Luciérnagas para iluminar una historia de violencia

por Yael Martínez

México
21·06·2020

Donde hay oscuridad también hay luz. Yael Martínez, fotógrafo mexicano de la zona de Guerrero, lo sabe bien: en 2013, tres miembros de su familia desaparecieron en México y a partir de esa pérdida, él empezó a documentar cómo la violencia permeaba su vida familiar, la vida de todos los días.

Después, contactó a otras familias del estado de Guerrero: quería registrar cómo vivir rodeado de violencia transforma tanto el espíritu como el paisaje cotidiano, cómo lo perfora todo hasta transformarlo en otra cosa. 

Lo que sucedió con sus cuñados lo impulsó a volcar su trabajo hacia temas relacionados con la violencia y la desaparición forzada en manos del crimen organizado y el deterioro del Estado en México. “Me interesaba mostrar ese aspecto no visto, el cotidiano de las familias que atraviesan esto”, cuenta ahora.  

Para él fue un camino doble que ya lleva siete años: un proceso de catarsis familiar y de empatía con otras familias. “En ese doble camino traté de entender cómo se vive la violencia en el día a día, cómo la violencia permea, y casi cambia, el espacio físico y espiritual de las personas que viven en esos lugares”. Pero, ¿cómo mostrar esa transformación? ¿Cómo mostrar lo que no se ve? Yael quería develar en una imagen otra imagen posible, transformar la foto en un artefacto de tres dimensiones. Así llegó a la idea de la perforación: con agujas de distintos tamaños, intervino las imágenes hasta llenar de luz esas escenas íntimas que había fotografiado durante varios años.  

El resultado son cientos de puntos blancos que brillan como luciérnagas sobre las fotos de esas vidas cotidianas atravesadas por la violencia, el dolor y la esperanza. Luciérnaga se llama el proyecto que Yael creó para la exposición Nos queda la noche, en la que doce jóvenes artistas latinoamericanos retrataron a América Latina a través de sus paisajes y criaturas nocturnas. “Perforar la foto es un acto simbólico, de traspasar el cuerpo de la memoria, por así decirlo, que es donde está impresa la imagen. Hacer el corte refleja esa violencia que lo penetra a uno como humano”, explica.   

Luciérnaga significó para él la posibilidad del error. Y eso –la libertad de hacer algo sin saber si va a salir bien o no– fue una experiencia transformadora para él mismo. “Intervenir las fotos me abrió la posibilidad de atender y tratar a la imagen de una manera distinta a la habitual”, dice. “Intervenir la foto es como volver a apretar el obturador”. En cada perforación, Yael busca develar una historia que no está a la vista. Y donde entra la aguja, también entra la luz.  

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