Yann Gross y Arguiñe Escandón

Aya: dejar que la selva se revele a sí misma

por Yann Gross y Arguiñe Escandón

Perú
29·03·2021

En 2016 la fotógrafa española Arguiñe Escandón encontró en el mercado madrileño de El Rastro una postal antigua de la Amazonía. Era una foto coloreada, tomada en 1888 cerca del Río Ucayali, en Perú. En ella se veía a un grupo de personas posando frente a un cocodrilo enorme. En el centro, un hombre blanco fusil en mano, rodeado de una docena de indígenas de la zona. La escena resumía una especie de safari sudamericano: el lugar común del hombre blanco visitando un territorio que a sus ojos era exótico, sorprendente.

Arguiñe decidió mandársela por correo a su colega, el fotógrafo suizo Yann Gross, que trabajaba en la zona. La acompañó con un mensaje: «Cuidado en la selva, recuerda soplar tres veces para que te den su permiso los árboles. Protege bien tu costado derecho, no vayas a terminar como el protagonista de esta foto». Se refería al francés Jean-Jacques, conocido como «Charles» Kroehle. El hombre había recorrido Sudamérica a fines del siglo XIX hasta que murió, por la herida de una flecha que no pudo curar a tiempo. Sus fotografías fueron claves para la creación del imaginario que se tiene hasta hoy del universo amazónico y que Yann y Arguiñe quisieron desandar. Para eso decidieron ir tras los pasos de Kroehle y recorrieron el mismo trayecto pero con un enfoque sensorial, intentando no repetir «los clichés amazónicos».

Varios viajes después nació Aya, publicado por la editorial RM y que fue nominado como uno de los mejores libros de 2020 en varias selecciones relevantes, en él combinan imágenes antiguas con otras propias. La pregunta que atraviesa el trabajo es cómo trascender el enfoque colonialista que imperaba en las fotos de Kroehle y que, dicen los autores, hoy continúa por otros medios, transformada en su reverso: una imagen romantizada y melancólica, que añora un supuesto paraíso perdido o, con suerte, a punto de perderse.

Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón

Ambos trabajan sin eludir su propio lugar de origen: los dos son un otro que se adentra en un territorio ajeno, posición que impulsa redoblar las preguntas y los cuidados a la hora de construir un relato. Esa contradicción se resuelve –o se amortigua– cuando ponen el cuerpo.

En uno de los textos plasmados en el libro, el hijo de un chamán les dice:

«Si quieres aprender de plantas, tienes que preparar tu cuerpo. Cada planta tiene su propio espíritu y personalidad. Ellas pueden hablar contigo. Cuando las ingieras, serán tus maestras. Ellas dibujarán tus emociones desde adentro. Ellas te enseñarán cómo reconectar el cuerpo con la mente…»

La enseñanza derivó en que cada viaje se convirtiera en una dieta: una serie de ceremonias que a veces duran semanas enteras, en las que se consigue vincularse con cada una de las plantas y dejar que ellas hablen desde adentro del cuerpo.

En ese camino aprendieron «la mejor forma posible de representar la selva era que la selva se revelara por sí misma». Por eso buscaron plantas con propiedades fotosensibles, montaron un laboratorio en pleno bosque para experimentar distintas técnicas de revelado botánico y usaron piel de serpiente semi transparente para crear un fotograma. El resultado se plasma en un libro que representa la selva de una forma profunda y compleja. Para Yann, en las fotografías –y en la selva– hay poesía en la misma medida que oscuridad y miedo.

Si geográficamente hacen la misma travesía que aquel fotógrafo de lo exótico, para no seguir su destino –ese peligro del que alertaba la postal con la que empezó el proyecto– con sus viajes y con cada dieta se adentran en la dualidad profunda de la selva y pagan el tributo que el bosque pide a quienes quieren conocer su secreto: poner el propio cuerpo en juego. Dicho en otras palabras: esa dualidad poderosa y abrumadora que vive en la Amazonía, se puede espiar –quizás nunca aprender– solo a cuesta de traspasar la postal y dejarse atrapar por la selva. Lo que está del otro lado es esa dualidad que también vive dentro nuestro, pero que pocos se animan a bucear.

  

Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón

¿Cómo comenzó la relación con el Amazonas?

Y: estuve trabajando en el Amazonas desde el 2008 para el proyecto relacionado con El libro de la selva. Y en 2016, cuando empezamos a trabajar juntos, optamos por cambiar el proceso de creación para realizar este nuevo libro de una forma diferente y compartida entre los dos.

