Guillermo Luna

Maneras de fotografiar a los periodistas asesinados en México

por Félix Márquez

México

Después de tomar fotos en el velorio de colegas y amigos, el fotorreportero mexicano Félix Marquez sintió que eso no podía ser el final. Supo que faltaba –al menos– un capítulo del duelo. Un día, el hijo de Moisés Sánchez, un periodista asesinado en Veracruz, le contó que todavía conservaba el altoparlante que usaba su papá para contar noticias por su pueblo. A Félix se le ocurrió una idea: fotografiaría a los periodistas víctimas de la mal llamada “guerra contra las drogas” a través de los objetos que dejaron, como un rosario, una credencial o una cámara antigua. Así nació Vestigios.

En el medio, Félix tuvo que abandonar Veracruz. “Aquí siempre se dice que tú puedes ser el siguiente asesinado”, cuenta. Pasó un tiempo en Chile, en donde pudo trabajar otro tipo de historias y, según dice, “sacudir eso de la objetividad o neutralidad que enseñan en las escuelas de periodismo”. Luego, cuando el exgobernador de Veracruz Javier Duarte fue detenido, pudo volver a su tierra.

En su memoria hay una idea que se le aparece todo el tiempo: nunca pensó que iba a terminar haciendo lo que hace. No era su plan. De joven le gustaba la fotografía, tomaba imágenes de conciertos y recitales. Pero la violencia se impuso. Según Reporteros sin fronteras, en 2020 México volvió a ranquear como el país más peligroso del mundo para el ejercicio del periodismo.   

Gabriel Huge
Gabriel Huge

¿Cómo fue que empezaste a fotografiar la violencia?

A través de la experiencia personal. Estaba en la Universidad estudiando periodismo, alrededor de 2009, cuando empezamos a registrar un índice de violencia altísimo en el estado de Veracruz y en México, en el marco de lo que se llamó “la guerra contra el narcotráfico”, emprendida por Felipe Calderón.

Nosotros veníamos de cubrir otro tipo de historias, algunos compañeros venían de cubrir cosas sociales, sobre todo desigualdad. Yo era muy joven y lo que hacía era fotografiar conciertos, como hobby. Me gustaba la foto, cubría conciertos. Para 2009 nos estalló la guerra en la cara. La violencia llegaba a la puerta de la escuela, con amenazas de bomba o enfrentamientos armados, ejecuciones frente de mi casa. No podía voltear a otro lado porque la situación estaba frente a mí.

Por eso yo digo que nos convertimos en fotógrafos de guerra sin quererlo. Nunca me imaginé que, iniciando mi carrera, tuviera que cubrir esa violencia y ver esta crueldad, tan real. Era algo que me impresionaba y me sigue impresionando. La crueldad de los hechos me ha impactado muchísimo. Se compara con países que están en conflictos armados.  

Goyo Jiménez
Goyo Jiménez

¿Cómo se hace para encontrar otro punto de vista desde el que contar la violencia?

Fue muy complicado, vivimos en un país donde el periódico que más muertos trae es el que más se vende. Las fotos que veía de pequeño eran imágenes muy sangrientas, muy cruentas. Me tuve que ir reinventando para ser un poco más sutil con las imágenes que manejaba: trataba llevar un trípode para poder tomar otra imagen o enfocarme en los detalles.

Trataba de contrarrestar un poco la fotografía de los diarios en México, los diarios de nota roja. Pero fue difícil. Al principio yo también hacía esas cosas. Al irme pensaba en lo que estaba haciendo y al llegar a casa a veces no podía editar las fotografías porque verlas era un shock muy fuerte. Empecé a trabajar desde otro lado, poniéndome en el lugar de otras personas, pensando que no me gustaría ver a un familiar de esa manera. Me costó bastante tiempo entender y formarme en ese pensamiento.  

Guillermo Luna
Guillermo Luna

¿Recuerdas la primera cobertura que hiciste de este tema?

