

Comunicar desde el territorio, la memoria y vida en colectivo del pueblo A’i Cofán
Para el cineasta indígena Nixon Andy, del pueblo A’i Cofán, comunicar no significa únicamente informar o producir contenidos. Es sostener el espacio vivo de lo colectivo, además de ser una herramienta fundamental para denunciar, defender, ejercer autonomía y conectar con otros pueblos que también enfrentan amenazas similares. Nixon en su documental “El río en nuestros hijos” intenta mostrar lo que realmente existe en el territorio desde las conexiones que la sostienen, las amenazas que enfrentan y la conexión espiritual con el río. Esta entrevista reflexiona sobre el vínculo entre el territorio, la memoria y la comunicación como ejes centrales para la defensa de su pueblo.
VIST: ¿Cómo entiendes el acto de la comunicación propia y apropiada cuando lo vinculas con el territorio, la memoria y la vida colectiva?
Nixon Andy: Para mí, comunicar no es solo informar o producir contenidos. Es sostener el espacio vivo de lo colectivo.
Cuando hablamos de territorio, no hablamos solo de un espacio físico. Para nosotros, como pueblo A´i cofán, el territorio es una relación viva: con el río, con los seres espirituales, con la naturaleza, con la medicina. Es una relación que también vive dentro de nosotros.
Comunicar desde ahí es recordar de dónde venimos. Recordar quiénes somos y hacia dónde caminamos. La memoria de los mayores que nos han transmitido su conocimiento es fundamental, porque si esa memoria se rompe, el territorio también puede debilitarse. Y si el territorio se rompe, algo dentro de nosotros también se fragmenta.
Por eso la comunicación, para mí, es un acto de responsabilidad. Una responsabilidad espiritual, pero también política, que hemos aprendido a asumir en estos tiempos.
Yo hablo desde lo vivido, desde mi territorio. No intento mostrar solamente paisajes bonitos o atardeceres. Lo que intento es que el territorio tenga su propia voz. Que pueda expresarse desde lo que realmente se vive.
Nosotros, como jóvenes, somos parte de ese territorio. Y lo que buscamos es mostrarlo sin exotizarlo, desde el conocimiento que nos han transmitido nuestros abuelos y desde las herramientas de comunicación que hemos ido aprendiendo. Así tratamos de compartir la importancia de nuestro territorio y de que otros puedan comprender nuestra forma de vivir desde nuestra cosmovisión.
V: ¿Cómo se expresa en tu manera de comunicar la relación entre territorio y condición de existencia?
N: En mi manera de comunicar siempre trato de partir de la experiencia vivida en el territorio.
No busco representar el territorio como algo externo, como un paisaje que se observa desde afuera. El territorio está vivo y nosotros somos parte de él. Por eso lo que intento es que el territorio tenga su propia voz.
Eso significa mostrar la vida cotidiana, las relaciones que existen con el río, con el bosque y con los espíritus que habitan el territorio. También significa reconocer que ese conocimiento viene de los mayores y que nosotros lo seguimos aprendiendo.
La comunicación, entonces, no es solo una herramienta técnica. Es una forma de afirmar quiénes somos y de sostener nuestra relación con el territorio.


V: En contextos de extractivismo, violencia o despojo, ¿qué papel cumple la comunicación en las realidades o problemáticas presentes en los territorios indígenas?
N: La comunicación indígena ha sido una herramienta fundamental para nuestros pueblos. Por un lado, nos permite denunciar lo que está sucediendo en nuestros territorios. Pero no es solo denuncia. También es memoria.
Nuestra comunicación forma parte de una defensa integral de la vida y del territorio. Nos ayuda a alertar a la comunidad, a organizarnos y a fortalecer el espacio colectivo y espiritual desde donde enfrentamos las amenazas.
A través de la comunicación también decimos algo muy claro al mundo: que nuestro territorio no está vacío. No está en venta. No está en juego.
Dentro de las comunidades también cumple otro papel importante: comunicar entre nosotros mismos. Decirle a los jóvenes, a los mayores y a toda la comunidad que existe una amenaza y que debemos fortalecernos para defender nuestro territorio.
También nos permite ejercer nuestra autonomía y nuestros derechos, y conectar con otros pueblos que enfrentan amenazas similares.
Nuestros pueblos han vivido distintas formas de extractivismo a lo largo del tiempo: el caucho, el petróleo, la minería. Son historias que se repiten generación tras generación. Por eso la memoria es tan importante. Nos recuerda que debemos seguir buscando estrategias para defender el territorio desde nuestras propias formas de organización.
Primero, esa comunicación debe estar clara dentro del territorio. Y luego puede salir hacia afuera para crear alianzas con otros pueblos y otras luchas.
Porque el territorio no es solo tierra. Los ríos, por ejemplo, son parte de nuestra vida. Son parte de un proceso colectivo. Y destruirlos sería destruir nuestra propia existencia.
V: En la película El río de nuestros hijos planteas que el territorio no aparece como paisaje sino como vínculo vivo entre generaciones. En el proceso de realización, ¿cómo decidiste qué mostrar y qué no mostrar?
N: Durante el proceso de hacer el documental fui entendiendo que no todo debe mostrarse ni todo debe exponerse. Muchas veces cuando se habla del territorio se tiende a exotizarlo, a mostrar solo lo espectacular. Pero para nosotros el territorio está vivo y tiene una dimensión espiritual que también merece respeto. Por eso decidí mostrar la vida cotidiana y la relación que tenemos con el río.
El río es central para nosotros. Desde pequeños nuestra vida comienza ahí: aprendemos a nadar, a caminar y a relacionarnos con el territorio.
El río es como las venas de nuestro cuerpo. Así como la sangre corre por nuestras venas, el agua corre por los ríos del territorio. Y si esas venas desaparecen, la vida también se detiene.
El documental también tiene mucho que ver con la memoria y con el futuro. En ese proceso apareció algo muy importante para mí: mi hija. Ella se convirtió en un reflejo de cómo esa relación con el territorio se transmite de generación en generación. Verla crecer, aprender a nadar y relacionarse con el río me ayudó a entender cómo seguimos transmitiendo esta memoria.
Por eso el documental no intenta mostrar algo espectacular. Intenta mostrar lo que realmente existe en nuestro territorio: la vida que hay ahí, las conexiones que lo sostienen y también las amenazas que enfrentamos.








