Entrevistas
Rodrigo Abd
Argentina -
octubre 23, 2025

Entrevista a Rodrigo Abd – Última parte

Por Cora Gamarnik 

 

Esta es la última parte de una larga conversación que tuvimos con Rodrigo Abd en Buenos Aires. Rodrigo es actualmente corresponsal de Associated Press (AP) en Argentina. Ingresó a la agencia trabajando en Guatemala en 2003. Desde entonces ha cubierto conflictos en Centroamérica, Siria, Afganistán, Libia, Ucrania y casi todos los países de Latinoamérica. Recibió el premio World Press Photo en 2013 y el Pulitzer en dos ocasiones: una por su trabajo en Siria (2013) y otra por su trabajo en Ucrania (2023).

El 6 de agosto de este año Rodrigo fue herido por la represión policial en Argentina: le perforaron el tímpano de su oído derecho con el chorro de un camión hidrante disparado a corta distancia. En septiembre de este año también fue elegido mejor fotoperiodista iberoamericano por POY Latam (Pictures of the Year Latin America).

Cora: Contanos un poco de tu trabajo en este momento

Rodrigo: A partir de enero empecé a trabajar en Buenos Aires y ahí cambió un poco mi rol en la agencia. Estoy viajando menos. Es un momento raro, porque siempre estoy pensando: ¿qué hago?, ¿qué viene?, ¿qué invento?, ¿qué nota puedo hacer? Estuve cubriendo las marchas de jubilados y estoy trabajando una historia en un barrio de Tigre, una nota sobre la desigualdad… Es un barrio que tuvo una historia muy interesante durante la dictadura, tuvo un astillero. Hoy está muy olvidado, al lado de barrios privados, con yates de millonarios que pasan por enfrente de un lugar recontra pobre. Quiero contar eso. ¿Qué sociedad estamos creando? También le dediqué mucho tiempo a la muestra Desvío que hicimos con Jazmín Tesone.

Ayahuasca Musuk

 © Rodrigo Abd

Cora: ¿Vos ahora estás fijo como corresponsal de AP en Argentina?

Rodrigo: Hace cuatro años decidí que quería volver a la Argentina. Antes estaba en una sección en AP que se llamaba Enterprise, que dejó de existir. Era un espacio donde había reporteros y fotógrafos que inventábamos proyectos, hacíamos cosas en todo el mundo. Tu oficina era el mundo entero y vos ibas proponiendo cosas. Eso desapareció y nos relocalizaron a cada uno de los quince fotógrafos que estábamos ahí. Yo quedé dentro de la región de Latinoamérica, en la oficina argentina. Ya quería volver.

Cora: Un gran cambio, ¿no?

Rodrigo: Si, estoy viajando un poco menos pero cuando no hay movimiento me lo invento. Siempre me gustó buscar la pequeña historia en el país donde vivo para explorarla. Si estaba en Perú, quería volver a un lugar de la selva donde estaban los buscadores de oro. Siempre me gustó encontrar algo que a priori no es una noticia e ir construyendo esa nota, haciendo un trabajo de modo artesanal: buscando, encontrándome con uno, con otro.

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© Rodrigo Abd

Cora: Eso implica correrse un poco de los criterios de noticiabilidad que impone una gran agencia…

Rodrigo: Exacto. Y muchas veces me fue mal. Tengo muchas historias frustradas. En Guatemala, por ejemplo, había muchos payasos. En un lugar tan duro y trágico la figura del payaso era central. Entonces me puse a hacer payasos. Había un Congreso de Payasos y fui con mi cámara de madera a retratarlos. Y en un momento encontré a un tipo bajo la lluvia, un payaso al que le decían “El Rayadito”. Yo quería hacer su historia. Era alcohólico, muy marginal, y me contó que cuando terminaba de trabajar, destruido, cansado, se quedaba dormido en la calle y le robaban los zapatos, lo más caro que tiene un payaso. Y eso no es noticia. Pero a mí me gusta trabajar así: quedarme con “El Rayadito”, ir a su casa, al cumpleaños de su hija, ver si la historia funciona, ver cómo armarla. Pero no es noticia.

