Rodrigo Braga: la cámara que no dispara

por Rodrigo Braga

Brasil
02·03·2021

El artista brasileño Rodrigo Braga se filma en el barro  del Amazonas. Tiene el torso desnudo y extiende la mano para interactuar con un cangrejo: le llama la atención, lo imita, lo provoca, lo acompaña. O se acuesta con el pecho hacia el cielo en una canoa semi inundada de agua negra. Cierra los ojos y respira, deja que el tiempo pase. Tiene encima a un pez del tamaño de su regazo. Corte. Juega con carne picada como si fuera plastilina sentado frente a un escritorio blanco. O se mete en el archipiélago Anavilhanas y grita, como si se desangrara, en medio de la selva.

En otra oportunidad, simula un transplante de cara utilizando una réplica de su propio rostro. Escenifica la cirugía, los cortes con bisturí, el respirador artificial. Hace lo mismo, en paralelo, con la cabeza de un perro negro, muerto, de ojos grandes. Lo pela, le corta el hocico y se lo implanta “a sí mismo”. El resultado es viral. Braga lo logra: las preguntas que lanza al aire rebotan en el público. ¿Acaso somos más animales de lo que creemos? ¿Por qué es tan inquietante verlo relacionarse con la fauna en sociedades en las que resulta cotidiano ver trozos de animales expuestos en carnicerías?

“Perturbador video”, “gran polémica”, “su obra más controversial”, “quería parecerse a un perro y se implantó una cara”: así fueron algunos de los titulares de los diarios cuando salió a la luz Fantasía de compensación (2004), un antiguo trabajo de Braga.

Hijo de padres científicos y ambientalistas, Braga nació en la amazonía brasileña en 1976 y a los dos años se mudó junto a su familia al nordeste brasileño, donde se graduó en Bellas Artes en la Universidad Federal de Pernambuco. En la década en la que él nació se hablaba poco sobre sostenibilidad ambiental pero ser hijo de ecologistas dejó una huella en su trabajo. 

Su obra, desde el 2000 en adelante, no solamente explora el Amazonas profundo sino también el mundo urbano. “Soy un artista brasileño y tengo afinidad con varios biomas, brasileños y del exterior”, afirma. Ahora vive en Francia.

En sus trabajos, Braga busca armonizar con el ritmo de la naturaleza pero, a la vez, intervenirlo. Representar algo de la organicidad que nos define pero a la vez cuestionarlo. Como cuando se pone en la cabeza unos riñones animales, como si fueran un sombrero. O una pata de gallo en un ojo y una aloe vera que simula su pelo, en Alegoría perecedera (2005). Crea paisajes con base en su propia experiencia y a su pasado.

Braga no se siente descrito en la idea del fotógrafo como un “cazador de imágenes”. No busca disparar con su cámara, no la percibe como un fusil mediante el cual capturar esencias. Es como si representara la revolución neolítica de hace diez mil años, cuando las comunidades dejaron de ser nómades porque descubrieron la posibilidad de criar y plantar. Braga se define, en efecto, como un “agricultor de las imágenes”. Que pone su cuerpo a disposición de la obra. Que interactúa “mano a mano” con su entorno. Que pone en escena “la tensión entre el hombre y su espacio, sea la naturaleza, el campo, una mata o la misma naturaleza urbana”.

Agricultura de la imagen emergió luego de años de recorrer profundamente los biomas de las tres regiones en las que él vivió: el Amazonas, la Mata Atlántica (Río de Janeiro, Floresta de Tijuca) y el nordeste brasileño desde el litoral hasta el interior, especialmente en el estado de Pernambuco. La exposición itineró entre 2014 y 2018 por cuatro grandes ciudades brasileñas: São Paulo, Río de Janeiro, Recife y Fortaleza y fue vista por cerca de 220 mil personas.

Daniel Rangel, curador de aquella exposición, escribió: “Para el fotógrafo agricultor, a diferencia del cazador, no importa el instante que se ve, sino el instante que se vio. Es una búsqueda eterna por un imaginario déjà vu previamente concebido, en el que el azar es el fruto de una preparación cuidadosa y de un tiempo de ejecución prologando. Rodrigo no tiene prisa, porque sabe que es enemiga de la perfección y la armonía que busca”. Para él, la naturaleza es “su atelier”.

Braga concibe la fotografía como un acto performático: “Digo siempre que soy un fotógrafo que fotografía como un pintor”. Pero también un escultor. Y un protagonista, un montajista, un hábil aprovechador de escenarios naturales, un director de arte, un constructor. Y un animal.  

