Entrevistas
Carla Yovane
Chile -
marzo 16, 2022

Género, sexualidad y mundos interiores en el trabajo de Carla Yovane

Carla Yovane es una psicóloga chilena que en un viaje descubrió su mirada de fotógrafa. Otras personas vieron sus fotos y se sorprendieron al notar que estaban en el mismo lugar y, sin embargo, Carla veía cosas diferentes, cosas que quizá para los demás no eran visibles.

Aquel viaje la marcó porque fueron las personas que conoció allá quienes la introdujeron al mundo de la fotografía. Luego, un fotógrafo amigo y profesor, Ricardo Portugüeis. Él le ayudó a aterrizar el viaje y a editar su primera serie fotográfica: Unlock (2014). Ricardo sabía que seguramente ella tenía mucho más material y así armaron juntos la serie Arianda (2014), en la que acompaña el tránsito de Ariel a Arianda.

Dice que quizá por su formación como psicóloga social lo que le interesa en la fotografía tiene que ver con los mundos sociales que no vemos. Precisamente, Carla retrata en Tiempo de vals una realidad muy poco visible: la prostitución masculina. En unos meses este proyecto será presentado como un fotolibro.

Carla Yovane

¿Es con la historia de Arianda que inició tu interés por el género y la sexualidad?

Sí, yo creo que ahí había una exploración con el género. Pero también en Persona (2014) exploré una pregunta por las personas que somos y las que queremos ser. Es decir, cómo empieza esa pregunta por definirnos o cómo nos definen otros, cómo nos encasillan también. Ahí es donde empieza esa búsqueda por el género.

Carla Yovane

Decías que te interesan los mundos que no podemos ver o que son invisibles. ¿Cómo retratar lo que no vemos?

Creo que lo mío viene desde la intuición. Siento que hoy en día estamos bombardeados de imágenes, pero lo mío viene de buscar quizá estas imágenes que nos llegan de otra manera. Creo que es necesario descolonizar la idea de que nosotros percibimos solo con los ojos. El cuerpo en sí percibe cosas, uno siente cosas que muchas veces no vienen directamente de la mirada. Entonces, muchas de estas historias surgen con personas que conozco y ahí empiezo un viaje hacia un mundo interior, todos tenemos un mundo interior.

Uno de esos mundos que no vemos es justamente la prostitución viril.

Exacto. Yo llegué a esa historia porque estaba en un taller de fotografía en el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso al FIFV. En esa versión el tema a trabajar era a qué distancia miramos la diferencia, esa era la pregunta. En mi cabeza y quizás como psicóloga también yo decía bueno porque siempre nos estamos enfocando en lo que nos diferencia y por qué no buscamos lo que nos une. En ese momento también querían que trabajaramos el tema de la inmigración porque en Chile estaban llegando muchos migrantes. Y dado que ellos conocían mi trabajo con los transformistas, querían que yo trabajara con un transformista migrante.

No lo encontré. Ahí empecé a trabajar con trabajadoras sexuales dominicanas, centroamericanas, colombianas, etc. Yo cumplí con lo que debía hacer. Usé mi lente favorito, el 40 que me permite acercarme mucho y era justo lo que yo quería. Había decidido que si me iba a meter lo hacía del todo y lo logré. Pero ese trabajo hizo que me surgieran varias dudas. En el fondo, desde la historia de la fotografía siempre se ha retratado a la trabajadora sexual. Empecé a preguntarme si habían trabajadoras sexuales, donde estaban los trabajadores sexuales.

Así que decidí preguntarles y ellas me presentaron a Andrés, con él entré a ese mundo que es muy diferente de la prostitución femenina. Para empezar ellos pasan casi desapercibidos, hay otro lenguaje para saber quiénes son ellos y quiénes son los clientes. Yo nunca saco la cámara al tiro, estuve mucho tiempo hablando con Andrés, intentando entrar en su mundo, y fue él y sus compañeros quienes me enseñaron a ver la Plaza de Armas. Así aprendí a reconocer a los clientes, a identificar quiénes eran y cómo se daba ese coqueteo inicial. Uno pasa por el pleno centro de Santiago y ve la mitad de las cosas que realmente están pasando ahí, es alucinante.