Cora: Es construir la noticia. Construir una mirada sobre algo invisibilizado. Pero al mismo tiempo tenés que lograr un vínculo, que te interese la vida de quienes retratás más allá de la foto. ¿Es así? ¿Para que el otro después te entregue su imagen?

Rodrigo: Sí, pero cuando estoy en medio de esas historias pienso también en las fotos, en si van a funcionar o no. No es que soy un jesuita, alguien entregado al amor al prójimo. Estoy evaluando todo el tiempo si eso puede interesar a otras personas o solo a mí.

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 © Rodrigo Abd

Cora: Es interesante ese debate sobre los usos –o no– que hacen los fotógrafos de los otros. Puede haber una falsa humildad o un uso (sin miedo a esa palabra) que sea ético, genuino, sincero, y que a la vez ayude a quien fotografías.

Rodrigo: Vos no sabés qué alcance puede tener lo que hacés. Tal vez publico la historia del payaso y le cambia la vida. Me ha pasado. Como con el chico de Ucrania, que estaba parado frente a la tumba de su mamá: a él y a su familia los ayudaron mucho a partir de esa foto. Hay muchos ejemplos de gente a la que indirectamente ayudás con una foto tuya. Porque le das visibilidad a un tema que no estaba en agenda, alguien se entera, quiere ayudar, se mueven cosas. Otras veces la gente te cuenta sus historias y no obtiene ningún beneficio con eso. No hay algo medible. Y si te ponés a pensar mucho en esa ecuación es muy fácil paralizarse. Porque si creés que sí o sí le vas a cambiar la vida a la gente es muy difícil trabajar. Lo que sí creo es que si tu trabajo es muy, muy bueno tenés más posibilidad de ayudar que si es mediocre. Eso lo tengo claro. Sensibilizar a un público con algo que está pasando, y que se entera porque vos lo contás, es realmente importante. Es algo que tiene profundidad.

Cora: ¿Tuviste alguna vez el impulso de hacer fotos más personales o familiares? ¿De meterte hacia adentro?

Rodrigo: Siempre que pienso en posibles proyectos pienso en mostrar las vidas de otros, en contar otras cosas. Durante la pandemia, por ejemplo: ¿que iba a contar sobre mí? ¿que soy un privilegiado, que vivía en un barrio lindo de Lima, con todos los cuidados, con comida, cuando había gente que se moría en sus casas porque llamaban a un teléfono que nunca contestaban? ¿Cuando había gente que moría en la calle, que no tenía qué comer, que armaba una olla popular para sobrevivir? ¿Y yo iba a contar lo que me pasaba a mí? Siempre sostuve que los periodistas tenemos la suerte de ser privilegiados. Es mucho más importante mostrar lo que les pasa a otros, al que sufre más, al que está más jodido. Elegimos hacer periodismo para contar lo que le pasa a la sociedad. Ahora hay fotógrafos que han hecho trabajos extraordinarios, más personales. A mí no me pasó.

Ayahuasca Musuk
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 © Rodrigo Abd

Cora: Te cambio de tema ¿cómo ves lo que está pasando hoy en el fotoperiodismo en Argentina?

Rodrigo: Siempre sentí que, comparado con lo que pasa en otros lugares, en Argentina –a pesar de la crisis que hay en los medios–, hay más organización, ARGRA(1) tiene un peso importante. Tal vez lo de Jośe Luis Cabezas marcó un quiebre en el fotoperiodismo argentino. Hay muchos lazos de solidaridad, de pensar en el otro, incluso dentro de la dificultad que hay hoy en los medios tradicionales, las dificultades de trabajo. Ahora hay una inyección de juventud muy interesante. Pibes muy jóvenes que están en la calle, que son muy buenos, y que tienen una concepción que nosotros no teníamos sobre lo que es darse una mano, estar pendientes del otro, ayudarse. Eso es muy lindo, muy positivo.
También surgieron otros espacios más allá de ARGRA: lugares donde los fotógrafos se reúnen a conversar, la experiencia de ANCCOM, los encuentros de RAF(2), reuniones mensuales en la casa de un fotógrafo. Son espacios para encontrarse, conocerse, compartir información. Los grupos de WhatsApp también nos mantienen conectados. Todo eso genera conciencia de grupo.
Obviamente hay mucho por mejorar. Los chicos, las chicas más jóvenes cuestionan la estructura del fotoperiodismo que fue bastante machista, donde para las mujeres todo fue mucho más difícil. Vivir como fotógrafo sigue siendo muy complicado: equiparse, sostener la profesión. Pero, comparado con otros países de la región –como Perú o Guatemala–, siento que en Argentina hay una idea de unidad más fuerte. Los fotógrafos y fotógrafas intentan conectarse, ayudarse, y eso me parece muy valioso.

