Proyecto Quipu: voces por la memoria de las esterilizaciones forzadas en Perú

por Marcela Vallejo

Perú
25·02·2021

Las elecciones presidenciales de 2011 en Perú fueron protagonizadas por Keiko Fujimori y Ollanta Humala. Durante toda la campaña, Humala usó como uno de sus caballitos de batalla en contra de Keiko el tema de las esterilizaciones forzadas que habían ocurrido durante la presidencia de su padre, Alberto Fujimori. A pesar de que personas como la documentalista Rosemarie Lerner habían escuchado algo sobre el tema, nunca antes había entendido la dimensión del hecho.

Se calcula que 272.000 mujeres y 21.000 hombres fueron esterilizados en la década de los 90. La mayoría fueron mujeres indígenas andinas. A pesar de que existen otros casos de esterilizaciones forzadas en el mundo, ninguno ha tenido una magnitud semejante. Rosemarie estaba escandalizada. En ese momento estaba cursando su maestría en cine documental en Inglaterra y se empezó a interesar por el tema.

Fue gracias a Giulia Tamayo la abogada que destapó el escándalo en 1999 cuando Fujimori aún no había sido destituido, que decidió hacer un documental. “Mientras más sabía del tema y más me enteraba de la magnitud, me daba cuenta de que esto no era simplemente una historia del pasado, de lo que había pasado en los 90, sino que había una historia presente de la lucha actual por justicia de las señoras que no estaban siendo escuchadas.”

Justo en ese momento Rosemarie empezó a escuchar sobre el documental transmedia y, entendiendo sus posibilidades, se emocionó y decidió hablar con Maria Court, una compañera chilena con quien había estudiado la maestría y que hacía otro master en Screen Documentary. Le contó la idea y empezaron a diseñar herramientas, no para contar una historia a la manera tradicional de un autor y un relato, sino para amplificar las voces de las señoras que ya estaban contando su propia historia. Así nació el Proyecto Quipu, un documental vivo, interactivo y participativo.


En las palabras de Rosemarie: “Los quipus eran cuerdas anudadas utilizadas desde antiguas civilizaciones preincaicas para guardar y almacenar información y pasarla entre generaciones. El nombre del Proyecto Quipu está inspirado en el trabajo participativo con las comunidades en la intención de tejer juntos estas experiencias individuales para así contar juntos una historia colectiva desde el punto de vista de aquellos afectados”.

Entre 2012 y 2017 Rosemarie, María y un equipo de investigación y producción diseñaron toda una plataforma que permitía: recoger los testimonios de las señoras por medio de una línea telefónica gratuita; moderar y curar los audios recibidos en quechua y español, transcribirlos y traducirlos a español e inglés; alojar y divulgar los testimonios mediante una plataforma web; recoger testimonios de los usuarios de la página que escuchaban las historias de las señoras peruanas y difundirlos.

Todo esto pensado para tres audiencias a quienes querían impactar de maneras diferentes. En primer lugar, las víctimas de esterilizaciones forzadas, a quienes identificaron desde el inicio y con quienes se propusieron construir redes de apoyo y solidaridad, dentro y fuera de Perú. La segunda audiencia fue el público internacional, pues estaban seguras de que al informar de esta situación fuera del país lograrían generar presión dentro. La tercera audiencia fueron las clases dominantes peruanas y las autoridades estatales.

Con las tres audiencias claras y habiendo iniciado la construcción de redes de apoyo, iniciaron la segunda fase de impacto: cambiar mentalidades. Sabían que si una peruana o un peruano escuchaba el testimonio de la voz de una de las personas afectadas, muy seguramente cambiaría su posición al respecto. Para ello también produjeron un corto documental con el apoyo de The Guardian.

Recolectaron en total 174 testimonios y 132 respuestas en 127 países diferentes. La claridad respecto a las audiencias elegidas y la manera de impactarlas tiene que ver con la naturaleza política del documental y su formato interactivo. Para lograr construir efectivamente una comunidad necesitaban que las audiencias fueran protagonistas.

Eso también implicaba entender algo que fue difícil de asumir, si Quipu era un documental vivo, en algún momento tendría que dejar de existir. Y en alguna medida eso sucedió el año pasado, cuando la plataforma dejó de funcionar por un cambio tecnológico. Sin embargo, Rosemarie, María y su equipo se aseguraron de que los testimonios quedaran protegidos: actualmente se encuentran alojados en la Biblioteca Británica, donde reposarán por al menos 30 años. Y el año pasado entregaron oficialmente el archivo al Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión social del Perú (LUM). Hace unos días, las mujeres afectadas fueron incluidas en el Plan Integral de Reparaciones y serán indemnizadas. 

¿De dónde surge el Proyecto Quipu?

Yo estudié comunicación audiovisual y en mi pregrado acá en Perú hice el único curso de documental que había en esa carrera, que era un electivo. Acá en Perú es en esas épocas se conocía muy poco documental de autor. Documental era National Geographic, cosas de Discovery Channel. Inmediatamente me interesé y empecé a trabajar con Docu Perú y decidí que quería estudiar cine documental.

En 2010 fui a Londres e hice una maestría sobre cine documental. Justo a inicios de 2011 en Perú había elecciones presidenciales, se estaba postulando Keiko Fujimori, la hija de Fujimori, el dictador, y Ollanta Humala, que era el contrincante. Él empezó a utilizar en su campaña para atacar a Keiko, que se vendía como la primera presidenta mujer del Perú, el tema de las esterilizaciones forzadas. El caso de esta masiva violación de derechos humanos que había ocurrido durante el gobierno de su padre. Y la verdad es que recién en esa época yo algo había escuchado sobre las esterilizaciones forzadas, pero nunca había escuchado realmente cuál había sido la magnitud del caso, ni sabía muchos detalles, era solamente una raya más al tigre, digamos, de todos los actos de corrupción y crímenes de Fujimori. Además, la Comisión de la Verdad y Reconciliación no revisó el tema cuando hicieron su investigación sobre los años de violencia política.

Yo no podía creer que esto había pasado a tantas personas, especialmente a tantas mujeres en Perú y más aún no podía creer que yo no sabía y que la mayoría de gente no sabía la magnitud. Fue ahí que me interesé por el tema. En un inicio mi idea era hacer un documental tradicional, porque de ahí venía ¿no? Quería investigar y contar una historia lineal.

Lo que me impulsó y me llevó a hacerlo es que la madre de mi mejor amigo del colegio era Giulia Tamayo, la abogada que destapó el tema de las esterilizaciones forzadas mientras sucedían todavía en el gobierno Fujimori en el año 99. Ella fue amenazada y se tuvo que ir del país. Estando en Inglaterra decidí ponerme en contacto con ella y hablar. Giulia era mi principal fuente de información. Lo que ella me contó cada vez me dejaba más en shock y entendí la necesidad de contar una historia no sólo de lo que había pasado, sino de que había todavía muchos grupos de señoras que en algunos casos llevaban 10, 15 años luchando por justicia y no las estaban escuchando. Había organizaciones de base en Perú, con lideresas en Cuzco, en Piura, en el norte, en Huancabamba, y ella me introdujo a estas personas para poder conocer más del tema.


Otra cosa que pasó es que mientras estaba en Inglaterra descubrí este mundo del documental interactivo, del transmedia que recién estaba empezando, estaba incipiente, incluso en Inglaterra Tuve la suerte de ir al festival de documental de Amsterdam, el IDFA Academy, que era una escuela, y ahí empezaron a hablar de documental interactivo en el DocLab. Ahí decidí acercarme a María Court, que es la codirectora de Quipu y era mi compañera del curso de documental. Además ella estaba estudiando después de eso un curso que se llamaba Creating Social Media, justamente para ver cómo contar historias transmedia.

Con María decidimos ver las herramientas y ver cómo diseñábamos algo, no para nosotros contar la historia, sino que nos dimos cuenta de que ellas ya la estaban contando. No había necesidad de que nosotros la contemos por ellas, sino que lo que necesitaban era una plataforma para que sus voces fueran escuchadas. Ahí nace la idea de Quipu. De cómo podemos nosotras siendo comunicadoras y a través de los nuevos medios, darles a personas que estaban al otro lado de la brecha digital las mismas oportunidades que muchos de nosotros ahora tenemos con Internet. Y particularmente, porque lo que más veíamos era que en todo este tema de la campaña, de pronto, las esterilizaciones forzadas se volvieron un tema crucial y todo el mundo tenía una opinión, “todo el mundo” hablaba del tema, excepto las personas afectadas. Ellas no tenían nunca un espacio para participar de este diálogo que ya se estaba dando. Además, veíamos que, en los programas periodísticos, en los documentales que ya había, las trataban como víctimas, las trataban como números, estadísticas y siempre era esta imagen de la señora andina llorando. Eran imágenes de cualquier señora andina y nos pareció que eso estaba mal. Primero, porque conociendo a las señoras, nosotros nos dimos cuenta de que ellas no son víctimas, son activistas. No queríamos representarlas como víctimas, pues son señoras luchadoras, que no paran, que están activamente tratando de mover a sus compañeras, porque tienen muy claro que ellas no quieren que esto vuelva a pasar y no quieren que les pase a sus hijas. Entonces decidimos hacer algo con una mirada totalmente distinta, donde ellas sean las responsables de contar sus propias historias.

Ahí empezamos a experimentar con nuevos medios. El primer reto que teníamos era cómo hacer una plataforma de co-creación con gente que está al otro lado de la brecha digital, con gente que vive en comunidades aisladas, rurales, y que en muchos casos no tienen tampoco contacto entre sí. Porque lo de las esterilizaciones pasó en todo el Perú a nivel nacional, pero muchos de estos grupos que se organizaron estaban a muchos kilómetros de distancia. Conocimos a personas de pueblitos que hasta el momento en que conversamos con ellas, pensaban que la campaña de esterilización solo había pasado en su comunidad. O sea, no sabían que había cientos de miles de mujeres que tenían la misma historia que ellas en la selva, en la costa.

Queríamos hacer, en primer lugar, una plataforma que pueda ayudarlas a construir también comunidad y conectarse entre ellas y a la vez que puedan estar online y puedan conectarse con el resto del mundo. Con un grupo de personas, entre ellas Ewan Cass-Kavanagh, el programador, descubrimos que sí se podía conectar teléfonos comunes con la web. Empezamos a hacer experimentos, íbamos y hacíamos pruebas con las señoras para compartir los testimonios de diferentes maneras y después volvíamos a ver con cuáles ellas se sentían más cómodas. Desde un inicio todo lo que hicimos fue en base a talleres, con los grupos de mujeres y codiseñamos con ellas cómo sería la forma final del proyecto, que al final esta interacción se pudiera ver en la página web.

Las señoras podían llamar a un número gratuito que estaba disponible en español o en quechua. No pudimos hacerlo en más idiomas, por temas de accesibilidad, pero en quechua era muy importante por la cantidad de mujeres quechua que fueron afectadas. Las mujeres podían llamar a la línea y ya sea apretar uno para contar su historia o apretar dos y escuchar las historias de otras mujeres que ya habían compartido.

Nosotros íbamos conociendo los diferentes grupos, viajando con ellas y hacíamos talleres para enseñarles el uso de la línea, pero también para que ellas escuchen y vayan conectando las historias de señoras en otras partes de Perú. El desarrollo del proyecto fue así: en 2011, se me ocurre la idea; en 2012, empiezo a trabajar con María, y el desarrollo fue hasta 2015 cuando lo lanzamos y el proyecto estuvo, digamos, en vivo hasta 2017. O sea, aun podía recibir, porque en la página web también había la opción de que cualquier usuario en cualquier parte del mundo pudiera dejar mensajes de apoyo que eran publicados en la web y eran enviados de vuelta a la línea de teléfono para que las mujeres también pudieran escuchar mensajes desde diferentes partes del mundo. La plataforma estuvo funcionando desde 2015 hasta diciembre de 2017.


Ahí tuvimos que cerrar porque no era automático, sino que había todo un sistema de moderación. Nosotros tuvimos bastantes consideraciones éticas, o sea, algo que tuvimos muy claro desde el inicio trabajando con académicos de la Universidad de Bristol fue la parte ética. Nosotros teníamos muy claro que no queríamos cometer los mismos errores que se habían cometido durante la campaña de esterilización, es decir: no considerar el idioma, no considerar ciertas condiciones de las personas afectadas Nosotras no queríamos imponerles nada, el consentimiento informado fue fundamental.

Por eso hicimos una junta ética en la que se decidió que nosotros debíamos moderar todos los testimonios, tenía que haber algún tipo de control. No podría ser una página libre, donde cualquier hater podía venir y decir cualquier mentira. Así que había un proceso de moderación donde nosotros revisábamos que el testimonio estuviera bien grabado, la calidad de audio, etcétera, pero también que no rompiera ninguno de estos criterios.

En un inicio nosotros no habíamos pedido en la línea teléfono que los testimonios fueran anónimos. Y llamaba la atención que casi todas las señoras cuando empezaban su llamada decían: Hola, mi nombre es tal, en algunos casos decían mi documento de identidad es tal y esta es mi historia. Creo que había una necesidad de reivindicación de ellas y de identificarse. Decir este es mi caso, a mi no me han escuchado antes, esta soy yo y esto es lo que me pasó.

Sin embargo, mientras nos íbamos acercando al lanzamiento del proyecto, volvían a acercarse las elecciones presidenciales del 2016 y muchas señoras en varios lugares empezaron a recibir amenazas o en algunos casos ellas tenían miedo, porque en muchos casos las personas que atienden en el centro de salud donde están son las mismas personas que las operaron en los 90, entonces tenían miedo a represalias. Ahí tomamos la decisión en conjunto con ellas de que volveríamos el archivo de testimonios del proyecto anónimo. Repasamos todos los testimonios, sacamos los nombres y cambiamos la línea de teléfono para pedirle a las personas que por favor no den su nombre por un tema de protección y también porque sabíamos que este tipo de testimonio no iba a tener un peso legal en cortes por cómo estaba recogido.

Era bastante trabajo y tenía que cortarse en algún momento, entonces en 2017 se cierra.Hicimos un taller de cierre con las principales representantes de las comunidades con las que habíamos trabajado y con académicos de Universidad de Bristol que vinieron y nos fuimos todas al norte a Huancabamba, y tuvimos un cierre conjunto del proyecto con las señoras. 

Es impresionante la dimensión de la campaña de esterilización. Pero también de todo lo que se necesitaba para hacer el documental.

Sí, el equipo nuestro ha ido variando y ha sido multidisciplinario, que es lo que se necesita en este tipo de proyectos. Multimodal, si quieres. O sea, en diferentes etapas hemos hecho diferentes cosas. Y el trabajo con las señoras y también con organizaciones de mujeres acá en Perú que ya estaban ayudando, porque nosotras no es que llegamos y que Quipu de pronto creó esta lucha por justicia, ya existía y existían varias organizaciones en Lima también que estaban ayudando a algunos de estos grupos. Y justo hemos coincidido con un movimiento de jóvenes artistas e intelectuales limeñas y gente que ha empezado a hacer otro tipo de iniciativas para generar atención sobre el tema. Quipu llegó en este momento preciso, y lo que ayudó fue a darle sí un conocimiento o relevancia internacional. Porque si en Perú mucha gente no sabía del tema, internacionalmente no se sabía nada. Cuando yo estaba en Inglaterra y comentaba lo que había pasado, la gente no me creía. Pensaban que era algo de los 70, porque las prácticas de esterilización sí se han dado y han sido comunes en muchos lugares del mundo.

En Estados Unidos, por ejemplo, en Carolina del Norte, en Virginia, ya han ganado juicios mujeres que fueron esterilizadas sin su consentimiento en los años 70. Obviamente las cantidades eran mucho menores, pero ha pasado en Suecia, ha pasado en Israel, ha pasado con poblaciones Roma en Europa. Ha seguido pasando en prisiones en Estados Unidos.

Obviamente, los números en esos casos no llegan a ser nunca tan escandalosos como los de Perú. Lo de Perú fue un intento de genocidio sutil. Pero no es Fujimori quien tiene esta idea de la nada, esto viene de antes, en el Kissinger Report parece que se habla de estas prácticas eugenésicas, por ejemplo. 

Es una práctica claramente eugenésica.

Exacto. En las investigaciones encontramos que ha habido un plan militar del gobierno de Alan García de los ochentas previo a Fujimori, el ‘Plan verde’ que menciona el uso de esterilizaciones para controlar la población excedente y reducir el crecimiento demográfico. Es sólo que Fujimori llega a un punto de tal soberbia. Él cree que puede hacer algo de esta magnitud y pasar piola y hasta ahora lo ha hecho. El juicio creo que fue archivado como seis o siete veces. Recién ahora, de nuevo, la última audiencia la tuvieron que cancelar porque no había un traductor de quechua y ahora la han movido para marzo.

Se ha avanzado, pero todavía hay muchas mujeres que han muerto esperando justicia. Esa es la verdad. Y que viven todavía en desesperación porque ellas no fueron reconocidas tampoco en el Registro Nacional de Víctimas que se hizo después de la Comisión de la Verdad. Y, como te digo, en muchos casos ellas todavía tienen que enfrentar a las personas que les hicieron esto en sus propios centros de salud. Es una situación bastante compleja. 

Son muchísimas más las mujeres afectadas. ¿Por qué crees que eso pasó?

Bueno, yo creo que eso también viene en general del mundo. Perú es un país particularmente machista, y sobre todo en zonas rurales. Creo que es una tendencia culpar a los vientres de las mujeres por los problemas del mundo, por la pobreza. Y acá, en un país tan machista, convencer a hombres de que se hagan la vasectomía es mucho más difícil.

En muchos casos a las mujeres las operaban sólo con la autorización del marido, ni siquiera de ellas. Para ellos, si el marido firmaba la autorización, eso valía. En muchos casos, había que escoger o él o ella, y obviamente iba a ser ella. Y en muchísimos casos fue literalmente forzado, o las engañaban o les hacían las esterilizaciones después de una cesárea o cuando estaban en otro procedimiento. También hay casos donde querían, por ejemplo, operar a la señora y que los esposos dijeron no, a ella no, me lo haces a mí. Yo sí conozco casos así, pero son una minoría.

El personal de salud tenía que esterilizar, para ellos era mucho más fácil ir donde las mujeres a sus casas, perseguirlas, atormentarlas que convencer a los hombres. Y hay un tema de masculinidad, virilidad, a un hombre esterilizado lo tildan de homosexual. A muchas mujeres también les dicen que son lesbianas o que se han operado para poder estar con muchos hombres. Además, está toda esta cuestión de la cosmovisión andina, donde una mujer que no puede reproducirse pierde valor y es estigmatizada por sus comunidades, peor aun cuando ha quedado con secuelas físicas y ya no puede trabajar la tierra, entonces se vuelve inútil y una carga para las comunidades locales. Lo cual es terrible. 

Me he estado preguntando si también hay un vínculo ahí, respecto a por qué la Comisión no incluyó estos casos en sus estudios.

Mi papá fue el presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Perú. Por eso es que yo también me quedé más aún en shock, porque yo soy una persona enterada socialmente de las cosas que pasan y no sabía esto. Se le ha reclamado mucho a la Comisión no haber incluido esto. La verdad es que ellos preguntaron y el gobierno de turno en ese momento les dijo que no incluían esto porque no lo veían como parte del conflicto armado interno. Estuvo mal. Debió haber habido una perspectiva mucho mayor de género en esa época. Creo que si se volviera a hacer hoy sería totalmente distinto. Eso demuestra algo que es claro históricamente verdad en Perú: la mujer y la mujer indígena es la última prioridad en este país y es la más vulnerable.

Además, hubo un tema un poco complejo y es cómo Fujimori adornó esta política. Cuando se lanza el nuevo Plan Nacional de Planificación Familiar y Salud Reproductiva, Fujimori lo hace primero en la cuarta conferencia de la Mujer de la ONU en China. Él es el único presidente hombre en atender la conferencia, el único del mundo, llega con su ramo de rosas y se pone a presentar, con un discurso totalmente progre, cómo ahora las mujeres peruanas van a ser “dueñas de su propio destino”, se tira un poco contra la Iglesia, los conservadores. Porque antes de Fujimori hasta el noventa y algo eran ilegales las esterilizaciones en Perú, siendo un país tan católico. Entonces él lanza esto como si fuera una gran cosa para las mujeres y la verdad es que muchas mujeres y muchas feministas lo aplauden. Por eso se vuelve todo un conflicto acá en Perú, entre las organizaciones de mujeres y se hace más difícil la lucha, porque entre ellas se quejan.

Giulia Tamayo estuvo en esa conferencia en Beijing y escuchó a Fujimori. Ella tenía reparos con ese discurso pero solo descubrió después lo que estaba pasando Mucha gente, incluso gente más progre de izquierda, no criticaba a Fujimori, sino que lo veía como algo bueno. No era tan simple como decir este uno de los crímenes de Fujimori. 

Eso también hace pensar en los límites entre promover la libertad de decidir sobre el cuerpo y una práctica eugenésica.

Sí, es que lo disfrazó así, se hizo el yo soy el feminista y ahora las mujeres peruanas serán las dueñas de sus destinos. Eso fue lo que dijo. Pero en realidad, en vez de ofrecer una amplia gama de métodos anticonceptivos, lo que se hizo fue quitarles a las mujeres sus métodos habituales y promover este único método de una manera muy agresiva. Y lo que se hizo fue establecer cuotas de esterilizaciones de un procedimiento que antes incluso era ilegal.

El cálculo en verdad nunca he tenido bien claro cómo se hacía, pero cada región tenía cuotas y el personal de salud tenía que cumplir. No sé, en el hospital de Piura tienen que hacer 62 esterilizaciones al día y ciertos doctores saltaron y dijeron “¿Cómo es posible? No tenemos ni siquiera la infraestructura para hacer eso”. Y se negaron y el mismo día tuvieron visitas de funcionarios del ministerio que iban a amedrentarlos. Los reportes se hacían directamente a Fujimori. Lo peor es que cada lugar veía de qué manera cumplía esas cuotas. En algunos casos había incentivos, le daba premios al personal de salud que más esterilizaciones hacía. En otros casos los obligaban, los amenazaban con despedirlos.

Hay casos de promotoras de salud o enfermeras que para llegar a su cuota y no perder el trabajo, ellas mismas se sometieron al procedimiento. Hay historias tan, tan variadas. Pero en general lo que se nota es que todo estuvo muy mal y es difícil en juicios probar todo. El problema fue por eso a un nivel macro y del gobierno central, de lo que se exigió. Los ministros de salud que exigieron cuotas. Y obviamente, hay responsabilidades individuales de médicos, de promotoras de salud, pero no es un caso que se puede tratar así porque fue sistemático, fue masivo y vino de arriba. 

Precisamente, en uno de los videos, Keiko Fujimori dice que las responsabilidades son personales. ¿Ustedes hablaron con alguno de estos médicos o promotores?

No. Sí tuvimos por ahí algún testimonio, había uno de una promotora, pero ella pidió que no lo publicáramos. Ella decía las atrocidades que había visto. Hemos hablado con algunos médicos, pero en general no quisieron participar en el proyecto. Hablamos con médicos que han escrito sobre el tema, académicos como el doctor Gonzalo Gianella y él condena a los médicos. Él dice que cada médico que hizo esto tiene una responsabilidad individual. Pero es muy complejo. Los promotores de salud también son personas que en muchos lugares viven en situaciones precarias.   

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