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Carla Yovane

¿Cómo eran estos hombres?

Me atrevo a decir que estos trabajadores sexuales son hombres en situaciones bastante precarias y muy vulnerables. Son personas que no cuentan con recursos básicos como vivienda o incluso alimentación. Y hago esta diferencia porque hoy en día con Internet y con ciertas aplicaciones hay un rango de prostitución masculina, hombres que van al gimnasio y gente que tiene más educación y para quienes quizá esta es una opción de trabajo, no la única, para ellos no se trata de sobrevivencia.

Tu retrataste tanto a los trabajadores como a los clientes. ¿Cómo eran los clientes?

Me metí en la Plaza de Armas y empecé a escuchar todas esas historias. Empiezan a surgir cosas en el camino, mi punto de partida tenía que ver con la pregunta de ¿por qué el hombre se prostituye?, ¿cuál es la historia detrás de la prostitución? Ahí empezaron a salir historias bien fuertes, de eventos trágicos que pasaron y que te hacen entender en el fondo del porqué llegaron a dónde están hoy.

Yo me paro desde una posición muy horizontal, ellos saben que yo soy psicóloga, que soy fotógrafa. Le pedí a Andrés si podía hacer un retrato en una de las habitaciones, en su lugar de trabajo, y él me llevó a un lugar cercano. Cerca de la Plaza de Armas hay muchos moteles que arriendan habitaciones por horas, yo no sabía que existían hasta ese momento. Es otro mundo el que se mueve ahí, en medio de edificios financieros. Fue ahí cuando empecé a encontrarme con sus cicatrices, a escuchar más historias y a entrar aún más en ese mundo.

Ahí fue cuando pensé que si la sexualidad es de a dos, por qué seguimos retratando solo al trabajador y la trabajadora sexual y no al cliente. Les pregunté a ellos y empecé a descubrir que tenían clientes de muchos años, que hay relaciones, no es solo la noche y el calentón. Así fue que los clientes empezaron a aceptar participar de las fotos, también porque tenían esta sensación de que no había mucho que perder y tampoco tenían nada que esconder.

Carla Yovane

¿Por qué el trabajo se llama Tiempo de vals?

Justamente hemos estado discutiendo ese título. Tiene que ver con la canción de Chayanne. En el motel al que yo iba, había una señora que se encargaba del aseo a cambio de una habitación en la que ella vivía. Ella podría ser la presidenta del club de fans de Chayanne, su habitación estaba llena, llena en todas partes de imágenes de Chayanne. Encima, no sé si era casualidad o qué, pero muchas de las veces que yo estuve ahí, sonaba esa canción. Después empecé a ponerle atención a la letra y habla de una relación afectiva y del vals. Eso me hacía pensar en el tango y los bailes entre hombres, al final yo veía que había una relación entre los clientes y los trabajadores que era como un baile.

Carla Yovane

Al principio decías que estos hombres te enseñaron a ver la Plaza de Armas. ¿Qué más te enseñaron a ver?

Una de las cosas que más me llamó la atención es lo solidarios que son entre ellos. Hay un mundo de humildad, de franqueza y de solidaridad enorme. Recuerdo haber estado en la plaza armas y si uno llegaba con un sándwich, lo primero era preguntar si los demás habían almorzado y se había uno o dos personas que no lo habían hecho, ese sándwich se dividía en 3 y no sé hablaba al respecto. Porque no saben al día siguiente si es que van a tener algo para comer o no. Algunos de ellos viven en situación de calle, entonces juntan plata para poder arrendar una habitación para pasar la noche.

También me acerqué mucho a la soledad, pero también a lo afectivo. Algunos clientes no están buscando solo el follón sino también la compañía y el afecto.

Aunque el follón también puede ser una manera de resolver eso, porque al final también es una conversación y un baile. Además la sexualidad en este caso es muy fluida.

Claro, no todos ellos se reconocen como homosexuales, algunos dicen que les gusta tener sexo con hombres y ya, pero tienen esposas e hijos. Pero sí es un mundo donde hay más fluidez, quizá porque justamente se conectan más desde el cuerpo, desde el placer y el deseo.