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 © Rodrigo Abd

Cora: ¿Te parece que tendrá que ver con haber sido un colectivo que sufrió represiones? Haber atravesado la dictadura militar, el asesinato de José Luis Cabezas, ahora lo que sucedió con Pablo Grillo…

Rodrigo: Eso existe pero también en Venezuela o en Perú los fotógrafos reciben palos, balas de goma y no pasa lo mismo que acá. Lo que sí creo es que en Argentina, en estos últimos meses, desde el gobierno de Milei, los fotógrafos están más en la primera línea. Hay más represión, más conflicto en la calle, y eso se traduce en más violencia y más exposición para los fotógrafos. La irrupción de una camada joven en este contexto -para muchos estas son sus primeras coberturas de represión- hizo que tomen conciencia más rápido, que se unan más rápido. Es comparable con lo que vivió nuestra generación el 19 y 20 de diciembre de 2001 en Argentina.
Lo de Pablo Grillo fue un antes y un después para nosotros. Al día siguiente todos empezamos a usar casco y máscaras. Los que ya teníamos sentimos la necesidad de usarlas más. Los que no, se compraron uno, aunque fuera de moto o de bicicleta. Todos cambiamos la forma de fotografiar después de lo de Pablo.
Eso tuvo un efecto inmediato: no solo en el equipamiento, sino también en la conciencia de los riesgos que corremos y en la solidaridad entre nosotros. Estamos atentos, preguntando si el otro está bien, viendo qué necesita, compartiendo datos sobre máscaras o equipos. De alguna manera nos organizamos más. Estamos en la primera línea en un momento histórico.

 Cora: ¿Cómo estás después de lo que te pasó y qué pudiste hacer en lo legal?

Rodrigo: Bueno, estoy viendo médicos, viendo cómo es la recuperación, que es muy lenta. Tengo el tímpano perforado y la perforación es grande. Tengo una sensación envolvente, me cambió la percepción de todo. Escucho distorsionado, como si estuviera inmerso en una burbuja todo el tiempo. Y en lo legal,  fui a la Procuraduría General de la Nación. Tienen mi testimonio, tienen lo que hizo el Mapa de la Policía y otros videos que muestran el hecho. Está todo muy documentado. El fiscal está reuniendo pruebas para llevarlo a juicio y armar una causa. Mientras tanto, voy aprendiendo a moverme con estas cuestiones médicas, legales… y sin poder trabajar, que es lo que me gusta hacer. Hasta que no me den de alta no puedo volver a la calle.

(1) ARGRA es la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina

(2) ANCCOM es la Agencia de Noticias de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. RAF es la sigla de Red de Acción Fotográfica, un colectivo de fotógrafxs.

Ayahuasca Musuk
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 © Rodrigo Abd

Cora: ¿Fotos no estás pudiendo hacer?

Rodrigo: Estuve haciendo fotos de jubilados en sus casas. Quería completar pequeñas historias de ellos, más allá de las marchas de los miércoles. Estuve yendo a sus casas y ya lo estoy terminando. Pero con la dificultad del oído todo me cuesta más, me canso. Por suerte no estoy imposibilitado y no me duele. Pero tenía un proyecto de viaje a Siria que ahora está frustrado.

Cora: Lo que pasó te muestra también un costado vulnerable…

Rodrigo: Sí. Mirá, el fotoperiodismo es un aprendizaje permanente. Es como la vida misma: te encontrás con situaciones inesperadas, te pasan cosas hermosas, aprendés de los demás, y de pronto te golpean cuando menos lo esperás, cuando pensás que no te va a pasar.

Es un camino largo, sinuoso, de aprendizajes. A mí me toca aprender de esto: haber recibido un golpe cuando no lo esperaba. Por suerte también recibí mucho cariño de colegas. Eso es otra lección: cuando necesitás, la gente está. Me preguntan “¿cómo te puedo ayudar?”. Incluso gente que casi no me conoce. Recibí mucha solidaridad.

Cora: Es como que el chorro de agua golpeó varias cosas al mismo tiempo ¿no?

Rodrigo: Yo siempre tuve una forma de pensar que me ayudó mucho y me sigue ayudando. Siempre pensé que a mí no me iba a pasar nada. Tal vez ingenuamente, pero muchas veces creí que teniendo el principio de hacer algo bueno, con buenas intenciones, con compromiso y mucho esfuerzo —porque cuesta mucho hacer bien este trabajo— eso mismo era una cierta protección. Asumía riesgos pero siempre pensé que a mí no me iba a pasar nada grave. Es un pensamiento irracional, lo sé, pero me funcionaba.  Tal vez, además del golpe físico, lo que se quebró fue esa lógica de que a mí no me iba a pasar nada. Y ese es un nuevo desafío para mí.

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Cora: ¿Cuando estabas en Ucrania sentiste miedo? ¿Sentiste que estabas en riesgo?

Rodrigo: No, no, porque yo llegué en un momento muy particular. Desde el hotel mismo sentía el “boom, boom, boom” de lo que pasaba en el frente de batalla. Pero cuando llegué a Kiev, a un mes de la ofensiva rusa, el frente estaba en las afueras y ningún periodista tenía acceso. Solo si justo un misil pasaba del otro lado de la línea podía afectarnos.

Lo que vimos fue lo que quedó cuando el ejército ruso se retiró de Bucha, un lugar que había ocupado y donde había sido el frente de batalla. Fuimos a registrar la destrucción, lo que había pasado en ese frente, pero cuando los rusos ya se habían ido.

A diferencia de los fotógrafos que estuvieron en Kiev en los primeros días, que sí estaban en el frente mismo y tenían acceso a todo. Pero como en ese momento había sido tan sangriento —en una semana murieron cinco periodistas—, el ejército ucraniano restringió el acceso al front line. A mí me tocó ir a ver lo que quedaba de un frente. Fue durísimo, pero no tuve el temor personal de que me pudiera pasar algo como sí me pasó en Siria, donde estuve en el frente con las milicias, en otra escala de conflicto, mucho más cuerpo a cuerpo. En Ucrania me tocó otro tipo de cobertura.

Cora: Te tocó ver cómo era la cobertura mundial de un nuevo conflicto bélico.

Rodrigo: A mí siempre me interesó pensar cómo cubrimos, qué cubrimos, qué hacemos, dónde ponemos el foco o donde no. Y no para tirarle dardos a la prensa —una prensa de la que yo mismo soy parte—, sino porque creo que es sano hacernos esas preguntas para intentar enfoques más interesantes o mostrar lo que queda por fuera de la agenda noticiosa, pero que puede ser valioso.

Contar ese “lado B”, ese desvío, eso que no vemos. Eso te hace replantearte mucho el sistema. ¿A dónde vamos? ¿Por qué vamos todos como ganado al mismo lugar? ¿Por qué vamos a ese lugar y no a otro?

El ejército ucraniano nos organizó un tour de prensa, donde todos íbamos a la misma fosa, a ver lo que ellos nos mostraban que habían hecho los rusos. Todos teníamos las mismas imágenes. Nuestros movimientos estaban muy controlados. Y eso lo sabés cuando estás ahí, en el día a día. Desde tu casa, cuando mirás el noticiero, lo que ves es el “enlatado”. Pero la imagen que llega viene de ese tour de prensa. Y está buenísimo entender cómo se estructuran los medios, cómo es la relación con los gobiernos y cómo eso cambia en determinadas situaciones.

Cora: Qué bueno poder contar esto. Mostrar el proceso de producción de las noticias, el detrás de esa maquinaria que tiene variables que muchas veces ustedes como fotógrafos no manejan.

Rodrigo: Claro, eso es lo que te gusta hacer a vos (risas).

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 © Rodrigo Abd

Cora: Si, es así… ¿Y sentiste lo mismo en algún otro lugar? ¿Que no podías controlar las imágenes que sacabas, que quedabas como parte de una maquinaria que decidía por vos?

