Entrevistas
Diego Argote
Chile -
diciembre 01, 2023

“Somos más que un virus”

Una conversación con Diego Argote sobre su obra “Yo, Fulminada”

Por María Rivas

En los rincones periféricos de Santiago, Chile, nace la exploración de Diego Argote, fotógrafe y artista visual seropositive, que en sus obras plantea como punto de partida una cavilación crítica, política, memorística y afectiva tanto de biografías como de la autobiografía.

Su proceso creativo se inscribe en la fotografía, escultura, instalación y video con el objetivo de indagar aproximaciones y discrepancias con la otredad.

Según elle, su esencia se ha tejido en las texturas de su infancia, entre los aromas de pinturas y los misteriosos encantos de cajas de zapatos llenas de recuerdos visuales de su familia.

En una charla íntima, Diego nos comparte sus primeras referencias visuales arraigadas en la casa de sus tías y su abuela, un lugar donde el arte se manifestaba en cada espacio, desde los pinceles hasta las fotografías cautivadoras.

El amor por la fotografía se entrelaza con las memorias de su abuela, una narrativa que se sumerge en la magia de los rollos fotográficos, la búsqueda de la luz perfecta y la instrucción precisa para capturar momentos irrepetibles. En este entorno, Diego descubre la chispa que enciende su deseo de convertirse en artista, una llama que arde hasta hoy, guiándole en medio de los tiempos convulsos a raíz de un diagnóstico de VIH positivo.

Ayahuasca Musuk

“Yo, Fulminada”, cortesía de Diego Argote

Sin embargo, la influencia de Argote no se limita a su entorno familiar. En el vibrante panorama artístico queer de Chile, encuentra inspiración en figuras como Victor Hugo Robles (“el Che de los gays”, según él), Carlos Leppe, Las Yeguas del Apocalipsis, Gabriela Mistral y contemporáneos como Seba Calfuqueo. Para Diego, la amistad y la sororidad se entrelazan, aprendiendo e inspirando a través de conexiones cercanas como la de Juvenal Barría, Iván Monalisa Ojeda, Guillermo Moscoso y muchas otras voces que dan forma a su universo creativo.

Sus obras, llenas de elementos políticos, de género y estéticos, se resisten a la linealidad, desafiando las normas preestablecidas y las homonormas.

A medida que exploramos el mundo artístico de Diego Argote, nos adentramos en un viaje que va más allá de las formas convencionales, abrazando la complejidad de la identidad y desafiando las limitaciones impuestas. En cada muestra de su obra, Diego nos invita a cuestionar, a sentir y a celebrar la diversidad que late en el corazón de sus procesos creativos.

Esto fue lo que nos dijo:

Cuéntame un poco sobre ti. ¿Por qué decidiste ser artista? ¿Cómo fue tu primer encuentro con la fotografía y con el arte?

Soy Diego Argote, vivo en Pudahuel, comuna periférica de Santiago, Chile. Siempre habité las artes desde niñe, en casa de mis tías y mi abuela. Mi abuela siempre tuvo dibujos, recortes y fotografías en su casa y en cajas de zapatos que me seducían cada vez que la visitaba. Eran objetos increíbles llenos de cosas curiosas que ella realizaba. En casa de mis tías el olor a pintura me fascinaba. Los diversos pinceles y esas telas en madera me envolvían de emoción y creo que en esos dos lugares que habitaba de niñe surgía la necesidad o la idea de copiar lo que ellas hacían.

Con mi abuela siempre me abrí más a experimentar, descubrir, curiosear. Quería ser artista como ella.

El encuentro con la fotografía también es como te mencioné, en mi infancia. A veces suena como cliché cuando una comenta, pero la verdad es que así se dio todo. Las fotografías en las cajas de zapatos de mi abuela, ver a mi abuela comprando rollos fotográficos para su pequeñita cámara negra, acompañarla a buscar las fotos, ver cómo fotografiaba, escucharla decir “muévete para acá, más atrás, más adelante, mírame, ahí es la luz”. Me cautiva siempre que lo pienso, mi abuela tan enamorada de las imágenes, me transmitió ese ardor. Es allí que decidí ser artista, es algo que hasta hoy me agita, y creo que sin esto no podría avanzar en estos tiempos convulsos.