¿Cuándo te fuiste de Brasil?

Yo cambié cuando (Jair) Bolsonaro fue electo. Antes ya estaba muy mal, era una opresión simbólica de la cultura, de la educación, del pensamiento. Esto estaba dejando mucha gente mal, padeciendo. Yo había comenzado algunas cosas en Francia, hice una residencia en 2016, una exposición personal y otros trabajos.

Naciste en la Amazonía…

Nací en la Amazonia, trabajé allí. Soy un artista brasileño y tengo afinidad con varios biomas, brasileños y del exterior. No soy un artista que represente a la Amazonia. Soy una persona urbana. Nací allí por casualidad: mis padres son del nordeste de Brasil, son biólogos. Estaban en los 70 en el Amazonas, cuando con mi hermana nacimos. Viví allí solo 2 años de mi vida, pero crecí en el nordeste del país, lo cual me da otra noción del Brasil, dado que es una región totalmente distinta. Cuando volví a Manaos, ya era adulto. Trabajé en la Amazonia ya como un artista formado, pero tenía un imaginario en mi cabeza y busqué recuperarlo. Y también construí otro imaginario.

No soy un fotógrafo de captura de imágenes, soy un fotógrafo-artista que crea paisajes con base en mi propia experiencia y mi pasado. 

Tonus

Me interesa también el concepto que trabajas de la “agricultura de la imagen”…

Agricultura de la imagen fue una exposición que hice y que viajó por cuatro ciudades brasileñas. No es un título de una serie, es el de una exposición dentro de la cual había varias fotografías y videos. Fue muy grande.

Cuestiona la idea del fotógrafo cazador, que apunta su cámara al paisaje, a la naturaleza, a los animales y da un disparo como un rifle y captura la imagen. En contraposición, está la idea de un fotógrafo agricultor que se acerca de otra manera más física y constructiva. 

En relación al Amazonas, ¿cómo fue la producción de Isla negra?

Fue un proyecto que realicé entre 2010 y 2013. En uno de los viajes estaba en Manaus, la capital amazónica, y me di cuenta de que la luz cambió totalmente al mediodía por la llegada de una lluvia muy fuerte, muy rápida. Entonces las nubes cubrieron el cielo y causó esa impresión de oscuridad.

La fotografía del medio de un tríptico que hice es de un pez, que fotografié al mediodía. La luz estaba muy baja. Después fui más lejos y fotografié durante la noche dos islas diferentes. Entonces hice una composición.

En este tipo de biomas ocurren muchas cosas por la noche, ¿no?

Es impresionante lo que ocurre en la noche, tuve la oportunidad de quedarme muchos días dentro de una casa gracias al Ministerio de Medio Ambiente. Estuve sin luz eléctrica y realmente presencié la oscuridad, la densidad de la oscuridad amazónica.  

Tanto en las fotografías como en los videos, se nota que le pones el cuerpo a tu trabajo…

Hay un trabajo que se llama “Tonus” y un texto que se llama “Textura de animales”. Fue una video-instalación para la Bienal de São Paulo, en 2012. Una sala oscura jugaba con los elementos visuales, cada video y fotografía era muy simbólico. Un video muestra mi cuerpo en acción con animales, vegetales, con el paisaje finalmente. Comencé a tener una postura de tensión entre los elementos que son tensiones metafóricas de la relación del hombre con el paisaje, el hombre y la animalidad, el hombre y el espacio natural. Pienso que eso recorre toda mi producción: la tensión entre el hombre y su espacio, sea la naturaleza, el campo, una mata o la misma naturaleza urbana.  

¿Cómo es ponerte en juego en tu obra?

Digo siempre que soy un fotógrafo que fotografía como un pintor. Y cuando entró el video en la producción, la performance está muy unida a la fotografía. Porque fotografiar, para mí, es un acto performático; es un acto de construcción de imagen. La fotografía, para mí, está muy ligada y conectada a la construcción física del cuadro: como un pintor de naturaleza muerta compone los objetos para un cuadro, yo también compongo dentro de la fotografía. Sea con los objetos, sea con el cuerpo o con mi acción. Para mí, es una mezcla. No queda claro dónde comienza y dónde termina la fotografía, la performance, la pintura o la escultura.

¿Cómo definirías tu trabajo actual?

El trabajo actual es muy sobre las oposiciones radicales: de negro y blanco, de derecha e izquierda, los símbolos son metáforas para hablar de una situación de poca charla, de poca conversación entre las personas, entre los países y entre los vecinos. 

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