Rodrigo: En Ucrania no fue todo el tiempo así. Cuando se abrió el acceso, cuando los rusos se fueron de ese frente, pudimos ir y contar la historia de lo que había quedado. Ahí no tuvimos restricciones, porque era importante que la prensa mostrara las atrocidades de la ocupación rusa. Al mismo tiempo son los niveles de control que ejercen los gobiernos sobre la prensa en estas situaciones. Algo que pasó toda la vida.

Cora: Sobre todo después de Vietnam. Ahí la acción de algunos fotógrafos freelance se le escapó un poco de las manos a los Estados Unidos, no los pudieron controlar.

Rodrigo: Claro. Vietnam fue un aprendizaje para los gobiernos: “que haya libertad de prensa, pero no nos peguemos un tiro en el pie”. Volviendo a Ucrania creo que podríamos haber contado más cosas. Una de las cosas de las que me arrepiento es la de no haber tenido la capacidad de narrar lo que era ese tour de prensa. Hacer la foto esperada, pero también fotografiar el tour mismo.

Lo intenté, traté de hacer algo, pero podría haber hecho un fotorreportaje sobre eso. Ahí es donde digo que a veces hay que tener coraje, pero un coraje profesional: contar un poco de lo esperable, pero enfocarse también en lo inesperado. Tomar ese riesgo, que es fundamental para hacer buen fotoperiodismo.

Los gobiernos tratan cada vez más de controlar lo que se ve. Nuestro desafío es salirnos de eso, tener un enfoque original, interesante. Lo del tour de prensa me quedó como un trabajo pendiente.

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 © Rodrigo Abd

Cora: ¿Y qué cosas sentís que sí hiciste bien con tu profesión?

Rodrigo: Creo que una de mis pocas virtudes —además de las ganas y la energía que tuve hasta ahora, antes del chorro de agua— es la capacidad de identificar historias importantes.

Yo no me considero un buen fotógrafo: no manejo bien la herramienta, no sé archivar bien, no soy experto en lentes ni en el software de las cámaras, ni se demasiado de la luz. Pero sí creo que tengo olfato para detectar una historia. Me doy cuenta de qué cosas pueden ser interesantes para públicos más amplios. A veces me equivoco, claro, pero generalmente cuando digo “esto puede funcionar”, va bien. Entonces, con esa idea, me mando y lo hago. Cuando pongo el ojo, algo sale. Ahora estoy pensando en la guerra sectaria por la religión en Siria. Ojalá lo pueda hacer. Son años tratando de identificar historias.

Cora: “El ojo Abd”, como titularon esa entrevista que te hicieron en Guatemala.

Rodrigo: (Risas) Sí, tengo cierto olfato para decir: “vamos por acá, esto puede funcionar”.

Cora: Y mirando tus fotos pareciera que también tenés un don de gente, una habilidad social, un carisma que te permite conectar con los demás, que los otros te donen de alguna manera su imagen.

Rodrigo: También soy insistente. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo fotos de jubilados que van a las marchas, pero en sus casas. Ayer estuve en la casa de la mujer a la que yo quería fotografiar cuando me dieron con el chorro de agua.

Cora: Contame más de eso.

Rodrigo: María Rosa Ojeda es una señora hermosa que vive en San Francisco Solano, en la Provincia de Buenos Aires. Tiene un bastón con la bandera argentina. Yo la había fotografiado muchas veces mientras les hablaba a los gendarmes, les decía: “¿Cómo van a golpear a los jubilados?”, “¿Por qué hacen esto?”. La retraté durante meses.

Ese día, el padre Paco(3) fue a abrazarla. Yo quería hacer esa foto. Ahí me pegó el chorro en la cabeza.

Yo ya les venía pidiendo a los jubilados sus teléfonos para ir a verlos a sus casas. Entonces la llamé y fui. Ella no sabía lo que me había pasado, solo sabía que habían lastimado a un fotógrafo.

Te cuento todo esto porque, a pesar de trabajar en una agencia donde esas cosas no importan tanto, yo había anotado el teléfono de María Rosa hacía meses. Y quería verla. Me quedé toda la tarde en su casa, me invitó a comer, tomamos café con su vecina, me contó toda su historia.

