

Ciudades pluriétnicas y multiculturales
Los procesos migratorios de los pueblos indígenas hacia entornos urbanos han sido históricamente motivados por el despojo de tierras, la degradación ambiental, la expansión de las fronteras agrícolas, los proyectos extractivos, el desplazamiento forzado por el conflicto armado, el control de los territorios y diversos factores socioeconómicos, entre ellos la búsqueda de oportunidades y el acceso a la educación y a servicios de salud inexistentes en zonas rurales. Estos desplazamientos han transformado la configuración sociodemográfica de países enteros, obligando a las ciudades y a los “ciudadanos nativos” a gestionar la interculturalidad y a coexistir en la diversidad.
Racismo sistémico, marginación laboral, pérdida de la lengua, pobreza, hacinamiento, invisibilización y genocidio estadístico son algunos de los retos a los que los pueblos indígenas se ven enfrentados en medio de estos procesos migratorios. A la heteroinvisibilización se agrega la autoinvisibilización como estrategia identitaria para la integración a las sociedades urbanas, tal como el cambio de nombres y apellidos de los niños, ya que “en muchos contextos urbanos llevar un apellido originario puede ser tan discriminante como la indumentaria y ciertamente más que el color de la piel”(1)
“Cuando te vas del pueblo, pierdes tu identidad, pierdes tu historia; no te preocupas por quién eres, sino por sobrevivir” Emma Cucul, comunicadora Maya Q`eqchi`
Ante la efervescencia política, social, cultural y comunitaria del siglo XX en donde se adoptaron las medidas más ortodoxas del sistema neoliberal, los pueblos indígenas se empoderaron de su realidad.
Contar una y otra vez quién eres, de dónde vienes, por qué saliste de tu territorio, por qué te ves, vistes, hablas y sientes diferente a las personas que habitan en promedio los contextos de ciudad, llevó a que la tradición oral encontrara otras formas de expresión. Primero fue la escritura, después la grabación de relatos que terminaron convirtiéndose en propuestas de futuro plasmadas en el audiovisual, la radio y el documental.
La historia también nos habla de la migración voluntaria, cultural y ocasional; de flujos internos campo-ciudad, transfronterizos y extrarregionales por asilo, comercio, redes familiares, entre otros. En estos casos, y ante la imposibilidad de habitar espacios que permitan la réplica de la comunicación propia, como la chagra, el río o la maloca, entre otros, la apropiación de maneras de comunicar se vuelve fundamental para la redefinición de las identidades étnicas y se transforma en una herramienta contemporánea de resistencia adoptada por los pueblos indígenas.
En las ciudades, habitan generaciones enteras de indígenas urbanos -descendientes de padres indígenas, nacidos en contexto de ciudad- quienes también se han tenido que valer de las herramientas comunicativas apropiadas para reconstruir su conciencia indígena, conceptualizar las nuevas indigeneidades, hacer las paces con las urbanizaciones indígenas y sanar las heridas que el despojo de sus territorios dejó en sus padres, jóvenes que ya no quieren autoreconocerse como víctimas del conflicto armado y que están siendo muy propositivos en cómo habitar las ciudades desde el ser indígena.
Estos mismos jóvenes se han venido formando en carreras académicas profesionales que hoy les permiten ser intérpretes entre el mundo originario y el occidental e incidir en los cambios de paradigma urbanos, las políticas públicas, la educación y los modelos de desarrollo.
Las lenguas nativas, por ejemplo, son de las primeras prácticas que se pierden en el contexto urbano, debido a que no se transmiten en espacios formales como la escuela, sino en la cotidianidad del trabajo con la tierra, la pesca, la caza, el tejido, el fogón, entre otros. Frente a ello, en el contexto de la ciudad se implementan estrategias de enseñanza que permiten su transmisión en asambleas, círculos de la palabra, mingas y encuentros de pueblos, así como su incorporación al currículo educativo formal, con el propósito de formar no hablantes nativos, sino “hablantes por herencia”.
Ante la invisibilización en los medios de comunicación tradicionales, la apropiación tecnológica, la creación de colectivos, el uso de plataformas digitales y redes sociales han sido estratégicos para desmentir estereotipos y comunicar desde la mirada propia.
En este ejercicio hay que destacar que las mujeres indígenas han asumido un rol protagónico en las comunidades urbanas, rompiendo barreras tradicionales. Las mujeres han liderado el empoderamiento entre las comunidades, denunciando violencias de género y defendiendo los derechos de sus pueblos en entornos metropolitanos.
También existen ejercicios comunicativos tanto en los territorios indígenas como en la ciudad, que han sido poderosos para la alfabetización sobre el mundo indígena, la descolonización epistémica y la despatriarcalización del pensamiento.
La radio comunitaria, por ejemplo, es una de las herramientas más incidentes en la refundación de las sociedades modernas; ha sido la apuesta cultural, educativa, política y estratégica más consciente que han hecho los pueblos indígenas en materia comunicativa.
Una de las disputas actuales está relacionada con el reconocimiento de los colectivos de comunicación indígena como medios y fuentes oficiales de información. No contar con este reconocimiento limita su acceso a espacios destinados a la prensa y a los medios “oficiales”, espacios a los que los medios masivos y tradicionales de comunicación acceden sin mayor dificultad.
Hoy, los procesos comunicativos indígenas urbanos reclaman un lugar en la reafirmación étnica de la ciudadanía transnacional, así como el acceso al uso de instrumentos y medios de comunicación, y a la gestión de los sistemas comunicacionales, en igualdad de condiciones con los medios no indígenas.
Finalmente, los procesos migratorios han incrementado la diversidad cultural en las urbes y han traído cambios y nuevas realidades, sobre todo entre los jóvenes y las segundas generaciones de migrantes, con enormes retos identitarios. En este contexto, estos “no lugares”, estrategias, posturas, medios y encuentros procuran que las urbes no asimilen la cultura; que existan otros modelos para la retransmisión de saberes ancestrales y que la memoria siga viva, adaptándonos al asfalto sin perder nuestro origen.
(1) Albó et al., 1983, p. 19, citado en Caggiano, 2010, p. 72
Nirvana Sinti es comunicadora, realizadora audiovisual y gestora cultural. Su trabajo ha sido fundamental para visibilizar los derechos territoriales y culturales de los pueblos originarios tanto en Colombia como en espacios internacionales. Experta en comunicación cultural, étnica y comunitaria, cuenta con una trayectoria en el desarrollo de estrategias comunicativas de impacto nacional. Ha liderado procesos de equidad narrativa y formulación de políticas públicas para el Movimiento Indígena Colombiano, participando en la Mesa Permanente de Concertación (MPC), la Instancia de Decisión de los Pueblos y Comunidades Indígenas del Sistema General de Regalías (IDPCI) y la Comisión Nacional de Comunicación de los Pueblos Indígenas de Colombia (CONCIP).


