

Endémico: una década repensando la comunicación ambiental desde el arte y la edición
En esta conversación entre VIST y Endémico, exploramos cómo el arte, la edición y la comunicación pueden convertirse en prácticas ecológicas. Desde Chile, Endémico propone una mirada que entrelaza estética y política para repensar nuestra relación con la Tierra: una ecología que se escribe, se diseña y se siente.
VIST: Endémico nació como un espacio para repensar nuestra relación con el entorno. ¿Qué contexto o necesidad dio origen al proyecto y cómo ha evolucionado su mirada a lo largo del tiempo?
ENDÉMICO: Endémico nació hace poco más de diez años en Chile como un medio de comunicación que busca entrelazar arte, diseño y cuidado ambiental. En ese momento, aunque los temas sobre naturaleza y el medioambiente ya estaban presentes en la conversación pública, solían abordarse principalmente desde las ciencias ecológicas y la conservación. El proyecto surge precisamente como una respuesta a esa limitación: queríamos abrir el diálogo e integrar otras disciplinas, otras miradas y sensibilidades que permitieran repensar nuestra relación con el entorno desde lo creativo y lo cultural.
Aun así, en sus inicios, Endémico estuvo muy vinculado a las ideas conservacionistas y a la celebración de la belleza del paisaje natural. Con el paso del tiempo —y en diálogo con el auge de movimientos y proyectos de activismo socioambiental— el proyecto ha ido transitando hacia una mirada más reflexiva, interseccional y regenerativa. Hoy entendemos las ciencias ecológicas como una de las muchas formas posibles de aproximarse a lo ambiental, y nos interesa especialmente el cruce con las perspectivas indígenas, con los activismos y, desde el mundo más académico, con las humanidades ambientales.
En 2022, Endémico vivió un proceso de renovación profunda que coincidió con la publicación de la edición número 10 de la revista impresa, titulada Vida/Muerte. Este hito marcó un momento de introspección colectiva en el que, como equipo, nos preguntamos: ¿Qué muere? ¿Qué nace? ¿Qué permanece? De esa reflexión emergió una nueva propuesta de diseño y un manifiesto que redefinió nuestra práctica editorial. En él declaramos el fin de estructuras rígidas y narrativas sin crítica —la conservación acrítica, el exceso de forma, el romanticismo y la dualidad occidental— para dar paso a un espacio más libre y experimental, donde surgen las narrativas del cuidado, la especulación de futuros y una temporalidad más amable para crear en colectivo.
Hoy, el proyecto se concibe como una plataforma editorial para inspirar y promover un sentido de agencia creativa en la forma en que narramos, visualizamos, resistimos y restauramos nuestra relación con la Tierra. Endémico, desde sus orígenes, busca desafiar identidades fijas y discursos apocalípticos en torno a lo ambiental, ampliando las ideas sobre cómo nos co-afectamos con el entorno del que formamos parte. Desde sus inicios, ha mantenido una vocación interdisciplinaria y una apuesta por entender que somos parte de la naturaleza, no algo separado de ella.

Manifiesto de Endémico /Foto: Gabriela Toro
V: Hablar de ecología desde el arte y la cultura implica ir más allá de la conservación: significa hablar de relaciones, de memoria, de lenguaje. ¿Cómo entiende Endémico la ecología desde su práctica editorial?
E: Para Endémico, hablar de ecología desde el arte y la cultura implica reconocer las relaciones materiales, simbólicas y afectivas que nos vinculan con el entorno. Desde nuestra práctica editorial, entendemos la ecología como una red de relaciones y afectaciones entre seres humanos, no humanos y también con otros elementos de la naturaleza —como volcanes, lagos o montañas—. Consideramos que cada componente, ya sea un organismo, un objeto o una idea, posee agencia e influencia dentro de un entramado común. En sintonía con algunas culturas ancestrales, reconocemos que las cosas también actúan, configuran vínculos y transforman la manera en que habitamos y comprendemos el mundo. En ese sentido, los libros, revistas y fanzines son objetos “vivos” que nos transforman y nos permiten restaurar la imaginación, abrir otros espacios para pensar y crear.
En un contexto dominado por la inmediatez digital, publicar en papel es un acto de resistencia y de comunidad: una forma de hacer circular ideas sobre lo vivo a través de un soporte vegetal que nos recuerda, también, la materialidad del pensamiento. Sabemos que no existe un medio completamente sustentable —ni el papel ni Internet lo son—, pero creemos que lo impreso ofrece una experiencia distinta: amplía los espacios de lectura, genera vínculos más pausados y profundos, y produce objetos con memoria, capaces de activar sensibilidades individuales y colectivas. El diseño cuidadoso y el ritmo editorial de Endémico buscan propiciar una lectura lenta y atemporal, donde lo ambiental no se aborda solo como tema, sino como práctica estética y ética. En este sentido, editar es también una forma de ecología: un ejercicio de cuidado y de cohabitación entre múltiples agencias —humanas y más-que-humanas— que nos invita a repensar nuestra relación con la Tierra.