Me acuerdo de la que no hice. En Veracruz dos carteles de la droga se estaban disputando el lugar. Un día hubo una escena horrible: dejaron 35 cuerpos apilados en la zona turística de la ciudad Boca del Río enfrente de hoteles, a la vista de todos, al mediodía.

Para ese momento habían asesinado a tres colegas. Justo acababan de suceder esos asesinatos y con un grupo decidimos no cubrir: no sabíamos a quién beneficiaban nuestras fotografías. Decidimos no cubrirlos porque nos exponía. Yo trabajaba para una agencia de noticias. Varios colegas estuvieron a punto de perder su trabajo de corresponsales de medios nacionales por no ir a hacer esas fotografías.

Era una fotografía que no se veía ni en la guerra: abajo de un distribuidor vial, a unos metros estaba la playa, enfrente, un centro comercial muy grande. De dos camionetas lanzaron 35 cadáveres. Esa fue una imagen que no registré pero que siempre tengo en la mente y que me impacta mucho, incluso más que si la hubiera hecho.

Después de los regaños de las agencias por no estar ahí, salimos a buscar resguardo policial, fotos de policías, de militares, la suerte del fotoperiodista de estar en el lugar. En ese momento abrieron la puerta de la morgue y me encontré que en el piso estaban los cuerpos tapados. Había sido rebasado el instituto de medicina forense. No llegué al lugar exacto, teníamos mucho miedo. Fue un acto de autocensura. Siempre digo que la autocensura ha salvado a muchos colegas de la muerte. Hay mucho estigma en torno a la autocensura. Los grandes puristas lo plantean como algo imposible, que no se debe hacer. Pero en un lugar como México, el lugar más peligroso del mundo para hacer periodismo, a veces te salva. Es que, a veces, hay que esperar para seguir contando.  

Guillermo Luna
Miloy Misa

¿Cómo pensaste la estructura del libro Testigo de la violencia?

La primera parte habla sobre la violencia que no vemos, la que está incrustada en algunas zonas urbanas, o zonas rurales de la montaña de Veracruz, como es la falta de acceso a salud, a educación, de trabajo. No voy a mentir: muchas de esas personas han incursionado en actos delictivos, narcotráfico, por la falta de oportunidades y porque el narco ofrece mejores prestaciones a la gente que trabaja.

El segundo capítulo es la “Batalla por Veracruz”: registro la violencia pura y cruda que vivíamos en esos años, donde los enfrentamientos eran todos los días, con ocho ejecuciones por día. Veracruz es un territorio bastante propicio para la delincuencia y la política. Se caracteriza por ser uno de los principales focos para los candidatos, porque hay muchos votos: los priistas la llaman la joya de la corona. Para la delincuencia tenemos uno de los puertos más importantes de México donde llegan muchos precursores químicos, tenemos un corredor migratorio bastante importante donde los migrantes son secuestrados para trata, para trabajo, para explotación o simplemente para cobrarles cuota para seguir adelante. Veracruz es muy importante, por eso la batalla por el lugar era increíble.

Pero yo no quería que la propuesta paralizara a quien lo estuviera viendo, por eso la tercera parte del libro es un llamado a la organización de la gente, de la sociedad. Vemos a los grupos de autodefensa que operan en distintas zonas para organizarse con la sociedad para cuidar sus territorios, las mamás de desaparecidos que buscan a sus hijos rascando la tierra, metiendo una varilla para ver si hay restos de humanos enterrados.

Tenemos muchos récords: tenemos la fosa más grande de América Latina, Colinas de Santa Fe. Allí han encontrado 300 cráneos y más de 20 mil restos óseos. Fueron encontrados por las mamás buscadoras. Cierro el libro con una foto de Gaby, hija de un policía desaparecido mirándonos, retándonos: ahora ustedes también son testigos, pasemos a la acción, no nos quedemos mirando. 

Miloy Misa
Miloy Misa

Otro de tus grandes proyectos es el libro Vestigios

Ese es un proyecto personal que me lleva a la instrospección, a la investigación con las familias, a sentarme en la mesa con ellos, platicar. Son objetos de periodistas compañeros míos, asesinados en el estado de Veracruz. Surgió en 2015 durante una entrevista con Jorge Sanchez, el hijo de Moisés Cerezos, un periodista asesinado hace 5 años. Él me platicaba de una bocina que tenía su papá en su casa, en Medellín de Bravo. Él colocaba la bocina encima de un taxi o en su casa y leía las noticias.

La misión de Moisés Sánchez era contar, era un periodista activista que lo único quería era mejorar las condiciones de vida de su entorno. Con el dinero que ganaba del taxi lo que hacía era imprimir una especie de periódico que fotocopiaba y regalaba. Con la tecnología pudo hacerlo en computadora. Era una especie de semanario, y él, mientras lo regalaba en el mercado o en la tienda, iba leyendo las noticias en voz alta con esa bocina. Yo fotografié esa bocina como la esencia de quién era Moisés. Ahí en ese objeto, se representaba todo lo que él quería, sus ideales.

Empecé entonces a buscar objetos de colegas míos que fueron asesinados. Por ejemplo, hay uno que me demuestra mucho quién era Guillermo Luna, un joven que tenía mi edad en ese entonces: andábamos rondando los veintitantos. A él le encantaba el reggaetón, siempre usaba unas gafas de sol muy coloridas, un escapulario, playeras de fútbol. Fotografié estos objetos y también la credencial de Guillermo que tenía mucho tiempo guardada. Ya sabes, cuando se pega el plástico con el papel entonces hace efectos medio extraños. Se logra ver su cara y es la cara de un niño, de un joven que fue asesinado por trabajar.

Platicando con la familia de Guillermo conocí estas historias. El rosario al que le tomé una fotografía era algo que le había dado su mamá para que lo cuidara en su trabajo. Son cosas que se pueden hablar abriendo la caja. Con Vestigios, salió. Fue una especie de catarsis, para ellos y para mí, de cerrar círculos.

La última vez que trabajé al lado de mis compañeros fue retratando su funeral y nunca más los vi, nunca más entablé comunicación y esto es algo que me pesaba mucho como reportero gráfico, pues tienes que estar en el lugar, tienes que fotografiar eso, tenía ese pesar. Ahora quiero rendirles un tributo.  

Moisés Sánchez
Moisés Sánchez

¿Adoptaste algún método para capturar a estos objetos?

Trato de que los objetos estén cómo me los entregan, la idea es un poco mostrar cómo estaban: si tiene polvo, óxido o están rotos, no los limpio, no los modifico, trato de que estén exactamente igual. Es un acercamiento a la fotografía forense. Vi mucha fotografía forense en internet, de ahí empecé a estudiar un poco de manera empírica para poder hacer este trabajo. Además de objetos, fotografío archivo, familiar o de trabajo, imágenes en las que se los ve trabajando en campo, haciendo entrevistas, por ejemplo. 

Moisés Sánchez
Yolanda Ordaz

¿Es un trabajo terminado o todavía está en proceso?

Estoy tratando de hacer una segunda parte, con objetos de Rubén Espinosa. Hasta el momento, no he podido fotografiarlo, emocionalmente no he podido hacerlo, pero quiero hacerlo. Tal vez explorar los objetos de periodista de otras partes de México. Rubén era mi amigo, fue asesinado de manera brutal en Ciudad de México cuando él huyó para allá junto con cuatro chicas. Y es complicado para mí enfrentarme a eso, es bastante difícil de por sí.

Hay cosas que me han pasado fotografiando esta primera parte que a veces me detiene. Por ejemplo, la gorra de Yolanda Ordaz, una periodista que fue decapitada. Su gorra permanecía en una caja de regalo. Me la dio su hija. Cuando estaba fotografiando destapé la caja y el olor de Yolanda estaba ahí. Eso me hizo parar. Con Rubén, todavía no me atrevo.    

Yolanda Ordaz
Yolanda Ordaz

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