Textos
Nirvana Sinti
Amazonía -
abril 22, 2026

Desde nuestras voces

Comunicación indígena: memoria, territorio y derecho a narrar desde las propias voces

En un mundo globalizado que tiende a homogeneizar el pensamiento, la comunicación indígena se presenta como un grito de diversidad, una afirmación de la persistencia de los pueblos y de su capacidad para relatar sus propias historias con la dignidad que confiere el ser hijos de la Tierra.

Para los pueblos indígenas, la comunicación trasciende la noción de mercado o servicio; constituye el tejido mismo que sustenta nuestros sistemas de pensamiento. La garantía de este derecho reconoce que nuestras formas de ver, escuchar y contar el mundo son válidas, científicas y necesarias para el equilibrio de la humanidad. Declaran el Derecho a la Comunicación como un derecho intrínseco, anterior a la formación de los Estados modernos.

Pero no siempre fue así, durante décadas hemos tenido que ver cómo nuestras imágenes, voces y rituales sagrados han sido extraídos, interpretados y archivados bajo lógicas externas, reduciéndolos a meros “objetos” de estudio o curiosidades folclóricas. Este proceso condujo a nuestra invisibilización en la historia oficial, un relato dominado por aquellos con acceso a los códigos y lenguajes considerados hegemónicos.

Cuando se narra una historia, se hila un tejido, o se transmite un canto tradicional, se está preservando la memoria viva de los pueblos y territorios, prácticas de comunicación propia incrustadas en los sistemas de pensamiento y gobernanza de cada comunidad. Ahora, en la actualidad cuando una cámara registra la danza de un mayor, o una grabadora captura el canto de curación de una sabedora; estamos asegurando que el espíritu de ese conocimiento siga dialogando con el futuro. Así entendimos que la tecnología no es neutra, pero hemos tenido la sabiduría para apropiarla.

Es la «comunicación apropiada», entonces, la que, sirviéndose de herramientas modernas como el video, el sonido, lo escrito y lo digital, obedece a las lógicas de nuestro pensamiento ancestral. Es una comunicación que no individualiza, sino que colectiviza; que no busca el espectáculo, sino la verdad; que no extrae, sino que retribuye; es la extensión tecnológica de sus prácticas de transmisión oral, es su herramienta de defensa contra la aniquilación de saberes y conocimientos propios, es un acto de defensa territorial.

Así como la Guardia Indígena protege los linderos físicos en sus territorios, los comunicadores protegemos las fronteras simbólicas y culturales de los pueblos en su integridad. Es la garantía de que nuestras lenguas no se callarán, de que nuestros saberes botánicos, astronómicos y espirituales seguirán guiando el buen vivir de la humanidad. Este también es un aporte a la construcción y búsqueda de la anhelada paz, porque no hay paz sin memoria, y no hay memoria verdadera si no se cuentan todas las historias, especialmente aquellas que han resistido siglos de silenciamiento.

En la comunicación está nuestra voz, nuestra imagen, nuestro espíritu. Por la pervivencia de la palabra y la imagen de los Pueblos Originarios. Por el Derecho a Comunicar desde nuestra propia Ley de Origen y por el fortalecimiento de nuestros Sistemas de Conocimiento.