A: él estaba trabajando en ese terreno y ya lo conocía muchísimo. Nos interesaba hacerlo juntos de una forma en la que se notase que éramos cuatro manos, dos personas. Que no fuese como una continuación del camino que él ya estaba explorando. Todo empezó por una postal. Yann y yo nos conocemos desde el 2008, cuando ambos fuimos nominados a Descubrimientos PhotoEspaña. Ahí nos encontramos y nos hicimos amigos. A partir de ahí, mantuvimos el contacto, sabiendo un poquito qué estaba haciendo cada uno. Descubrí un día en el mercadillo de «El Rastro», en Madrid, una postal que luego sería la primera página de nuestro libro. Le mandé esa postal y a partir de ese momento empieza una búsqueda, una investigación.

Y: conocía bastante los estudios antropológicos del Amazonas y sus representaciones gráficas. Esta postal me llamó mucho la atención porque no sabía de la existencia de este fotógrafo. Descubrimos que había una historia bastante desconocida sobre el trabajo fotográfico de Kroehle en el Amazonas. Pensamos que sería bonito seguir una investigación juntos, tomando esta imagen como punto de partida para un nuevo proyecto.

Si tuvieran que explicar el libro, ¿qué dirían?

Y: por una parte, están los descubrimientos de los archivos de este fotógrafo. Por otra, nuestra forma de fotografiar mientras avanzábamos con las investigaciones. Y detrás de todo está la parte de experimentación con el jugo de plantas. En todas esas cosas hay un hilo conductor. Conociendo los pasos que había dado este fotógrafo, la idea era no solo seguir su pista, sino también intentar enseñar nuestra experiencia de la selva.

No lo vemos como un proyecto documental, porque la postura de Kroehle era bastante… ¿cómo decir? Por una parte ha sido el primer fotógrafo que ha hecho un trabajo consecuente en la Amazonía peruana. Pero también está bastante conectado con una mirada colonialista en la época de la extracción del caucho. Hay un poco de esas dos caras. Nosotros, como fotógrafos también europeos yendo a la selva, al final nos estábamos preguntando: ¿cuál es nuestra meta?, ¿cuál es nuestro rol? Podemos repetir lo que se ha venido haciendo durante los últimos siglos o podemos contarlo de una forma diferente, guiándonos por nuestras propias intuiciones y experiencias.

A: de alguna manera, es para nosotros un trabajo mucho más sensorial. Nos adentramos en la selva pero hablamos mucho más de emociones o de sensaciones. Cómo es estar en algo que de alguna forma sale de los parámetros del ser humano, que es muchísimo más inmenso que nosotros mismos. Buscamos separarnos de esa visión de nosotros como seres humanos, sino todo lo demás que, al final, es continente y contiene.

Y: conviviendo con una de estas comunidades indígenas, en un momento dado, nos dijeron que si de verdad queríamos entender la selva, entonces debíamos conversar con ella, teníamos que dietar sus plantas. Y ahí podríamos empezar a conversar con sus « espíritus ». A eso se suma que cuando estás en la selva también pierdes un poco tus referencias tecnológicas y culturales. Aprovechábamos esos momentos para intentar fotografiar y ver dónde nos llevaba un poco el estado mental en el que estábamos. La conclusión fue que, tal vez, la mejor forma posible de representar la selva era que la selva se revelara por sí misma.

Empezamos a identificar plantas que tenían propiedades fotosensibles, con las cuales podríamos luego representar el bosque recogiendo las hojas de estas mismas plantas.  

Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón

“En cada viaje, hacíamos dieta estricta de una planta diferente”.

¿Cómo trazaron la ruta del viaje?

Y: como punto de partida escogimos recorrer la ruta de Kroehle a través de un álbum de sus fotos que encontramos en París. Esta ruta inicial fue modificándose a medida que la propia experiencia nos iba descubriendo nuevas direcciones. Para este proyecto, estuvimos en la selva siete meses en total en varios viajes que duraban entre seis semanas y dos meses. En cada viaje, hacíamos dieta estricta de una planta diferente. Luego salíamos un tiempo para procesar todo lo que ya habíamos hecho antes de volver. Empezamos por la parte de la región de Ucayali, bajando hasta Loreto, Iquitos y luego subimos hasta Tarapoto.

¿Cómo fue ese momento en que les dijeron «para poder dialogar con la selva y alejarse de esa mirada colonialista con la que vino este fotógrafo, tienen que dietar»?

A: fue el hijo de un Chamán, Mario. Él fue nuestro primer contacto para empezar a experimentar las plantas. En el libro hay un «Manual de convivencia en el bosque (según Mario F.)» y son las transcripciones exactas de lo que él nos contaba sobre cada una de ellas. Es una persona imprescindible en el desarrollo de nuestro proyecto. Ya que a través de su conocimiento y su cercanía se creó un vínculo muy estrecho que nos aportó seguridad y confianza en cada paso.

