Entrevistas
Marcio Pimenta
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febrero 07, 2022

Karokynka: el viaje a la última tierra


El fotógrafo brasilero Marcio Pimenta dice que la fotografía lo salvó. Es economista de formación y decidió hacer un doctorado en Chile en estudios americanos. En medio de eso pasó por un momento de mucha depresión del cual logró salir gracias a la cámara. Así, decidió ser fotógrafo profesional.

Marcio ha trabajado como fotoperiodista para varios medios, aunque siempre buscando historias que le interesen personalmente. Dice que antes de iniciar cualquier proyecto dedica un buen tiempo a investigar. Durante la pandemia, como tantas otras personas, Marcio se transformó, decidió que ya no sería fotoperiodista, sino fotógrafo, sin más adjetivos. En el encierro empezó a leer y a investigar sobre la vida de Charles Darwin, en especial sus viajes por la Patagonia y Tierra del Fuego.

Así descubrió la historia de los Selk’nam, un pueblo indígena que hasta hace muy poco era considerado extinto. Junto con la antropóloga Nina Radovic Fanta desarrollaron un proyecto que tiene dos nombres: Choque de Civilizaciones o Karokynká. El último es el nombre que los Selk’nam dan a su tierra.

Para Marcio es muy importante contar esta historia. Primero, porque aunque se creían diezmados por los colonizadores, hace poco algunos sobrevivientes Selk’nam descubrieron su origen y están luchando por su reconocimiento; segundo, porque Chile es un país profundamente racista que niega y ha borrado su pasado y su presente indígena; finalmente, porque en América Latina hay un imaginario que ubica a las poblaciones indígenas en unos territorios específicos, simplificando y borrando experiencias. Es decir, porque esta es una historia que debe conocerse.

¿Cómo llegaste a interesarte por la historia de los Selk’nam?

Cuando empezó la pandemia y las cuarentenas, aquí en casa lo tomamos muy en serio y nos encerramos. Me dedicaba a comprar libros por internet y ocupar mi tiempo leyendo. Decidí que quería estudiar sobre Charles Darwin y descubrí sus viajes por el sur. Quedé fascinado con los relatos sobre los encuentros con los indígenas en la Patagonia y en Tierra de Fuego, y empecé a investigar sobre esos indígenas, aprendí sobre los Yaganis, los Selk’nam y los Mapuche.

Aquí en Brasil tenemos el foco puesto sobre los indígenas de la Amazonía y todos se interesan por ese tema. Pensé que era necesario dar a conocer la situación de los indígenas de la Patagonia, me parece que esa zona y su gente merece atención.

En América del Sur hay un imaginario alrededor de los pueblos indígenas que los ubica geográficamente. Por fuera de ese imaginario asociado a lugares específicos es como si no hubiera más.

Exactamente. Y por eso quiero continuar este proyecto fotografiando más familias de esos pueblos buscando un puente entre la investigación científica y la investigación fotográfica. Hacer eso es importante porque creo que si Chile tiene más vivo su pasado y su presente indígena, puede luchar mejor contra el racismo.

En la publicación que hiciste dices que trabajaste con sobrevivientes, ¿cómo fue eso?

Empecé a indagar cómo se distribuían estos grupos en la Patagonia y Tierra de Fuego y la historia que más llamó mi atención fue la de los Selk’nam porque en los libros de historia ellos aparecen como extintos. Incluso Chile no reconoce que existen indígenas Selk’nam. Mi investigación me llevó a la Corporación Selk’nam, así pude localizarlos. Trabajé con la antropóloga Nina Radovic Fanta, que vive en Patagonia, e hicimos una serie de entrevistas. La mayoría fueron online, porque las fronteras estaban cerradas. Conseguí apoyo del Pulitzer Center y en cuánto abrieron fronteras y obtuve la autorización de los Selk’nam viajé.

Cuando nos encontramos, algunos de ellos visitaban por primera vez Tierra del Fuego. Crecieron pensando que eran Mapuches, Yaganis, no sabían quiénes eran, a algunos les tomó 30 años descubrirlo. Eso es fascinante, porque los historiadores intentaron borrarlos de los registros. Anne Chapman, por ejemplo, que escribió mucho sobre los Selk’nam termina su libro diciendo que se habían extinguido.

Actualmente, ¿dónde viven ellos?

Viven en varios lugares, principalmente en Santiago de Chile, otros en Estados Unidos, otros en Arica. Prácticamente ninguno vive en Tierra del Fuego. Ellos fueron expulsados por los colonizadores y no consiguieron regresar sino hasta ahora. Algunos planean volver a vivir allá después de lograr que el estado chileno los reconozca como indígenas Selk’nam. Ese es un proceso lento, principalmente, porque Chile está enfrentando cambios drásticos en su constitución además de tener un nuevo presidente llegando.

Además, Chile es un país bastante racista. Yo viví cinco años allá y aprendí mucho sobre racismo.

Hay un momento en el texto en que Héctor y José dicen que están aprendiendo a ser Selk’nam, ¿cómo es eso?

Los ancestros de ellos encontraron una forma de sobrevivir al genocidio ocultando su cultura, no dejando registros escritos, no enseñando su lengua a los niños. Se integraron a la comunidad chilena, para sobrevivir. Y quedó muy poco, solamente algunos objetos que yo fotografié. Cuando ellos dicen que están aprendiendo a ser Selk’nam quieren decir que están estudiando sobre sus orígenes. Entonces, tienen que aprender un poco sobre su propia lengua, que algunos lograron salvar, tienen que conocer Tierra del Fuego. De hecho fue difícil de fotografìar, porque lo que ellos tienen es un imaginario.

¿Sabes cómo fue ese proceso de autoreconocimiento?

Héctor me contó que llevaban mucho tiempo investigando en los archivos de la isla Dawson, el lugar al que los misioneros salesianos llevaban a los indígenas. Una madrugada, después de mucho buscar, cambió una página y encontró el nombre de su abuelo. Dice que casi tuvo un ataque cardíaco y no podía parar de llorar. Él pensaba que era Yagane o Mapuche, pero nunca tuvo nada que respaldara su identidad.

Después de treinta años descubrió que era Selk’nam y eso fue un gran choque porque se suponía que estaban extintos.

En tus fotos hay muchas ovejas. Con la colonización además de personas, llegaron a América muchas plantas y animales.

Las ovejas fueron el gran motivo del conflicto. Por ejemplo, cuando Charles Darwin y otros exploradores pasaron por el lugar no hubo ningún tipo de violencia entre ellos y los pobladores originarios, porque los exploradores estaban de paso. Sí hubo muertes por contagios de enfermedades. Cuando llegan los colonos, tampoco hay conflicto, hasta que llegan las ovejas y los caballos.

Lo que sucedió es que para criar estos animales se necesitaba mucho espacio y empezaron a expandirse. Los Selk’nam vivían como nómadas dentro de la misma región del lado norte de Tierra del Fuego. A medida que empezaron a toparse con las cercas, se dieron cuenta de que era más fácil matar una oveja que matar a un guanaco, entonces, la comida empezó a abundar. Los hacendados no iban a permitir que cazaran a sus ovejas. Ahí comienza el gran choque: los colonos contratan cazadores para atrapar y matar a los selk’nam.

Ayahuasca Musuk