucro, desde una perspectiva unidireccional del desarrollo, de la globalización y la homogeneización del pensamiento.

En este sentido, las apuestas por una comunicación desde el ser indígena, que materialice este derecho, parten de aportar a la construcción de una sociedad que reconozca, respete y proteja la diversidad cultural, contribuya al diálogo intercultural y esté libre de estereotipos, discriminación, desinformación y exclusión. Asimismo, buscan ponerle freno a las violaciones del derecho a la vida, a la integridad cultural y a la dignidad humana que han dominado históricamente las acciones y representaciones hechas en contra de los pueblos indígenas. 

Esta propuesta busca generar estrategias que fortalezcan los espacios para la comunicación cultural e intercultural, que fomenten el sentido del Buen Vivir y el diálogo permanente con la naturaleza. Por ello, es imprescindible la defensa, protección y el acceso a los espacios sagrados en los diferentes territorios, lugares donde se practican rituales comunicativos fundamentales para la pervivencia de los pueblos, afectados en muchas ocasiones por las intervenciones foráneas, el conflicto armado, el narcotráfico, el extractivismo, entre otros.

La comunicación indígena busca el resarcimiento al etnocidio lingüístico y cultural histórico que han vivido los pueblos indígenas, provocado por múltiples actores y factores externos. Sin duda son muchas y variadas las causas de la erosión lingüística; algunas de ellas relacionadas con el impacto de los medios masivos comerciales de comunicación y los modelos económicos que estos implantan en los territorios. Este daño evidente requiere ser reconocido y reparado. También la hegemonía mediática, la violación al derecho a la representación han propiciado acciones negativas estigmatizantes que fomentan la discriminación, la invisibilidad, la xenofobia y el desconocimiento de los aportes que los pueblos indígenas propiciamos a las sociedades modernas, la conservación de los ecosistemas ambientales, la mitigación del cambio climático, el equilibrio con la naturaleza, la protección de los territorios, entre muchos otros. 

Es necesario continuar visibilizando las enormes problemáticas que siguen viviendo los pueblos indígenas en sus territorios, desplazamientos internos, aumento en los asesinatos de líderes indígenas, defensores de los territorios, la presencia de actores armados, entre muchas otras denuncias hechas y por hacer a partir del ejercicio comunicativo. Todos estos crímenes afectan sustancialmente las formas propias de comunicación indígena sin las cuales es imposible la reproducción cultural de los pueblos. Por esto, la comunicación indígena brinda especial atención a los sabedores, incorporándolos como comunicadores por excelencia en el mundo indígena y como formadores, por ser ellos los depositarios del conocimiento y los valores a proteger y revitalizar.

De otra parte, el patrimonio cultural, material, inmaterial, simbólico, icónico y audiovisual de los pueblos indígenas ha sido saqueado en gran parte de sus territorios ancestrales. Se ha perdido control y autonomía en su manejo. El uso indebido de este acervo cultural, ya sea para fines mercantiles o para dar versiones descontextualizadas, ajenas a las propias y distorsionadas a los ojos del mundo no indígena, requiere que se reasuma este patrimonio para que permanezca en los territorios con un manejo adecuado y autónomo, según los criterios de sus autoridades y de acuerdo a las orientaciones basadas en el Derecho Mayor de cada pueblo. 

Es urgente garantizar la gestión, conservación y preservación de esta memoria viva, lo que no significa una imposibilidad de acceso al mundo no indígena; por el contrario, una comunicación indígena fortalecida permitirá que la sociedad en su conjunto pueda acceder a un entendimiento contextualizado y respetuoso de la vida indígena, no solo de su historia, sino de su presente y en concordancia con el pensamiento, la cosmovisión, la autodeterminación y por supuesto, la voz y la mirada propia de los pueblos indígenas. 

Se requiere avanzar en la creación de mecanismos que protejan la propiedad intelectual colectiva de los pueblos indígenas. La falta de estos ha esto ha conllevado al hermetismo cultural y, por consiguiente, al replanteamiento del desarrollo de las formas propias de conocimiento y su desarrollo creativo, ante la penetración de otros valores e impactos culturales externos a través de la televisión, la radio, el internet y a la evidente ruptura de los espacios de diálogo y transmisión del conocimiento intergeneracional, configurándose una situación que requiere urgentes esfuerzos de fortalecimiento y revitalización.

Por último, es necesario y urgente entablar conversaciones sobre la soberanía de los datos en tiempos de inteligencia artificial, accionar estrategias que nos permitan controlar, poseer, gestionar y utilizar nuestros propios datos y conocimientos. Que se garantice que la recolección y uso de la información refleje nuestras prioridades, valores, cosmovisiones en completa oposición a la aplanadora del colonialismo de los datos. 

Con estas apuestas, la comunicación indígena busca ser un referente que permita construir mecanismos horizontales de relacionamiento intercultural, siempre y cuando se avance de la abstracción conceptual a la concreción y garantía práctica de los derechos. El objetivo es lograr una confluencia de diferentes modelos de comunicación que promuevan los procesos autónomos de racionalización, diseño, organización y apropiación de las comunicaciones por parte de los pueblos indígenas, según sean sus expectativas y tradiciones.

Nirvana Sinti es comunicadora, realizadora audiovisual y gestora cultural. Su trabajo ha sido fundamental para visibilizar los derechos territoriales y culturales de los pueblos originarios tanto en Colombia como en espacios internacionales. Experta en comunicación cultural, étnica y comunitaria, cuenta con una trayectoria en el desarrollo de estrategias comunicativas de impacto nacional. Ha liderado procesos de equidad narrativa y formulación de políticas públicas para el Movimiento Indígena Colombiano, participando en la Mesa Permanente de Concertación (MPC), la Instancia de Decisión de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Sistema General de Regalías (IDPCI) y la Comisión Nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas de Colombia (CONCIP).