Endémico #3
V: En sus publicaciones se percibe una tensión constante entre la contemplación y la denuncia. ¿Cómo equilibran lo poético y lo político en su forma de narrar los territorios?
E: Lo poético y lo político no son dimensiones opuestas, sino profundamente complementarias. En Endémico entendemos que toda mirada estética es también una toma de posición política, y que toda forma de posicionarse frente al mundo implica una sensibilidad particular, una manera de mirar, nombrar y contar. La historia misma del conocimiento nos recuerda que ni las artes ni las ciencias son campos neutros políticamente hablando. Por ejemplo, durante los siglos XVII y XVIII, los naturalistas que ilustraban plantas y paisajes de los territorios colonizados no sólo registraban la naturaleza: dibujar era también un modo de apropiarse de esos territorios, de inscribirlos dentro de una mirada imperial. Lo mismo ocurre con la taxonomía, que bajo la apariencia de un ejercicio objetivo de clasificación, borró los nombres previos y con ellos las cosmologías y saberes locales. Desde esa conciencia, en Endémico reconocemos que representar un territorio, una especie o un paisaje es siempre un acto político, al mismo tiempo que poético.
Pero también entendemos que el lenguaje poético, ese que nos inspira la belleza, nos permite abrir caminos donde el discurso explícitamente político, a veces, genera distancia. Lo poético nos ayuda a convocar otras sensibilidades y a invitar a públicos diversos a reflexionar sobre los territorios, la crisis global y nuestras formas de habitar el mundo. Creemos que en la belleza, en la pausa y en la contemplación hay también una potencia política: la de resistir al ruido, a la urgencia y a la uniformidad del pensamiento.
Nuestro trabajo editorial busca justamente ese equilibrio: construir relatos que conmuevan tanto como movilicen, donde la palabra, la imagen y el diseño se conviertan en herramientas para pensar críticamente, pero también para volver a mirar el mundo con asombro.

Endémico #10 / Foto: Emiliana Chateau
V: Muchos de sus artículos proponen pensar el territorio no como un objeto de estudio, sino como un sujeto con agencia. ¿Qué transformaciones éticas y estéticas implica escribir desde esa perspectiva?
E: Pensar el territorio como un sujeto con agencia supone reconocer que los lugares, los ecosistemas y los seres que los habitan —humanos, no humanos y más-que-humanos— actúan, se afectan y nos afectan, configurando una red viva de relaciones. Desde esa perspectiva, escribir sobre el territorio no significa describirlo desde fuera, sino participar de él, dejarse tocar, escuchar y aprender desde otras formas de conocimiento.
Esa apertura implica poner el cuerpo como experiencia de conocimiento: escuchar los relatos del margen, las leyendas, los mitos, los registros orales; caminar, observar, emocionarse. Todo ello forma parte del proceso editorial y creativo. Escarbar en las historias requiere una disposición sensible, una ética de la atención y del afecto. Escribir desde esa cercanía corporal y emocional se vuelve, en cierto modo, un gesto anticolonial, ya que cuestiona la jerarquía que históricamente ha situado la razón por encima de los sentidos, la mente sobre el cuerpo, y el saber científico como única vía legítima hacia el conocimiento.
En Endémico buscamos abrirnos a otras voces, especialmente aquellas provenientes de pueblos indígenas y de comunidades que han experimentado directamente los efectos de la crisis ambiental global. Esto significa reconocer el valor de los saberes que emergen de la experiencia territorial, de las prácticas cotidianas, los símbolos y las memorias colectivas que también construyen conocimiento. Así, escribir desde el territorio es escribir con el territorio: acompañar, resonar, dejarse afectar. Esa forma de relación, que une sensibilidad y conciencia, transforma también nuestra estética, llevándonos hacia una escritura y un diseño más poroso, intuitivo y encarnado, donde la palabra y la imagen se vuelven extensiones del cuerpo y del paisaje.


Endémico #2
V: Endémico articula voces diversas: científicas, artísticas, comunitarias. ¿Qué criterios guían esa curaduría editorial y cómo se construye una mirada colectiva sin perder profundidad crítica?
E: Nos guiamos sobre todo por un principio de interseccionalidad. En el caso de las revistas impresas, por ejemplo, buscamos que cada número refleje la complejidad de lo ambiental desde múltiples perspectivas —científicas, artísticas, comunitarias, territoriales, sociales—, entendiendo que ningún enfoque por sí solo puede abarcar la totalidad de los vínculos entre naturaleza, cultura y sociedad.
Esa diversidad se traduce en una apuesta por articular voces distintas: mujeres, personas de diversas disciplinas y procedencias culturales, así como territorios que suelen quedar fuera del relato centralizado. Nos interesa incluir miradas desde regiones menos visibilizadas, rescatar proyectos locales, pequeños y lentos, con otras temporalidades y formas de relación con el entorno.
Creemos que lo colectivo y lo interseccional precisamente genera mayor profundidad, más capas. El diálogo entre distintas disciplinas y sensibilidades permite tensionar las narrativas dominantes y abrir nuevas formas de pensar lo ambiental, sin jerarquizar saberes ni imponer una sola lectura.

Endémico #8 / Foto: Rafaelo Roasenda
V: A lo largo de sus números, el proyecto ha logrado tejer una comunidad de pensamiento. ¿Cómo se imaginan el futuro de Endémico en un ecosistema mediático cada vez más fragmentado y ruidoso?
E: Como proyecto editorial hemos elegido siempre no responder a la inmediatez. Nuestro trabajo no busca competir con el flujo constante de información, sino ofrecer un espacio de pausa, encuentro y escucha, donde la lectura y la reflexión puedan sostenerse en otros ritmos. Creemos que lo lento también es una forma de resistencia: un gesto político y poético frente a la velocidad y lo efímero que se han tornado los medios digitales y redes sociales, sobre todo.
Con el tiempo, Endémico ha ido ampliando su universo editorial. Ya no somos solo una revista y un blog: hemos publicado fanzines, recientemente publicamos un libro y otros objetos impresos que extienden nuestra práctica hacia nuevas materialidades y modos de circulación. Quizás ese sea nuestro horizonte: seguir creando proyectos editoriales, pero también encuentros de activismo regenerativo, talleres, convocatorias de cartel ambiental, etc. Todos estos hechos desde la lentitud, la atención y el cuidado. Continuar tejiendo una comunidad de pensamiento que no se define por la velocidad de lo digital, sino por la profundidad de las relaciones que se construyen al leer, mirar y pensar juntas. En un tiempo dominado por el ruido, aspiramos a permanecer como un lugar para lo que todavía necesita silencio.
Como escribimos en el fanzine Naturalezas Diversas: “En estos tiempos de desgaste y cansancio, proponemos un activismo regenerativo, es decir, un activismo basado en cuidados mutuos y autocuidados”. Qué Endémico sea “un refugio, un lugar de encuentro para conspirar”.


Endémico #10
V: ¿De qué manera el arte, entendido como forma de conocimiento, puede ayudarnos a descentrar la mirada humana y abrirnos a otros modos de percibir el mundo?
E: El arte es una forma de conocimiento tan legítima y necesaria como la ciencia, pero con una potencia distinta: mientras la ciencia busca ofrecer –sobre todo, aunque no únicamente– respuestas, el arte nos invita a hacernos preguntas, a dudar, a imaginar y a sentir de otras maneras. Esa apertura es esencial para descentrar la mirada humana y abrirnos a modos de percepción que incluyan no solo a las y los humanos, sino también a seres no humanos y a lo más-que-humano: los ríos, los minerales, las montañas, los microorganismos, los paisajes.etc.
Desde Endémico, entendemos el arte también como una forma de artivismo —la unión entre arte y activismo—, una práctica capaz de movilizar sensibilidades y cambiar actitudes. A través de la imagen, la palabra o el objeto editorial, el arte puede revelar aquello que la lógica científica o la comunicación tradicional a veces no logra transmitir: la interdependencia, la fragilidad, el asombro, el vínculo invisible entre todas las formas de vida. Por eso, en nuestras publicaciones, el arte no es un acompañamiento visual, sino una forma de pensamiento que amplía el campo de lo posible.

Endémico #6 / Foto: Rafaelo Roasenda
V: En sus páginas aparece una noción recurrente: la idea de que los conocimientos ancestrales no pertenecen sólo al pasado. ¿Cómo dialoga Endémico con los saberes territoriales y las epistemologías no occidentales?
E: Los conocimientos ancestrales no pertenecen al pasado, sino que son saberes vivos que siguen transformando la manera en que habitamos y pensamos el presente. Desde nuestra labor editorial buscamos relevar los relatos que han sido desplazados o silenciados, ofreciéndoles un espacio desde donde puedan dialogar, resonar y coexistir con otras formas de conocimiento.
Latinoamérica es un territorio profundamente complejo y diverso. En este contexto, documentar las múltiples perspectivas que surgen desde aquí se vuelve un acto vital frente a la tendencia homogeneizante del pensamiento hegemónico que ha llevado a la humanidad a una crisis multidimensional —ambiental, social, económica, política, etc.—. En este sentido, buscamos dar cuenta de esas tensiones, pero también de las potencias que emergen en los márgenes: comunidades, saberes y prácticas que encarnan otras formas de vivir y de pensar la relación con la naturaleza. Estamos profundamente convencidas de que proteger la diversidad en todos sus sentidos es importante para lograr un habitar más amable.
Dialogar con epistemologías no occidentales implica reconocer que existen otros modos de entender el mundo, modos no extractivos, mucho más colectivos, basados en el afecto, la reciprocidad y la interdependencia con la Tierra. Estos saberes no solo enriquecen la reflexión ambiental, sino que desplazan el centro desde el cual pensamos lo humano, invitándonos a imaginar futuros donde la coexistencia y el cuidado estén en el centro.


Endémico #10
V: Si Endémico pudiera formular una sola pregunta al presente —una pregunta que atraviese su práctica editorial y su sentido de urgencia—, ¿cuál sería?
E: En un tiempo saturado de información que varía desde discursos apocalípticos a discursos absolutamente indiferentes respecto a la crisis global, tiempos en el que la desconfianza hacia las instituciones crece y todo proyecto parece obligado a seguir el ritmo acelerado de las redes sociales y su naturaleza consumista —donde la atención dura apenas lo que dura un scroll—, la pregunta que atraviesa nuestra práctica editorial podría ser: ¿Cómo hacer comunicación ambiental efectiva en los tiempos que corren? o ¿cómo restaurar la atención en medio de tanto ruido?
Creo que esta pregunta nos interpela sobre cómo comunicar sin reproducir la urgencia del sistema que intentamos cuestionar, cómo crear espacios de pausa, de escucha y de reflexión que devuelvan profundidad a la experiencia de leer, mirar y pensar. En Endémico, entendemos que restaurar la atención también es restaurar una forma de estar en el mundo: más lenta, más sensible y más consciente de nuestras interdependencias y de nuestro entorno en general.

Foto: Rafaelo Roasenda
V: Sabemos que la próxima edición está en camino. ¿Podrían contarnos cómo se está gestando, qué voces la conforman y qué tipo de conversación buscan abrir con ella?
E: La próxima publicación de Endémico será un libro dedicado a la comunicación ambiental, un proyecto que venimos gestando desde hace varios años y que surge de una necesidad muy concreta: la falta de referentes y guías sobre cómo comunicar lo ambiental de manera efectiva, ética y sensible. Durante mucho tiempo sentimos ese vacío en nuestro propio trabajo editorial, y decidimos abordarlo desde adentro, construyendo el material que a nosotras mismas nos hubiera gustado tener.
El libro reúne voces diversas —de periodistas, artistas, diseñadores, comunicadores y activistas— que reflexionan sobre los desafíos de comunicar en un presente saturado de información, urgencia, pero también de desinterés. No busca entregar fórmulas, sino abrir una conversación sobre cómo restaurar la atención y repensar la manera en que hablamos del medioambiente, desde la intersección entre arte, ciencia y comunicación.
Más que un manual, esta publicación es una invitación a pensar colectivamente qué significa comunicar desde el cuidado, la lentitud y lo situado. Con este libro queremos ofrecer una herramienta crítica, que contribuya a que las historias de la Tierra puedan seguir siendo contadas, y, sobre todo, escuchadas.
Endémico / Directora & Editora: Nicole Ellena / Edición web: Constanza López Cabello / Editores revista impresa: Jens Benöhr & Sofia Rosa Rivero / Director de Arte revista impresa: Cristian Toro / Diseñadora: Paola Gómez Boza


Colección Endémico / Foto: Nicolas Roldan