Y creo que eso es una de mis virtudes: la gente me ayuda mucho. Sin esa ayuda yo no podría haber hecho nada. No es tanto la fotografía. Yo fotografío lento, no me muevo rápido, muchas veces no sé dónde pararme. No soy un fotógrafo de prensa astuto: al contrario, se me escapan cosas. Pero bueno, yo pido un teléfono y después voy a la casa. Eso me sostiene. Ese contacto humano. Tal vez no sea un trabajo memorable, pero insistir, terminar las historias, llamar a la gente, producir por mi cuenta… eso me funcionó siempre. Y me conecta con la gente, que me invita, que me recuerda. Me llaman desde Afganistán, Haití, Perú, Guatemala. Y eso es lo que a mí me ha sostenido y me ha ayudado a seguir. Ese otro tipo de conexión con la gente me interesa.

(3) El padre Francisco Paco Olveira es un sacerdote católico, perteneciente al grupo de curas en Opción por los Pobres, que va regularmente a apoyar las marchas de las y los jubilados. Dichas marchas son sistemáticamente reprimidas por las fuerzas de seguridad argentinas. Están motivadas por los recortes y maltratos que sufrieron desde que asumió el gobierno de Javier Milei.

Ayahuasca Musuk
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Cora: Y en medio de todo esto, después del chorro de agua vino el premio POY Latam al mejor fotoperiodista del año en Iberoamérica.

Rodrigo: Sí… todo me pasa al mismo tiempo. Y surgen otros proyectos también. Es una mezcla tremenda de cosas. Está todo el malestar pero siento también un reconocimiento muy lindo y mucho cariño. Hace un tiempo Julieta Escardó nos invitó a su casa a hablar sobre su experiencia como jurado del World Press Photo. Yo estaba ahí escuchando y en un momento dije que me sentía como uno de los pocos fotógrafos que todavía tiene el chaleco Domke, pero que nos estamos quedando afuera de todo. Porque el modelo donde nos criamos, donde nos formamos, se está terminando. Y yo siento que soy parte de eso, yo me estoy terminando con eso. Si ves las premiaciones, hoy destacan fotógrafos que hacen trabajos de largo aliento, con una aproximación personal, sensible, proyectos de dos o tres años. Nosotros éramos de la generación del chaleco Domke, de los rollos. Para nosotros la fotografía de prensa era documentar el día a día. Veíamos a los Magnum con admiración, con extrañeza.

La fotografía evolucionó en muchos sentidos positivos, pero los que hicimos prensa toda la vida somos una especie en extinción. Los medios como los conocíamos están desapareciendo. Los premios reconocen otras cosas: o estás en medio de una mega guerra para hacer una mega foto, o hacés un proyecto de tres años sobre medio ambiente. ¿Y qué hacemos con toda nuestra generación de diarios, de revistas?

Les decía en esa charla: yo aprendo de todo, trato de absorber, pero el trabajo cotidiano del fotoperiodismo quedó hasta afuera de los premios de fotoperiodismo. Cada vez tenemos menos recursos, menos capacidad de responder a las noticias, viajamos menos, nos mandan a menos coberturas.

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 © Rodrigo Abd

Cora: Es indudable lo de la falta de recursos, la precarización laboral, las redacciones que ya no existen. Pero también veo una necesidad social enorme de ver imágenes, de conocer lo que pasa en otros lados.

Rodrigo: Eso sí. Pero el modelo en el que nos criamos, donde nos formamos y pensamos, eso se está cayendo. Surgen otras cosas: colectivos fotográficos, chicos y chicas que hacen cosas maravillosas. Pero el modelo de prensa… yo me siento el abanderado de una generación que se está muriendo.

Y volviendo a tu pregunta: recibir el POY Latam en este momento, con el oído lastimado, con esta sensación de fin de época, es un reconocimiento muy lindo. Es sentir que, a pesar de todo, todavía estamos en la pelea. Y queremos seguir y seguir documentando, aún con todas las dificultades, aún dentro de la maquinaria, dentro de los medios. Vamos a dar pelea siempre… hasta que la vida se termine.

Ayahuasca Musuk
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