Ayahuasca Musuk

“Yo, Fulminada”, cortesía de Diego Argote

En varias de tus obras se pueden ver elementos políticos, de género, estéticos también. ¿Cómo podrías definir tu arte?

Que difícil responder y definir esto. Mi trabajo no es lineal, tampoco es heterosexual. Es desobediente que batalla contra violencias e incluso con las homonormas. A veces dialogo con amigas y pensamos en una definición colectiva que se torna particular al mismo tiempo: sentirse “barroca”, es decir pesimista, dramática, expresiva, patética, sufriente, irregular, vomitiva, desigual, monstruosa, loca muy loca.

¿Crees que el arte es una especie también de “catarsis” para sacar emociones o posturas políticas? ¿De qué manera?

Cuando trabajo, no busco sanar ni pretendo la paz. Creo que las artes me han ayudado a sobrellevar los golpes sistemáticos que he vivido de niñe y que aún atormentan mi interior. Asimismo, me da fortaleza y confianza para enfrentar estas heridas actuales siendo joven-adulta. La gente suele burlarse de la tristeza o criticarla gratuitamente, increpan con castigos. Pero, la verdad nadie debería burlarse de esto. La pena es política, y de allí me afirmo, reafirmo, inscribo, construyo y protesto contra todas las violencias.

Eres fotógrafe, pero en tus obras utilizas otros medios como el video, o la escultura. Tus obras pertenecen a diferentes plataformas y se convierten en una especie de híbridos artísticos. ¿Por qué utilizar más de un medio para mostrar algo?

Siempre he pensado y resonado la palabra desmarcar, salirse del marco, distanciarse. Y eso es lo que hago, salirme del cuadro fotográfico, cruzar su impresión enmarcada que se instala en una superficie comúnmente blanca, un muro. Busco otra corporalidad visual, otros deseos, otra voz, otros sonidos, dejar la verticalidad y horizontalidad para devenir oblicua. Prefiero desobedecer las normas estáticas y estéticas que generalmente la fotografía designa u obliga. Amo la fotografía, pero no es mi único medio para dialogar con la otredad, prefiero experimentar, usando mi corporalidad en conjunto con otras materialidades en zonas de enunciación, tristeza y denuncia. Me movilizan.

Hablemos ahora de “Yo, Fulminada”. Te describes en varias entrevistas de antemano como un artista seropositive y esta obra ahonda sobre este tema. ¿Cómo quisiste abordar esta obra que puede ser incluso autobiográfica?

Cuando hablo de ser artista seropositive, es situarme con fortaleza y resistencia en este mundo que habito; gracias a la voz política, marika-trans-lesbica-disidente de todes les compañeres que han luchado históricamente en las sociedades. Nací en un país llamado Chile, un territorio castigador, con miedo y sin memoria y yo no quiero tener miedo, ni sentir castigos, menos culpa. Me levanto sin miedo, grito sin miedo, me muestro seropositivamente sin miedo, tengo memoria, con mis amores (amigxs) tenemos memoria.

Nombrándome seropositive, es visibilizar lo que aún es una problemática para muchas personas, aún persiste la odiosidad con las cuerpas diversas y más aún si somos abiertamente un virus caminante. Yo me empodero de esto y lo menciono abiertamente. Al mismo tiempo me permito e invito a que todes, dentro de sus propias decisiones, vivan abiertamente la seropositividad, sin aprensión. Son tiempos complejos y necesitamos seguir luchando en colectividad y en particular. El odio de algunas personas que intentan desaparecer nuestras corporalidades y memorias no pueden atormentarnos, ni sofocarnos, ni destrozarnos, somos más. No me sitúo en el silencio.

Ayahuasca Musuk

“Yo, Fulminada”, cortesía de Diego Argote

 

Y es por eso que, nace “Yo, Fulminada”. Algo fulminante es algo que ha sido destruido/destrozado/herido, como un disparo a alguien o un rayo que rompe un árbol de manera rápida. Cuando comento no situarme en el silencio es justamente no quedarme callada, y esto es justamente por un momento complejo que viví, una violencia médica que tuve que aguantar en la sala médica, porque también una es vulnerable y justo ese día de exámenes no lo estaba pasaba bien emocionalmente.

Que un médico homosexual de una fundación te diga gratuitamente: “te morirás de un infarto cerebro cardiovascular por ser gorda y positiva”, ese escupo verbal en mi cara, desata en mí una frustración y rabia y, asimismo, un dolor punzante que fragiliza mi identidad. Ese día escapé, terminé en urgencias por que se me inflamó una parte del tórax y no podía respirar junto a una cefalea brutal que me invadía debido a que me hice una punción lumbar, ya que, debían descartar si tenía alguna problemática en el líquido cefalorraquídeo. Y como nunca hay justicia, escandalicé todo y de la mejor manera. Rebelarse contra la violencia, fue trabajar visualmente este dolor y de manera autobiográfica que al mismo tiempo se tornó biográfica porque hizo sentido a otras violencias de otras personas que observaron este trabajo o incluso a diálogos que sostuve con personas cercanas y pacientes de hospitales.

¿Cómo decidiste expresar ese proceso en tu obra?

En esta obra trabajé con radiografías de corporalidades muertas y dos archivos radiográficos particulares de rostro y tórax más otras placas de cuerpos que fueron parte de este proceso junto a miradas superpuestas con archivos serológicos de evaluación y solicitudes de exámenes. A esto sumé un dibujo de mi primera hija felina que tuve; a quien le conté por primera vez de mis procesos de vivir con VIH a través de una carta, más, una carta a mi madre con una foto de nosotras (yo de niñe y ella de joven), hablando un poco de lo difícil que ha sido dialogar con ella este tema y por último una carta con una foto enmohecida por el tiempo.

Ayahuasca Musuk

“Yo, Fulminada”, cortesía de Diego Argote

 

Finalicé y complementé con un video del cual hablo (voz y texto) de la violencia médica y la importancia de la fortaleza y el amor hacia les amores (amigxs) como procesos de escucha, resistencia y lucha que se representan en una escena histórica de chile, como la Marcha Candlelight de Santiago de Chile de mayo de 1996, que han sido importantes y concurridas bajo un escenario de lucha política y callejera.

Ha sido un proceso intenso, íntimo y colectivo abordar este tema que aún en estos tiempos contemporáneos siguen siendo temas de rechazo y miedo, dejando en evidencia que se debe trabajar con más fuerza contra la ausencia de políticas públicas de salud y por educación sexual tan necesaria, y que, no hace mucho, hubiéramos podido conseguir y trabajar con educación sexual si no hubiera sido por la decisión nefasta de votar rechazo por una nueva constitución chilena. Ahí hubiésemos podido crecer…Chile, un país mezquino y cínico.

Pero bueno, esta obra me ha permitido seguir viviendo y luchando con VIH/sida en el mundo, nunca sola, y es uno de los tantos sismos que me han acercado a otras personas para entablar diálogos profundos, urgentes y necesarios para seguir avanzando.

Cuéntame más sobre esto. En el discurso que sale en tu video de “Yo Fulminada”, hablas de tu país y de las personas que son seropositivas allí. ¿Cómo crees que es la percepción de estas personas en tu país? ¿Se ha transformado el estereotipo de los años 80 y 90 a hoy en día? ¿Cómo combatir esas percepciones?

Chile es complejo, más en estos tiempos, no sé bien qué pensar hoy en las decisiones o reflexiones que el pueblo ha tomado para su futuro. Hace poco estábamos en una revuelta social importante, desobediente, quejosa, políticamente maravillosa.

En las calles nosotres les seropositives exigíamos más derechos y menos violencia sero-odiante, al igual que muchas otras importantes demandas de un pueblo con rabia. ¿Pero qué pasó? Todo quedó en nada, se disolvió todo propósito. Comenzaron las quejas de políticos horrorosos, personas sin memoria, campañas del terror, falsedades a destajo y como siempre la televisión haciendo de las suyas: cegar, engañar, adormecer.

La gente creyó. Se votó rechazo que violentó el deseo de muchas personas, la de nosotres, dejando una herida históricamente brutal. Había una oportunidad y se esfumó. Lo que más duele es ver cómo el pueblo sin memoria, se olvidó de la gente mutilada, humillada, asesinada.