A veces tenemos una versión idealizada sobre la selva. En su trabajo se transmite que la selva no es un lugar necesariamente idílico…

Y: lo interesante es que la representación del Amazonas no ha cambiado por un siglo: el imaginario que tenemos es el mismo que teníamos hace 120 años. Antes, al descubrir esos pueblos, las imágenes eran para enseñar cómo eran los salvajes, los no-civilizados. Luego esto cambió y esas mismas imágenes al día de hoy son vistas como imágenes románticas de un pasado que nosotros hemos olvidado.

Existe esta idea en los países industrializados de que el Amazonas todavía es un santuario virgen. Nosotros, como fotógrafos, nos propusimos transmitir esas sensaciones que nos proporcionaba la selva sin reproducir imágenes demasiado románticas. Porque, sabes, en la selva la vida es bastante dura, no es tan idílica. Por eso, en nuestras fotos hay poesía pero también hay toda una parte que da un poco de miedo, que se muestra oscura. Si miras nuestras fotos están hechas al final del día o al amanecer, cuando está esa luz… 

¿Cómo fue ese trabajo de revelar las fotos con las plantas?

Y: eso lo hemos desarrollado con la gente de allá. Sabíamos que a veces podías hacer una foto a partir de una hoja. Pensamos que tal vez había una forma de utilizar el líquido solo : si podemos extraer la clorofila, se podría tener una reacción algo interesante.

Empezamos estas investigaciones con varias plantas medicinales conocidas por las comunidades. Aplicamos nuestra emulsión sobre una llanchama, una tela hecha con la corteza del árbol. Para ver si existía la posibilidad de obtener un patrón de gradiente, utilizamos una piel de serpiente que deja pasar la luz a diferentes intensidades. Así que primero hicimos fotogramas orgánicos. Luego aplicamos esta técnica, con imágenes de los paisajes en los que íbamos a recolectar las plantas que se utilizarán para la impresión. 

“… conviene hacer un pequeño paréntesis: la palabra «fotografía» ha sido utilizada por primera vez en Brasil. Fue Hércules Florence”.

Yann Gross y Arguiñe Escandón

Con esto conviene hacer un pequeño paréntesis: la palabra «fotografía» ha sido utilizada por primera vez en Brasil. Fue Hércules Florence. Él había desarrollado un proceso muy similar a lo que luego fue denominado daguerrotipo cinco años antes en la región de São Paulo. Lo interesante es que él cuenta que antes de haber hecho todos sus descubrimientos, había viajado tres años por el Amazonas para hacer investigaciones y dibujar. Allí había notado la acción química de la luz sobre los diferentes colores presentes en la naturaleza. Por lo tanto, es probable que las reacciones fotosensibles en la selva se conocieran en el Amazonas desde hace mucho tiempo.

A: los dos teníamos la sensación de que, al final, la historia sólo depende de quién te la cuenta. Nos apetecía mucho adentrarnos en decir « bueno, hay otros referentes que quizá ni siquiera hemos explorado antes ». Cuando se estudia la historia de la fotografía hablan de « tal y tal y tal » desde una visión más europea. Justo este hombre desarrolló esto cinco años antes en Brasil. Todo esto nos llevó a querer acercarnos a la selva y montar un laboratorio dentro de la propia selva.  

Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón
Yann Gross y Arguiñe Escandón

Personalmente, ¿hacer este trabajo los cambió?

A: sí, empezando por la desconexión que sientes: de repente no hay teléfonos, ni nada que te permita la comunicación con tu realidad cotidiana. Aquella inmensidad me hace sentir muy pequeñita de una forma muy positiva. Cuando estás allí de alguna forma es como que todo se para y aparece algo muchísimo más sensorial. Los sentidos están más despiertos, mientras que en nuestro día a día, en ocasiones, no nos damos el tiempo de detenernos a reflexionar. Como si condujésemos en una carretera fija en la que infinidad de veces nos metemos en bucle.

Y: hay una razón porque siempre vuelvo a la selva: es que a veces te permite salir de un ritmo intenso. Te permite observar el mundo en detalle y de forma menos egocéntrica. Cuando estás conectado te llegan un montón de noticias de lo que está pasando en los Estados Unidos, en China o no sé dónde. Estas cosas a veces lejanas pueden afectarte aún cuando no tienen ninguna consecuencia en tu vida. Al final se puede olvidar la parte más sensorial y centrarte en lo que está a tu alrededor.  

Yann Gross y Arguiñe Escandón.
Yann Gross y Arguiñe Escandón. Derecha interior del libro, foto de archivo de Charles Kroehle
Yann Gross y Arguiñe Escandón

puede interesarte: