El océano era un escape para mi padre, su refugio. Mi papá siembre fue del mar, el intermedio. Recuerdo verlo surfear en el horizonte, preguntándome si él tenía miedo, ahora me pregunto qué estaba pensando. Mirándome en tierra, su realidad. Y si volvía a tener miedo.

Arte para entender el trauma

por Gabriela Báez

Puerto Rico

En septiembre de 2017 el Huracán María destrozó Puerto Rico. Se calcula que murieron casi tres mil personas. Fue el peor desastre natural registrado en esas islas, y se le sumó la desidia posterior de las autoridades en el tratamiento de la catástrofe. El papá de la fotógrafa Gabriela Báez estuvo un año sin luz, sin trabajo y con depresión. Desde que se suicidó, ella busca descubrir quién era su padre verdaderamente y –sobre todo– quién es ella misma.

“La muerte de mi papá fue un reflejo: ambos estábamos experimentando depresión simultáneamente, incluso llegamos a tomar los mismos medicamentos”, cuenta Gabriela. Como el cuerpo fue cremado porque había lista de espera en la morgue, Gabriela decidió zambullirse en la memoria familiar a través de los objetos. No sabía si los iba a poder conservar o si otro desastre natural se los iba a llevar de un día para otro. Entonces fotografió un portarretratos con una foto de ellos dos y un borde con motivos veraniegos, una camisa, varios pisapapeles. A su papá le gustaban mucho los pisapapeles.

Después empezó a intervenir las fotos con un hilo, como un modo de “traerlas al presente”. O, tal vez, como un modo de hacerle preguntas. “No puedo confrontarlo, no puedo hablarle de cómo él actuó”, cuenta. También busca respuestas en el agua, en las playas, en la arena. Por eso el proyecto se llama Ojalá nos encontremos en el mar.

Mientras cree estar llegando al final del proyecto sobre su padre, Gabriela tiene dos más en proceso. Uno se llama La gente deprimida tiene sexo sucio y ganas de morir y ella misma define el hilo conductor: todos sus proyectos tienen que ver con el trauma. En este caso, desafía el prejuicio de que la gente deprimida no tiene deseo sexual. “Buscaba sexo para no pensar en mis problemas y empecé a entender la sexualidad como una herramienta para la sanación y el empoderaminto”, dice. En el segundo proyecto en curso, Island putxs, Gabriela explora identidad, género y trabajo sexual en pandemia. 

Muchas veces sueño con mi propia muerte, luego recreo esos sueños en fotografías. Escribí en mi diario: “Todo está oscuro, pienso que estoy muerta. Veo mi cuerpo desde afuera. Mi espalda está fracturada, quebrada en pedazos. Lloro y grito resistiendo las peores sensaciones que he sentido en mi vida, entendiendo que mi intento de suicidio falló. Me despierto jadeando. Desde entonces siento el mismo dolor  más allá de mis sueños.

¿Cómo fue el proceso de Ojalá nos encontremos en el mar?

Diez meses después del Huracán María, mi papá se suicida. En ese punto, me doy cuenta del impacto de este desastre natural en la isla a nivel individual. Yo podía ver la destrucción alrededor mío, estuve muchos meses sin luz y sin trabajo pero no fue hasta ese momento que lo sentí en la magnitud de cuando hablaban en las noticias. Entonces, la muerte de mi papá fue un espejo, un reflejo: me di cuenta de que ambos, mi papá y yo, estábamos experimentando depresión simultáneamente. Incluso llegamos a tomar los mismos medicamentos. Entonces, cuando él se suicida fue un shock. No solamente porque acababa de perder a mi padre sino porque me vi reflejada en esa posibilidad. Me di cuenta de que si no trabajaba mi salud mental y lo que sentía muy profundamente respecto de mi niñez, mi adolescencia y el huracán, yo también podía terminar así, podía tomar esa decisión. Fue durante ese proceso de sanación, búsqueda e incertidumbre, que fui hacia la cámara y empecé a trabajar este proyecto.

Empecé en octubre de 2018. Lo primero que hice fue retratar sus objetos, los que me entregaron después del funeral. Era lo más obvio que podía hacer en ese momento. No había un cuerpo físico, ni siquiera una tumba. Lo que me quedaba de él eran sus objetos. Por la cantidad de cuerpos que había esperando en ciencia forense, el proceso más rápido después del desastre era la cremación y mi familia optó por eso. Las cenizas están en la casa que era de mi padre con mi madrastra y mi hermano menor. Siento que también es bien diferente el ir a ver un jarrón en donde están las cenizas a ir a un cementerio, a visitar una tumba. Por eso no había un cuerpo y lo más cercano a él era el marco de un cuadro que tenía unas velas y salimos él y yo al frente de una piscina. Lo que quedaba era una camisa de Pink Floyd, álbumes de fotos, un pisapapeles… le gustaban mucho los pisapapeles, había como tres de esos. Eran como materiales de decoración que tenía en su oficina, en su casa. Ese fue mi primer instinto, retratar esas cosas, como forma de preservarlo. No sabía si me iba a quedar con esos objetos o si iba a pasar otro desastre natural y los iba a perder.

Antes del huracán, la salud mental de mi papá era lo que se considera “promedio”. Las secuelas de la tormenta detonaron tensiones y ansiedades que el no había experimentado nunca. Rápidamente se profundizaron transformándose en una depresión más fuerte.

Empecé a mirar las fotos de archivo. Mi familia tenía un montón de álbumes de fotos, de casas llenas de fotos. Mientras iba viéndolas, sentía que quería traerlas al presente de alguna forma. Ahí es cuando empiezo a intervenirlas con hilo. Inicialmente fue una experimentación, realmente no tenía una razón muy concreta de por qué quería intervenir este archivo. Sentía muchas emociones y quería plasmarlas de alguna manera en las imágenes que estaba viendo. Empecé a coser las imágenes, a intervenirlas con la aguja, romperlas. Ahí se quedó el proyecto como un año.

Las fotografías me empujaron a enfrentarme con partes de mi duelo que yo no quería aceptar. Me fui dando cuenta de que yo no tenía fotos con mi padre en los últimos cinco años. Entonces, el proyecto empieza a cambiar. Me costaba mucho romper con la idea de que mi padre era un santo, era inocente, era la mejor persona del mundo. Tal vez porque no estaba lista para confrontar que él era un ser humano igual que yo, que tenía sus propios traumas y que tampoco sabía bregar conmigo, con mi proceso de crecer, con mi proceso de ser adolescente, con mis propias exploraciones. A él, como padre, le costaron esas cosas. Tuve que aceptar eso, que tuvimos una relación fracturada, que fue difícil, que no siempre estábamos juntos, fue lo que me llevó al siguiente paso.

Acepté que no era un duelo común, tampoco. Tuve que bregar con el lado político de la muerte de mi padre, que fue el contexto del “post” huracán que destrozó la isla. El manejo, por parte del gobierno, fue negligente. Acá se dejó morir a las personas, se hizo todo lo posible para que las personas que quedaran vivas de Puerto Rico salieran del país. O simplemente no atendieron la situación y punto. Entender esas complejidades dentro de mi duelo fue un paso para poder empezar a sanar y acceder a otros niveles más profundos dentro de este proyecto. El pasado año estuve escribiendo y buscando espacios donde solíamos compartir y se volvió más una meditación, un proyecto menos sobre mi padre y más sobre mi proceso de aceptar la muerte de mi padre. Me despertó todos los traumas que yo tenía guardados. Me obligó a confrontarme a mí misma y eso ha sido el proceso de este último año. 

Casi involuntariamente, he buscado a mi padre en muchos lugares, incluso en mis compañeros. Buscando llenar un vacío que puede no desaparecer jamás. Eso es lo que mis psicólogos y psiquiatras dicen, que siempre estará ahí aunque yo no quiera. Si pudiera hablar con los espíritus, ¿resolvería los asuntos con mi padre?

¿Qué sucedió desde entonces?

Empezaron a aparecer más imágenes de paisajes, de una búsqueda. Una palabra que resonaba mucho conmigo era “magia”, una búsqueda espiritual de querer conectar con lo que no se veía y sí se sentía. Empezó un proceso de traer al consciente lo inconsciente. Estuve recreando sueños en imágenes. Fue esa búsqueda de querer ir más profundo y visualizar el inconsciente dentro de este proyecto.

Esta segunda etapa era poder verbalizar lo que yo estaba sintiendo. El proceso de crear imágenes me viene natural y me llevaba la cámara para todos lados y encontraba imágenes que se relacionaban. Pero el proceso de poner esto en palabras o en dibujos o hacer algo encima de un papel, fue lo que cambió mi proyecto. No puedo separar el texto de las imágenes. Está en proceso de edición, son cien páginas que escribí a mano, estamos editando. Van a ser parte de un libro.  

La primera fotografía tomada para este proyecto es del primer objeto que recibí después de la muerte de mi padre. Mi papá amaba el océano y tenía muchos portarretratos que hacían referencia al mar. En esta imagen estamos en un conjunto de apartamentos en Rincón, Puerto Rico, ahí él pasaba el día entero en la playa y el agua.

¿Cómo era tu papá?

Tenía un negocio propio, hacía planes de retiro. Le gustaba windsurfear, jugar tenis. Era una persona bastante activa físicamente. Le encantaba la playa y el mar, de ahí es donde sale el título del proyecto. Literalmente, muchas veces fui al mar a buscar respuestas que no encontraba. Me dirigía al camino. Ese espacio de querer descubrir otras playas, otros mares, es parte de mi búsqueda de mi padre y de las memorias que tengo con él. Era una persona con acceso a recursos: mi padre tuvo la oportunidad de ir a terapia, de recibir medicamentos para la depresión. Parte de esto ha sido admitir que yo no conozco mucho a mi padre, conozco lo que él me quiso enseñar: su lado aventurero, de querer hacer deportes, su lado de la música. La realidad es que, a nivel emocional, yo no conozco a mi padre. Entonces, desde donde yo lo veía, era una persona sumamente balanceada, con recursos y con un sistema de apoyo buenísimo. Mi madrastra y él tenían una relación hermosa, estaba mi hermano menor. Dentro de lo que aparentaba, parecía tener todos los recursos necesarios para mantenerse saludable.

Pero el huracán fue más que el huracán, porque va más allá del día de la tormenta, es lo que viene después. Estar más de seis meses sin luz, no poder trabajar, tener que comprar una planta eléctrica, que se seguía dañando. Entonces no poder correr a su oficina. Fueron ese tipo de cosas que fueron sobreponiéndose y aumentando su ansiedad y su depresión. Yo creo que, asumiendo por lo que he aprendido de mí este último año, creo que el huracán y post despertó en él traumas y problemas que él no había podido trabajar hasta ese momento. Fue la gota que colmó la copa.

Fui aprendiendo mucho del proceso, de cómo se vive el trauma, asumí cosas del proceso de mi papá pero nadie me ha hablado de él, más allá de mi mamá. Me ha contado cosas muy bonitas de él y cosas fuertes de aceptar, también. Ella como su pareja en ese momento y yo como su hija escuchando esto después de su muerte… Una de las cosas que se me ha hecho más fuerte es que no puedo confrontarlo, yo no puedo hablarle de cómo él actuó, no puedo hablarle de nuestra relación. Mientras me va llegando información por mi mamá o voy descubriendo, me encuentro con que no tengo solución a eso, no tengo forma de contestar esas preguntas.  

La gente deprimida tiene sexo sucio y ganas de morir

¿Cómo comienza tu relación con la fotografía?

Empecé a hacer imágenes en el 2017 antes del huracán. Ese año empezaron muchas manifestaciones en contra de la junta de Control Fiscal, que fue firmada por Barack Obama y conforma una entidad que controla las decisiones económicas del país. Puerto Rico está en una deuda de millones de dólares y el propósito de la Junta es poder pagar esa deuda a costa de tomar medidas de austeridad para la educación, salud, vivienda, infraestructura del país, para todo. A costa de la calidad de vida y para pagarle a bonistas millonarios de Wall Street.

En 2017 hubo una ola de protestas en contra de la Junta y todos los recintos de la Universidad de Puerto Rico (la única pública) estuvieron en huelga tres meses. En ese momento empecé a hacer fotos de las manifestaciones porque entendía que la prensa, a nivel local, demonizaba a los manifestantes. Yo era manifestante también y me sentía bastante indignada al ver las representaciones que se hacían. Dije: “tengo la perspectiva de manifestante, yo voy a hacer las fotos”. Desde entonces, mi enfoque ha ido cambiando bastante. Antes era muy amplio: problemas del país a nivel macro. Poco a poco, después de la experiencia de mi padre, fue cambiando a enfocarme en mí y en mis identidades, en querer entender la salud mental, en querer entender mis sexualidad y mi género, esos son los temas en los que me he estado enfocando.  

La gente deprimida tiene sexo sucio y ganas de morir

¿Ahí nace tu otro trabajo, La gente deprimida tiene sexo sucio y ganas de morir?

Surge un año después de empezar el proyecto de mi papá, este empieza en agosto de 2019. Durante el proceso de experimentar el duelo, de cuestionarme a mí, fue un proceso de querer saber quién yo soy. La muerte de mi papá me hizo darme cuenta de que vivía en automático, no había un pensamiento profundo sobre quién es Gabriela Báez, qué quiere. De ahí sale ese proyecto.

Me di cuenta de que a la gente deprimida se la piensa de modo asexual, y yo sentía todo lo contrario: buscaba del sexo para no pensar en mis problemas o para sentirme mejor después de haber estado procesando mis problemas. Empecé a entender el sexo y la sexualidad como una herramienta para la sanación y el empoderamiento. Todos mis proyectos tienen que ver con trauma.

Este proyecto también lo hago con mi pareja actual, con quien tenemos una relación abierta, compartimos con más de una pareja. Eso me produjo un montón de inseguridades de las que no estaba consciente y me obligó a trabajarlas, a poder sostenerme yo misma y no estar ahí poniendo mi carga emocional sobre mi pareja, que es lo que se suele hacer en una pareja monógama. Fue aprender a tener una relación conmigo misma, con mi pareja y con otras personas. Ahora mismo ese proyecto está en un proceso de transformación, que siento que el proyecto de mi padre está cerrando o se está convirtiendo en otra cosa, me enfoco más en este proyecto porque ahora mismo siento cuestionamientos sobre el género y la sexualidad. 

La gente deprimida tiene sexo sucio y ganas de morir
La gente deprimida tiene sexo sucio y ganas de morir

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