Algunas de estas personas se suicidaron.

Chile se volvió egoísta y hoy, solo hablan del miedo y de anhelos por milicos en la calle. Esto me abruma. Latinoamérica patas pa´arriba. Se está respirando un retroceso abismal, y aún se tacha a personas seropositivas como asquerosas, inmorales, pecadoras, etc.

Hace poco unos evangélicos en la calle hablaban de Sida, que dios castiga al sidoso por pecador, por hereje, por no creer en la familia, por no engendrar, etc. Evangélicos hoy en estos tiempos, ¿puedes creerlo? O un joven chofer que le respondía a su radio mientras escuchaba un debate político en un podcast cualquiera mientras yo iba sentada atrás en silencio. El debate era sobre derechos sexuales y feminismos, mujeres seropositivas. El joven decía que ellas se lo buscaban porque eran sucias y feminazis y que se contagian por weonas inmorales. El término “contagio” es horroroso, no debiera usarse, sino más bien “transmisión”, pero bueno, el contexto era horroroso. Intenté refutar, reclamar, pero el personaje se puso denso. Evité violencia, me bajé enojada.

Es decir, estos tiempos contemporáneos son tensos y creo que estamos habitando una neblina espesa y peligrosa. No nací en los 80 pero si en los 90 y creo que la violencia sigue morando, y, se sigue pensando que VIH es sida y que es sinónimo de muerte.

Hoy existen medicamentos que nos prolongan la vida, y se debe enseñar con urgencias las diferencias entre VIH y sida, pero y ¿la agresión, la discriminación? O los países en donde ser disidente y seropositive se castiga con la muerte. Incluso pienso en la falta de medicación. No estoy segura hacia donde vamos, pero quienes nos vislumbramos con orgullo con nuestra forma de ser y devenir debemos seguir luchando. Nadie tiene el derecho de opacarnos y callar nuestra existencia y, como leí alguna vez en un baño hermoso y periférico de Santiago: somos más que un virus.

Utilizar el “yo” en tus obras también es algo recurrente. ¿Crees que el arte también es una forma de autoexploración? ¿De qué forma?

Las artes en sí son exploraciones, investigaciones, procesos de aprendizaje, diálogos, discrepancias, explosiones diversas, etc. Cuando pienso en este “yo” no lo abordo como algo particular sino más bien lo abordo o reflexiono su multiplicidad, ya que no es solo mi dolor o mi queja. Es algo en donde muchas personas que evidencian estos procesos-resultados se sitúan o forman parte de aquello.

Ayahuasca Musuk

“Yo, Fulminada”, cortesía de Diego Argote

En este punto es donde florecen encuentros necesarios de escucha y conversación y se pueden entablar deseos, anhelos y metodologías de enseñanza y enfrentamiento cuando se es debido contra los sistemas de represión, ninguneo y desprecio.

“Yo, Fulminada” está ligada a otra obra tuya: “Yo, Híbrido”. ¿En qué se relacionan?

Entender este “yo” no es particular sino más bien “yoes” como plural. “Yo, Híbrido” nace por los dolores de infancia, la violencia en la escuela, un padre castigador, el descubrirse y desearse no como hombre ni como mujer, ser otre.

De allí surge el concepto de maleza como resistencia e insistencia. Las malezas siempre son rechazadas, las cortan, las botan o las queman. Pero estas siempre vuelven aparecer, son desobedientes y obstinadas, se resisten y así me he sentido desde niñe hasta hoy.

Me escondí detrás de estas malezas, como un refugio, y devine una y entendí a otres. Es un trabajo fotográfico, escritural y de video. Allí las malezas son protagonistas y que, en un momento cúlmine e inicial, surge la transmisión viral al organismo y se refleja en una fotografía radiográfica en donde mis pulmones se superponen a una maleza, una carda como incisión entretejiéndose con “Yo, Fulminada” como acción de denuncia.

Es decir, ambas obras se cruzan como puentes visuales, reflexivos, resistencia política y emocionales en momentos críticos de una autobiografía colectivizada.